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Wall Street vive atrapado en el ‘día de la marmota’ de Trump: los mercados dejan de ignorar la guerra con Irán

El mercado comienza a descontar un riesgo que hasta ahora había infravalorado

  • Celia Amayuelas
  • Celia Amayuelas Díaz (Madrid, 1999), periodista y economista con más de 6 años de experiencia en medios digitales, se incorporó a OKDIARIO en 2026 procedente de finanzas.com, 'El Español' y Capital Radio. Puedes contactar conmigo en celia.amayuelas@okdiario.com

El mercado llevaba semanas ansiando la temporada de resultados en busca de unos mejores beneficios, márgenes o previsiones que justificasen las elevadas valoraciones. Sin embargo, la reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán ha cambiado nuevamente el foco de los inversores.

El petróleo se ha disparado, las bolsas han corregido a ambos lados del Atlántico y la geopolítica vuelve a condicionar las expectativas sobre inflación, tipos de interés y crecimiento económico.

Para los analistas, el conflicto ha entrado en una dinámica que recuerda al «día de la marmota». Desde finales de febrero se repite prácticamente el mismo patrón: ataques a petroleros en el estrecho de Ormuz, respuesta militar estadounidense, treguas temporales y nuevas rondas de hostilidades.

En este sentido, Trump ha hecho y deshecho la guerra cuando le convenía. A comienzos de julio, se rebajó la tensión entre Washington y Teherán, lo que impulsó al Brent hasta mínimos de tres meses, cerca de los 70 dólares por barril. Sin embargo, al presidente estadounidense no le interesaba mantener la tregua.

El petróleo vive otro rally alcista

La reanudación de los ataques estadounidenses, el restablecimiento del bloqueo naval sobre Irán y el incremento de los costes para los buques que cruzan Ormuz devolvieron rápidamente el petróleo por encima de los 90 dólares e incluso los 100 dólares.

Por todo ello, el patrón más probable sigue siendo el observado durante los últimos meses: episodios puntuales de ataques y respuestas militares que afectan temporalmente al tráfico marítimo, pero sin un cierre prolongado de una ruta por la que circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial.

No obstante, la posibilidad de que el conflicto termine implicando a nuevos actores regionales continúa siendo uno de los principales riesgos para los mercados. Lo sorprendente es que hasta ahora eran totalmente ajenos al conflicto.

Para XTB, esa aparente desconexión reflejaba que muchos inversores seguían confiando en que la tensión volvería a disiparse, como había ocurrido en episodios anteriores.

Sin embargo, las últimas sesiones parecen indicar un cambio de percepción. La subida del petróleo, el incremento de la volatilidad y las caídas de las bolsas sugieren que el mercado comienza a incorporar un riesgo geopolítico que hasta ahora permanecía sólo parcialmente descontado.

Pablo Vega, analista de Roams, señala que el escenario más probable no pasa por una resolución rápida del conflicto, pero tampoco por una guerra abierta de alcance global.

En su opinión, el riesgo geopolítico ya no puede considerarse un fenómeno excepcional o transitorio. «Se ha convertido en una variable estructural que condiciona las cadenas de suministro, el comercio, la energía y las decisiones de inversión», explica.

Por ello, considera que el escenario central sigue sin contemplar un cierre prolongado del estrecho de Ormuz, ya que tendría un enorme coste económico, militar y diplomático tanto para Irán como para Estados Unidos, y eso en cierto modo a Trump no le viene bien. Aun así, prevé que la incertidumbre continúe manteniendo una prima de riesgo sobre el petróleo y el gas durante los próximos meses.

Última reunión BCE

Según Pablo Vega, el principal riesgo para la economía aparecería si el encarecimiento de la energía dejara de ser temporal y terminara trasladándose al conjunto de la cesta de consumo.

Si el aumento de los precios del petróleo acaba afectando al transporte, la alimentación, los salarios y las expectativas de inflación, los bancos centrales podrían verse obligados a mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo o incluso volver a subir los tipos de interés.

El analista considera que este escenario sería especialmente delicado para el Banco Central Europeo, que tendría que contener los efectos de segunda ronda de la inflación en un contexto de crecimiento muy débil en la eurozona.

La combinación de energía cara y unos tipos elevados supondría un doble freno para la economía. Por un lado, reduciría la renta disponible de los hogares y elevaría los costes de producción de las empresas. Por otro lado, mantendría elevado el coste de la financiación para familias y compañías, limitando el consumo y la inversión.

Mirada puesta en la IA

Pese a este contexto, XTB considera poco probable que la incertidumbre geopolítica detenga el ciclo inversor en inteligencia artificial.

Las grandes tecnológicas estadounidenses mantienen sus planes de inversión en centros de datos, semiconductores e infraestructura, al considerar que la IA constituye una prioridad estratégica que marcará su posición competitiva durante la próxima década.

Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta prevén destinar conjuntamente alrededor de 725.000 millones de dólares a inversiones en inteligencia artificial durante 2026, mientras Goldman Sachs estima que el ciclo inversor acumulado entre 2025 y 2030 podría alcanzar los 5,3 billones de dólares.

Para XTB, el conflicto puede encarecer la financiación y aumentar el coste energético de estas inversiones, pero difícilmente alterará una carrera tecnológica que las grandes compañías consideran irrenunciable. Lo que sí cambiará será el comportamiento de los inversores, que exigirán una mayor disciplina financiera y una demostración más clara de que ese enorme gasto termina traduciéndose en crecimiento de ingresos y beneficios.

Mercado cada vez más sensible

La principal conclusión que comparten XTB y Pablo Vega es que la geopolítica ha dejado de ser un simple ruido de fondo para convertirse en un factor estructural para los mercados.

Mientras el escenario central siga siendo el de una escalada controlada, los inversores continuarán alternando episodios de optimismo con nuevas fases de tensión. Pero cada nueva interrupción del suministro energético o cada repunte del petróleo incrementará la presión sobre la inflación, limitará el margen de actuación de los bancos centrales y elevará la sensibilidad de unas bolsas que siguen cotizando cerca de máximos históricos.

Después de meses viviendo un particular «día de la marmota», los mercados empiezan a asumir que la guerra entre Estados Unidos e Irán podría tener consecuencias mucho más duraderas de lo que hasta ahora habían descontado.