'Caso Zapatero'

Zapatero pactó una entrevista con tres directores de periódico en TVE pero se echó atrás tras su bajón por la imputación de sus hijas

El ex presidente frenó su plan mediático al conocer la imputación contra sus dos hijas Alba y Laura

Zapatero TVE
Irene Tabera
  • Irene Tabera
  • Madrid (1996). Periodista de Investigación y Tribunales. Colaboradora en Telecinco, Cuatro y Telemadrid. Graduada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y máster en Televisión por la Universidad Católica de Milán. Anteriormente trabajó en Mediaset Italia. Contacto: [email protected]

José Luis Rodríguez Zapatero había mantenido conversaciones con Televisión Española para conceder una entrevista tras prestar declaración en la Audiencia Nacional, pero dio marcha atrás después de conocer que la imputación judicial también alcanzaba a sus hijas Alba y Laura. Iban a estar presentes los directores de El País, El Mundo y La Vanguardia junto a Pepa Bueno. El ex mandatario da por imposible convencer a otros directores de periódico. En todo caso, defiende que nunca ha sido sectario y muchas veces ha dado entrevistas a medios de comunicación con líneas de comunicación no afines.

El ex presidente del Gobierno pidió más tiempo para recomponerse anímicamente antes de ofrecer explicaciones públicas, según fuentes consultadas por OKDIARIO.

El presidente del Gobierno estaba en conversaciones con varios medios de comunicación para hacer entrevistas, pero cuando conoció que la investigación judicial salpicaba a sus hijas, se echó atrás, trasladan las fuentes consultadas.

Pidió esperar unos días a tener más ánimo para poder dar las explicaciones necesarias. En todo caso, no está deprimido ni derrumbado como se ha apuntado. Es un hombre fuerte, indican personas que le conocen muy de cerca.

Fuentes consultadas aseguran que el ex presidente no está diagnosticado por depresión –como sí otros imputados en el caso Plus Ultra–, sino que tiene algunos momentos de bajón. El más fuerte, señalan las mismas fuentes, le llegó al conocer la imputación de sus hijas. Daba por hecha la de su secretaria, Gertru Alcázar, pero no la de sus hijas.

Desde entonces, Zapatero intenta que ese desánimo no se traslade a quienes le rodean. No quiere baja moral en su entorno y ha optado por refugiarse en el deporte para sobrellevar la situación.

El ex presidente, gran aficionado a la actividad física, ha sustituido sus habituales carreras al aire libre por la natación en la piscina de la casa de alquiler donde reside en Las Rozas (Madrid). Antes de su imputación, Zapatero salía a correr varios kilómetros a diario y llegó a organizar un club de runners con empresarios, políticos, médicos y jueces, para el que Patrimonio Nacional le reservaba una zona privada del Monte del Pardo.

Ahora prefiere el bajo perfil. El ex presidente quiere mantener discreción y está intentando salir lo menos posible de su casa, de ahí el cambio del running por la piscina del jardín trasero.

El matrimonio, atrincherado

Zapatero y su mujer, Sonsoles Espinosa, permanecen recluidos en su vivienda de alquiler. Espinosa, reacia desde hace años a la exposición mediática —llegó a ordenar el cierre de una parte de La Moncloa cuando unos periodistas se colaron en el complejo presidencial durante su etapa como primera dama—, «no quiere aparecer en ningún lado» desde que se conoció la imputación de su marido.

El verano tampoco será el habitual para la familia. Los Zapatero solían pasar la temporada estival en su villa de Lanzarote, pero este año aún no saben qué hacer por el revuelo que podría generar su presencia en la isla.

Sobre el matrimonio pesa además la posibilidad de una nueva citación judicial. El juez José Luis Calama podría llamar a declarar a Zapatero en las próximas semanas para que dé explicaciones sobre las joyas halladas en una pequeña caja fuerte, un hallazgo que ha abierto una pieza separada del procedimiento por presuntos delitos fiscal y de contrabando.

Una contrapericial

Precisamente en ese frente, el ex presidente ya trabaja en una segunda vía de defensa. Según fuentes cercanas a su entorno, baraja encargar una contrapericial independiente para rebatir la tasación judicial de las 103 piezas, fijada en 1,3 millones de euros, y sostener que su valor real ronda los 80.000 euros. Zapatero sigue convencido de que las joyas no atesoran el valor que refleja la tasación judicial y ha llegado a plantear devolverlas, aunque el trámite se complica porque ahora están en poder de la UDEF de la Policía Nacional.

La defensa del ex presidente trabaja además en desmontar los indicios recogidos por la UDEF en el auto judicial, que tacha de «una barbaridad». Zapatero está también «muy molesto» por la filtración de las agendas de su secretaria, algo que considera una vulneración de su intimidad.

El contexto no ayuda a su causa. Fue precisamente su primer gobierno el que, el 18 de febrero de 2005, aprobó un código ético publicado en el BOE el 3 de marzo de ese año que fijaba «el rechazo de cualquier regalo, favor o servicio en condiciones ventajosas que fuera más allá de los usos habituales, sociales y de cortesía», una norma que ahora podría volverse en su contra si se demuestra que las joyas llegaron durante su mandato.

Su entorno, no obstante, considera que otros ex presidentes han incurrido en prácticas similares consideradas por ellos de total legalidad, un argumento con el que Zapatero busca relativizar el caso ante sí mismo y ante los suyos.

El ex jefe del Ejecutivo, siempre acostumbrado a marcar los tiempos de la conversación pública, se encuentra ahora en la posición inversa: esperando, entre brazadas en su piscina de Las Rozas, a que amaine un vendaval judicial que, por primera vez, no puede controlar desde un despacho oficial.

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