España
INCENDIOS FORESTALES

Agricultores de Burgohondo: «Una mafia de ‘lobbies’ no nos deja vivir, nos hacen declarar hasta las gallinas»

"Se puede frenar el avance de las llamas simplemente manteniendo la tierra cuidada y cultivada"

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  • Sira Lobato / Isaac Chavida / Burgohondo (Ávila)

Rodeada por cientos de hectáreas arrasadas por el fuego en la sierra de Gredos, una pequeña huerta se encuentra intacta en Burgohondo. Su propietario, Carlos, logró lo impensable: frenar el avance de las llamas simplemente manteniendo la tierra cuidada y cultivada. Su testimonio a pie de terreno es un grito de auxilio del mundo rural, pero también una dura crítica contra el abandono de los montes frente al fuego.

Carlos tiene su parcela en una zona ahora completamente cubierta por cenizas y plantas calcinadas. «Todo esto está abandonado», cuenta mientras muestra su terreno verde, que parece ajeno al desastre que lo rodea. El secreto de su supervivencia no fue la suerte, sino el trabajo de todos los días. Tener la tierra desbrozada y limpia de hierbas secas sirvió de escudo natural.

«Ha sobrevivido, pero se ha chamuscado con el mismo calor que ha llegado aquí. Me han quemado la mitad de los manzanos y de los árboles», señala. Sin embargo, para este vecino, el problema de fondo está muy claro. Su filosofía es que un monte trabajado es un monte protegido frente al fuego.

La huerta cuidada en medio de cenizas en la sierra de Burgohondo

«Todo es una mafia»: el peso de Europa y los ‘lobbies’

El enfado de Carlos va un paso más allá y señala directamente a las altas esferas europeas y a los grandes intereses económicos como verdaderos culpables de esta asfixia. Para él, estas continuas trabas administrativas son «sandeces para sacar dinero y no dejar a la gente vivir», poniendo como ejemplo las recientes exigencias normativas: «No puedes tener ganado porque sí, te denuncian. Ahora mismo están con las gallinas, tienes que declararlas. Antiguamente, cualquiera podía tener una vaca o una cabra para que se comieran el pasto y limpiaran el campo de forma natural», explica.

Esta persecución burocrática se suma a la nula rentabilidad del campo, ya que, como lamenta, se trabaja de sol a sol en las cavas o en la vendimia «y no sacas ni para el día». Ante esta dura realidad, el agricultor comprende perfectamente por qué los montes se quedan vacíos, llenos de maleza y listos para arder: «¿Cómo no va a abandonar la gente?». Una ruina que, a su juicio, no es casualidad, sino que obedece a intereses superiores que benefician a «multinacionales y magnates de la industria farmacéutica» que actúan como grupos de presión.

«Van como Pedro por su casa, se van allí a la Comunidad Europea y dicen que hay que hacer esto y lo otro. Todo funciona así, todo es una mafia», sentencia con rotundidad, vinculando el fuego que arrasa su sierra con las decisiones que se toman a miles de kilómetros de distancia.

«Mandan desde un despacho»: la falta de acción rápida

A pesar del éxito salvando sus cultivos, la rabia de este vecino apunta directamente a cómo se organizaron las ayudas. Carlos recuerda con frustración la tarde del viernes, cuando el fuego empezó a acercarse a su propiedad. «Estaba el fuego solo, no vino nadie. Fui yo a asomarme. Yo haría venir aquí a esos mandos a apagar el fuego, no que manden desde un despacho, que no sirven absolutamente para nada», relata con indignación.

La lucha contra el fuego le pareció desesperante en esos primeros momentos. Carlos explica que un helicóptero llegó a la zona, pero solo fue a mirar. A su vez, denuncia lo que él considera una pérdida de tiempo vital: «Si ese helicóptero trae una cesta para el agua, el fuego no avanza. Hay una balsa al lado; habría tardado en dar unos cuantos viajes y lo habría apagado».

Para este agricultor, el exceso de protocolos retrasa una respuesta que antes era inmediata y mucho más efectiva. «Aquí los fuegos antes los apagaba la gente del pueblo. No importaba si había humo o no, se apagaban», recuerda.