Carlos Rodríguez y David Pedreño coinciden en la alianza entre abogados y tecnólogos para «garantizar una inteligencia artificial segura y rentable»
Rodríguez Sau: "El principal problema que tenemos es que tenemos una tecnología disruptiva que está en manos de terceros y que lo que hace la tecnología no es nuestro"
Pedreño Rippin: "A veces no se va a poder diseñar el sistema más productivo del mundo, pero un sistema productivo con garantías jurídicas es mejor que un sistema que no se puede poner en producción"
Carlos Rodríguez Sau, socio de la empresa Andersen, y David Pedreño Rippin, responsable de la gestión de cuentas de Iberia en 1MillionBot, han cerrado la III jornada de OKINNOVA, organizada por OKDIARIO, conversando sobre uno de los temas de actualidad: la inteligencia artificial y la seguridad jurídica.
Rodríguez Sau ha comenzado el debate hablando de la IA desde la visión del abogado: «La IA está permitiendo que haya un abogado que innove en los servicios jurídicos versus el abogado que está utilizando la IA para sustituir tareas. Los despachos de abogados nos enfrentamos, por un lado, al drama de qué hacemos con los juniors, qué introducimos y qué pasa con el ahorro de costes frente a nuevos modelos de prestación de servicios».
«Todo el mundo lo ha dicho aquí: el dato es el rey. Si a mí me dejan meter mi IA en los ficheros de las empresas, soy capaz de revisarle todos sus contratos, a lo largo y ancho del mundo, en cualquier idioma. ¿Por qué? Porque tengo esta capacidad y tengo agentes entrenados. Sin eso, me tienen que mandar informaciones como se hacía antes. El problema es ir allí y decirle: ‘Yo no te voy a cobrar por leer un contrato, pero te voy a cobrar por leerte todos los contratos y darte pautas de cosas que están mal y aún no te has dado cuenta cómo negociamos en el futuro’».
«El reto de los abogados para no caer en el drama de la reina roja de Alicia en el País de las Maravillas es que todos metemos la misma IA y llegamos a las mismas conclusiones. Imaginemos que todos manejamos el mismo ChatGPT. Es cómo yo le demuestro a mi cliente que sé hacer cosas distintas, que seguramente le ahorro costes, pero sobre todo que le doy mucho más valor que antes».
Pedreño Rippin, por su parte, ha añadido que «la seguridad jurídica ha de estar desde el inicio, desde el diseño técnico. Tradicionalmente, el tecnólogo estaba un poco reñido con el abogado porque el abogado era el que le ponía «pestillo» a sus grandes innovaciones y ponía problemas antes de pasar a producción».
«Yo creo que eso poco a poco tiene que ir cambiando y ya está cambiando. La alianza entre Andersen y 1MillionBot es prueba de ello y creo que, cuando se establece desde el diseño de producción una colaboración entre el abogado y el técnico, en realidad nos damos cuenta de que hay cierta correlación. Por ejemplo, si cogemos el ejemplo de un asistente conversacional, un chatbot, antes la decisión técnica era: ¿A qué va a responder? Y si va a responder correcto o no», ha manifestado Pedreño.
«El abogado, que yo creo que el gris es vuestra especialidad y no tanto lo binario, se acerca más a lo que tiene que ser a día de hoy el diseño técnico, que es: ¿Qué fuentes va a utilizar para responder? ¿Es auditable esa respuesta? Y luego un aspecto clave que es: ¿Quién rinde cuentas por esa respuesta dentro de la organización y de la estructura de gobernanza que esté establecida en la institución o en la empresa? Entonces yo creo que esa es la clave: que colaboren el abogado y el técnico. Que desde el diseño tecnológico se incorpore ya la norma y que en producción sea un espejo de esa colaboración».
El socio de Andersen considera fundamental todo este proceso y añade que «si respondemos a la pregunta: ¿Qué pasa cuando cambiamos un sistema de IA? ¿Qué pasa si hay una migración? Si respondes a esa pregunta, te das cuenta del gran riesgo jurídico y cuál es el gran riesgo económico de cualquier implantación de IA.»
«El primero es que nosotros, cuando contratamos una licencia de Word, nunca hay dudas de que el que hace el texto es humano, el empleado de la organización. Cuando tú contratas un servicio de IA, ChatGPT, hay dos grandes preguntas: ¿Quién hace qué? Es decir, ¿lo hace ChatGPT o lo haces tú? La respuesta más básica es: tú haces el prompting famoso, que es la instrucción, pero la máquina da el resultado. Y dos. Como lo hace la máquina, ¿de quién es ese resultado?».
«Ahí el problema es que, normalmente, nuestras leyes de propiedad intelectual van a decir que el resultado es de la empresa de servicios. Antes, nadie diría que porque yo utilizo un Word, el artículo periodístico es de Microsoft. Es del periódico y/o está la autoría personal en reconocimiento de lo que es una creación artística, periodística, etc».
«Esto se rompe. Cuando lo hace la máquina, no lo hace un humano. Por lo tanto, la Ley de Propiedad Intelectual determina que lo hace aquel que ha diseñado el programa. Luego te lo podrá ceder. Por tanto, todos los resultados que se hacen de IA, en principio, son adscritos a la compañía de IA».
«Por eso, los abogados y los tecnólogos tenemos que empezar a hablar. Porque los tecnólogos muchas veces recogen esa tecnología desde open source, es decir, una licencia libre, o incluso el famoso empleado que lo utiliza a través de una licencia gratuita. Entonces piensa que, como es gratis, no pasa nada. Esto no es así. Primero, es gratis, no tiene las condiciones generales de contratación y te puede ocurrir que ni te lo cedan, con lo cual ya tienes un problema».
«El problema de la migración viene cuando voy a migrar todo eso que he generado, todo ese know-how. No ya los datos de mis clientes, sino los datos asociados a la prestación del servicio que les he dado a los clientes. ¿Son míos o son suyos? Lo primero es reservar eso. Lo segundo es que siempre que hay un problema de propiedad intelectual a nivel legal, se rompe toda la cadena. Por un lado, lo que hace la IA no es mío, sino que es de la IA. Dos: La IA está sometida a una serie de leyes por arriba que determinan que, como ese resultado no es mío, no hay confidencialidad ni nada, sino que puede ser la aportación de un procesamiento judicial».
Rodríguez Sau ha sentenciado este tema afirmando que la soberanía de la IA está sometida a las leyes europeas y que eso es «otro lío».
El responsable de la gestión de cuentas de Iberia en 1MillionBot da la razón al socio de Andersen y sostiene que «la IA en 2018 era una IA muy artesana que había que acompañarla mucho y el cliente pedía lo que podía pedir, que era que contestase correctamente y que fuese alineado con la instrucción que se le había dado».
«A día de hoy, eso ha cambiado muchísimo. Se le exige que responda bien. Pero la nueva exigencia es que sea explicable, que sea editable y cómo y por qué ha respondido bien. En el futuro no tan lejano, la explicabilidad ya no será solo de fuentes ni de sistemas, sino de redes agénticas. Venimos de gobernar la IA con personas, de establecer una estructura organizativa dentro de una empresa que sea capaz de supervisar los casos de uso de inteligencia artificial, pero esa supervisión seguía siendo puramente humana».
«En el futuro cercano, ya no se van a estar gobernando personas. Se van a estar gobernando agentes de IA y ecosistemas que se comunican entre sí. Esto ya ocurre, no es ciencia ficción ni futuro, tanto en empresas de inteligencia artificial como en muchas otras que no son de inteligencia artificial, que ya tienen lo que se denomina ‘digital workforce’, que son agentes de IA».
Sobre los riesgos, ha dicho que «el reto está en cómo establecemos una red y una estructura de confianza en algo completamente digital y de inteligencia artificial que no llegamos a entender todavía. Desde 1MillionBot defendemos que, más que evitar el riesgo, lo que hay que hacer es gestionar ese riesgo. De ahí la alianza con Andersen».
En cuanto a las regulaciones en el sector, Rodríguez Sau se mostró «optimista» y considera que, a pesar de la burocracia, la regulación de protección de datos europea se ha convertido en un «estándar global». «Aquella empresa que cumple con el estándar europeo permite una serie de retornos. Si, de alguna manera, quieren entrar en tu copia de Claude, esto está encriptado y no puede entrar ni el propio gobierno de Estados Unidos», expuso en relación a las leyes de privacidad de Apple.
«En inteligencia artificial, la única oportunidad que tiene Europa es convertir lo que es una carrera regulatoria en una palanca o en una manera de diferenciación. La IA europea, en su modelo más ético, Antropic, es la que más se acerca al ‘European Union Friendly’. Esto no era lo que al principio decía ChatGPT ni los modelos de Elon Musk. Esta es la oportunidad que tiene Europa. Por un lado, conseguir que haya gente que voluntariamente se someta a la legislación europea para determinar que, si cumple con la directriz de la Unión Europea, es el «guay» desde el punto de vista de hechos».
«La segunda es que, como eso ocurrirá o no ocurrirá, y ya como opinión política propia, se tiene que preparar un campeón de IA soberana europea. Por diversas razones: primero, porque si está aquí va a cumplir todo el «acero» comunitario, y segundo, porque si está aquí no se nos van a escapar los datos ni nada por el estilo».
«Están apareciendo unas iniciativas que se llaman Open Europe LLM, que son pequeños sistemas que no son tan listos, pero para hacer una traducción se puede usar un LLM europeo «de andar por casa» que cumpla con la ley. Estos campeones nacionales están entrenados en español, pero también en otros dialectos de España, que conocen la cultura. De alguna manera, les han metido también una serie de guardarraíles para que cumplan con los derechos de la Unión Europea».
Pedreño Rippin se muestra más indeciso en este aspecto, afirmando que no sabe si estamos preparados para hacerle frente a Estados Unidos. «Cada semana hay un avance kilométrico en la IA. Es complicado evaluar si se está preparado o no. Lo que sí creo es que, primero, no hay autorregulación. Coincido con la opinión personal de Ángel Niño».
«Hay intereses económicos detrás. Pero sí creo que es una oportunidad para Europa para posicionarse en la carrera global por lo que ha dicho Carlos. Tenemos una serie de autorregulaciones. La única crítica que podemos dar al reglamento de inteligencia artificial y a la Agencia Española de Supervisión es que ha llegado demasiado pronto, porque no tenemos tantos casos de producción ni tantas empresas de IA para analizar estos casos de uso».
«Como dice Carlos, esto se puede volver una ventaja competitiva porque, a la hora de diseñar estos sistemas de inteligencia artificial, puede haber un codiseño del abogado, del tecnólogo, y siempre con el ciudadano en mente. El reto es la potencia de cálculo».
Con respecto a la regulación europea, el socio de Andersen sí se demuestra pesimista. «Es lo de siempre. Nunca tenemos ni idea de lo que va a decir el regulador. Ahora mismo, las empresas españolas que están intentando innovar no saben muy bien cómo defender un caso de uso. Nosotros defendemos los casos de uso sensibles y los casos innovadores. El caso innovador va a llegar a un punto en que no vamos a tener ni idea de si va a ser legal o no».
«En cuanto a las empresas españolas, sugerimos que, a través de la IA, sepan justificar cómo han hecho sus procedimientos. Para que cuando venga un señor, haya transparencia, explicabilidad, etc. Saber hacer el ejercicio de explicar cómo se ha hecho y preparar la defensa y adelantarse».
Para Pedreño Rippin, a una pyme le preocupa bastante la gestión del riesgo. «Lo primordial es la ilusión. Lo vemos en la mayoría del tejido de las pymes españolas. Se aborda la inteligencia artificial desde dos prismas: el primero, desde el riesgo y el miedo. ‘La competencia está haciendo esto y, o hago esto o me quedo atrás’. Esto es válido, pero también está el otro prisma, que es la ilusión. Establecer una estrategia de IA pensando en el inventario de casos que voy a tener, el mundo de posibilidades que se abre y que esa ilusión se acompañe con talento».
Yo aprendo una barbaridad con el junior recién salido de la universidad. Los programadores que han aprendido a programar ya con la IA generativa son un mundo completamente distinto al programador senior que lleva 30 años picando código y programando.
Dentro de los despachos de abogados, Rodríguez Sau da su punto de vista acerca de la normativa: «El principal problema que tenemos es que tenemos una tecnología disruptiva que está en manos de terceros y que lo que hace la tecnología no es nuestro».
«En la tecnología, hacerse con un ecosistema es relativamente fácil porque es gratis, usando licencias open source. En los modelos Meta, las licencias van por la cuarta interpretación porque nadie la entiende. Yo ya me imagino a la gran compañía con 700 millones de alteraciones, todo gratis, y de repente dice Meta: ‘No, ahora a pagar por clic’».
«El abogado tiene que trabajar con el tecnólogo desde dos puntos de vista: uno, el regulatorio. Y dos, desde un punto de vista de resiliencia jurídico-operativa. Que esa tecnología le sirva a la empresa, no que estés metiendo un caballo de Troya. Lo que no puede tener sentido es que nos dé un resultado excelente y sea gratis».
«En IA, tu cadena te lleva a un «extranjero» y eso te produce todo. Esto te lo pueden parar por contrato. Al tecnólogo le somos muy útiles porque le enseñamos riesgos que no son los riesgos típicamente jurídicos, sino que son riesgos de la operativa del día a día de la empresa», concluyó.
El tecnólogo Pedreño Rippin ha alabado a su compañero, admitiendo que hacen falta más abogados como Carlos que entiendan la necesidad y los riesgos que hay en la implantación de esta tecnología. «A veces, no se va a poder diseñar el sistema más productivo del mundo, pero un sistema productivo con garantías jurídicas es mejor que un sistema que no se puede poner en producción», expuso.
«En los jóvenes, se está viendo que la IA generativa es una herramienta 100% incrustada en sus vidas, pero en el resto de la población quizás tarde más en llegar. Cuando lo haga, tendremos que promover un uso ético, fiable y positivo de la IA. Se está intentando, pero por supuesto va a ser un reto también».
Para el abogado, «hay cierto riesgo de que los abogados no se extingan, pero hay a muchos que les pillan en medio. Hay un efecto coyuntural en el que parece que sobran juniors. Esto va a desaparecer porque los clientes van a decir: «Bájame los fees porque esto que hacía tu junior ahora lo hace una máquina y a mí no me cobres por esto». Esto ya está ocurriendo. Los juniors van a tener que entrar a hacer funciones distintas con un valor distinto. No creo que vaya a desaparecer la abogacía, pero sí se va a transformar de una manera radical».
Aquel que nazca utilizando la IA va a tener otras capacidades. Aquel que aprenda a utilizar la IA, hoy en día, va a estar en una posición muchísimo mejor que aquel que no la aprenda.
Pedreño finaliza su intervención mostrándose optimista con respecto a los temas de terrorismo que pueden derivar de la IA. «Entiendo que puedan haber esos riesgos, pero por no pensar tanto en lo negativo, la IA también puede ayudar con la cura del cáncer, hacer unos avances en biotecnología enormes… Yo creo que el quid de la cuestión está en lo positivo que podemos llevar a cabo con la tecnología. Es imposible predecir el futuro y el desarrollo de la IA».
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