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La conquista portuguesa de Ormuz en el siglo XVI

El estrecho de Ormuz está de moda por el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Hablamos de la conquista portuguesa de Ormuz.

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  • Francisco María
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Durante buena parte del siglo XVI, Portugal consiguió algo que hoy puede parecer casi imposible para un reino relativamente pequeño: controlar algunos de los puntos más estratégicos del comercio marítimo mundial. Y entre todos ellos, Ormuz ocupaba un lugar especial. No era la ciudad más grande de Asia ni el puerto más poblado del Índico, pero sí uno de esos sitios donde pasaba dinero constantemente. Mercancías, impuestos, rutas comerciales, alianzas políticas. Todo terminaba cruzando aquel estrecho.

Expansión portuguesa

Los portugueses lo entendieron muy rápido cuando llegaron al océano Índico.
De hecho, ahí está una de las claves para entender la expansión portuguesa en Asia. Mucha gente imagina conquistas territoriales enormes, parecidas a las que luego harían otros imperios europeos, pero Portugal jugaba a otra cosa. Su estrategia consistía en controlar el mar. Las rutas. Los puertos que funcionaban como llaves comerciales. Y Ormuz era exactamente eso: una llave.

La llegada portuguesa al Índico había empezado unos años antes, a finales del siglo XV, cuando Vasco da Gama consiguió alcanzar la India rodeando África. Aquel viaje cambió bastante más que las rutas de navegación europeas. Alteró el equilibrio comercial entre Europa y Asia porque abrió una conexión marítima directa con el comercio oriental, sin depender de intermediarios mediterráneos o de las antiguas rutas terrestres.

Portugal vio una oportunidad gigantesca y también un negocio brutal. Las especias movían cantidades enormes de dinero en Europa. Pimienta, clavo, canela, nuez moscada… productos relativamente pequeños, fáciles de transportar y capaces de multiplicar su valor varias veces antes de llegar a los mercados europeos. Controlar esas rutas podía convertir a una monarquía atlántica en una potencia internacional. Eso intentaron.

Diseño de rutas y estrategias

Pero navegar hasta India no bastaba. Había que asegurar el camino. Por eso, durante las primeras décadas del siglo XVI, los portugueses empezaron a instalarse en puntos estratégicos repartidos por el Índico. Algunos mediante acuerdos comerciales. Otros directamente usando fuerza militar. Goa, Malaca, Socotra, la costa oriental africana… poco a poco fueron creando una red marítima armada que conectaba el Atlántico con Asia.

En medio de todo aquello aparecía Ormuz. Un estrecho que conectaba, y sigue conectando, el golfo Pérsico y el océano Índico. Todos los barcos que quieran entrar o salir en la zona tienen que pasar por el estrecho. Y hablamos de una zona que llevaba siglos generando comercio intensísimo entre Persia, Arabia, India y África oriental.

Portugal no pretendía destruir aquel comercio. Quería controlarlo. Cobrar impuestos, vigilar el tráfico marítimo. Decidir quién podía navegar y quién no.

Albuquerque

La figura clave en esa operación fue Afonso de Albuquerque, probablemente el estratega más importante de la expansión portuguesa en Asia. Albuquerque tenía una visión bastante agresiva, pero también muy práctica. Creía que Portugal no podía limitarse a enviar barcos comerciales desde Lisboa hasta India y esperar beneficios. Había que construir posiciones permanentes, fortificadas y bien armadas.

Puertos capaces de sostener flotas. En 1507 dirigió una expedición hacia Ormuz. La campaña no fue precisamente sencilla. Hubo tensiones entre los propios mandos portugueses, problemas logísticos y resistencia local. A veces las narraciones más simplificadas hacen parecer que Portugal conquistó media Asia sin demasiadas dificultades, pero la realidad era bastante más caótica. Mantener barcos durante meses, alimentar tripulaciones y operar tan lejos de Europa generaba complicaciones constantes.

Aun así, Albuquerque consiguió imponer la presencia portuguesa en la isla.
Y lo hizo utilizando una mezcla bastante típica de la época: demostración militar, amenazas navales y acuerdos políticos forzados. El gobernante local terminó aceptando la influencia portuguesa, aunque aquello estaba lejos de ser una relación equilibrada.

Una especie de imperio flotante

Lo que vemos explica por qué lugares aparentemente pequeños tenían tanta importancia. Perder uno de esos puntos podía afectar a todo el sistema comercial. Quien navegaba sin autorización podía ser interceptado, o atacado directamente.

Aquello alteró bastante el funcionamiento tradicional del comercio regional. Durante siglos, el océano Índico había sido un espacio relativamente abierto donde comerciantes árabes, persas, indios y africanos operaban mediante redes flexibles y acuerdos locales. Portugal intentó sustituir parte de ese sistema por un modelo basado en control militar marítimo. Naturalmente, eso generó tensiones.

Hubo resistencia local, piratería, conflictos diplomáticos. Y también rivalidades mayores, especialmente con el Imperio otomano, que veía el crecimiento portugués en la región como una amenaza directa para sus intereses comerciales y políticos.

El golfo Pérsico empezó a militarizarse más

Y Ormuz quedó en medio de ese escenario. Aun así, durante décadas Portugal mantuvo una posición muy sólida allí. La combinación de fortificaciones, artillería naval y control de rutas comerciales le permitió conservar influencia sobre el estrecho durante buena parte del siglo XVI.

A comienzos del siglo XVII, Persia también empezó a reaccionar con más contundencia contra la presencia portuguesa. El sha Abbas I quería recuperar el control directo de la región y reducir la influencia extranjera en el estrecho.
Finalmente, en 1622, una alianza entre fuerzas persas y barcos ingleses consiguió expulsar a los portugueses de Ormuz. Fue un golpe enorme para el imperio luso en el golfo Pérsico y una señal bastante clara de que el modelo portugués empezaba a perder fuerza frente a nuevos rivales internacionales.
Después de más de un siglo, Portugal dejaba escapar una de sus posiciones más valiosas en Asia.

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