Historia
Curiosidades

¿Cómo nos verán los historiadores dentro de mil años?

De la misma forma que nosotros analizamos civilizaciones pasadas, también podemos plantearnos cómo nos verán los historiadores en mil años.

Los viajes en el tiempo son posibles

¿Cómo hackear el universo para viajar en el tiempo?

¿A qué época de la historia viajarías?

  • Francisco María
  • Colaboro en diferentes medios y diarios digitales, blogs temáticos, desarrollo de páginas Web, redacción de guías y manuales didácticos, textos promocionales, campañas publicitarias y de marketing, artículos de opinión, relatos y guiones, y proyectos empresariales de todo tipo que requieran de textos con un contenido de calidad, bien documentado y revisado, así como a la curación y depuración de textos. Estoy en permanente crecimiento personal y profesional, y abierto a nuevas colaboraciones.

Hay una pregunta que, tarde o temprano, acaba apareciendo cuando uno lee historia con cierta frecuencia. No tiene que ver con batallas, emperadores o civilizaciones desaparecidas. Tiene que ver con nosotros.

¿Cómo nos juzgarán quienes vivan dentro de mil años?

Sabemos que la historia siempre simplifica. Condensa siglos enteros en unas pocas ideas clave. Lo hace con Roma, lo hace con el Renacimiento. Lo hace con la Revolución Industrial. Seguramente también lo hará con el siglo XXI.

La era de la información que lo registró casi todo

Hay algo que nos diferencia de prácticamente cualquier sociedad anterior. Lo registramos todo, o casi todo. Durante siglos, uno de los mayores problemas de los historiadores ha sido la falta de fuentes. A veces apenas disponen de unas cuantas cartas, algunos documentos administrativos, restos arqueológicos y poco más. Con eso deben reconstruir vidas enteras, gobiernos, guerras y formas de pensar.

Nuestra época presenta el problema contrario. Nunca antes se había producido semejante cantidad de información. Cada minuto se generan millones de mensajes, fotografías, vídeos, documentos y publicaciones digitales. Empresas, gobiernos, universidades y ciudadanos almacenan datos constantemente. Muchas veces sin siquiera plantearse si tendrán algún valor futuro.

Tal vez nuestros descendientes conozcan mejor algunos aspectos de nuestra vida cotidiana que cualquier otra civilización anterior. O quizá descubran enormes vacíos documentales allí donde hoy creemos estar dejando un registro permanente.

La generación que vivió la revolución tecnológica

La imprenta alteró la difusión del conocimiento, la Revolución Industrial modificó la economía, el trabajo y las ciudades.

Es bastante probable que el siglo XXI termine ocupando un lugar parecido. No porque hayamos inventado una única tecnología revolucionaria, sino porque hemos asistido a la convergencia de muchas al mismo tiempo.

Internet es el ejemplo más evidente. Hoy parece algo tan normal que cuesta recordar lo reciente que es. Gran parte de la población mundial ha pasado, en apenas una generación, de depender de periódicos impresos y teléfonos fijos a vivir conectada permanentemente a una red global.

La transformación ha sido enorme.

Una humanidad más conectada que nunca

Si alguien del Imperio romano hubiera querido enviar un mensaje al otro extremo de su territorio, podía tardar semanas. Si un comerciante medieval necesitaba información sobre otro continente, las noticias llegaban con meses de retraso.

Nosotros vivimos una realidad completamente distinta. Nuestra interconexión inmediata tendrá un enorme interés para los historiadores futuros, porque no se trata únicamente de tecnología. También afecta a la economía, la cultura, la política y las relaciones humanas.

Nunca antes tantas personas habían compartido información, entretenimiento y experiencias a escala global. Al mismo tiempo, tampoco habían existido debates tan intensos sobre identidad cultural, soberanía nacional o influencia internacional.

Una civilización obsesionada con la energía

Si alguien quisiera resumir gran parte de la historia contemporánea utilizando una sola palabra, probablemente elegiría energía. Gran parte del desarrollo económico moderno ha dependido de ella.

El carbón impulsó fábricas y ferrocarriles. El petróleo transformó el transporte mundial. El gas natural alimentó industrias y sistemas energéticos durante décadas.

Nuestra sociedad se construyó alrededor de esos recursos. Pero también empezó a cuestionarlos. Los historiadores del futuro seguramente dedicarán muchas páginas a esta transición. No porque puedan predecir el resultado final, sino porque ya observamos un cambio de rumbo evidente.

El extraño caso de las redes sociales

Hay pocos fenómenos que definan mejor el siglo XXI. Y probablemente hay pocos que resulten más difíciles de interpretar.

Nunca antes existió una cantidad tan enorme de testimonios personales como son las redes sociales. Millones de personas escriben diariamente lo que piensan, sienten o creen. Sin embargo, esos registros no reflejan necesariamente la realidad completa, sino editada, exagerada a veces, llena de filtros.

Los historiadores del futuro tendrán que enfrentarse a un reto que ninguna generación anterior conoció: distinguir la vida real de la vida proyectada digitalmente.

Lo que más les sorprenderá de nosotros

Esta es probablemente la parte más difícil de imaginar. Cuando observamos sociedades antiguas solemos sorprendernos por detalles cotidianos, costumbres, leyes, creencias, etc.

Seguramente nuestros descendientes sentirán algo parecido. No sabemos exactamente qué aspectos llamarán más su atención, quizá les sorprenda nuestra dependencia de los teléfonos móviles. Tal vez les resulte extraño que millones de personas pasaran buena parte de su tiempo observando pantallas.

O puede que encuentren desconcertantes algunas desigualdades económicas que hoy siguen existiendo pese al enorme desarrollo tecnológico alcanzado.

Conclusiones

La historia tiene esa costumbre de sorprender. Lo único que parece seguro es que no seremos recordados exactamente como nos vemos a nosotros mismos. Nunca ocurre.

Los romanos no sabían que estaban construyendo un imperio que seguiría estudiándose dos mil años después. Los habitantes de la Edad Media tampoco imaginaban cómo serían retratados por generaciones futuras.

Nosotros estamos en la misma situación, vivimos nuestro presente sin conocer el juicio final de la historia. Y quizá ahí reside buena parte de la fascinación que provoca esta pregunta.

Lecturas recomendadas

¿Qué nos traerá el futuro?

¿Cómo será el mundo en el 2050?