Vivienda

Gonzalo Bernardos lanza una advertencia sobre la vivienda: «Muchos compradores van a descubrir demasiado tarde lo que está ocurriendo»

Gonzalo Bernardos vivienda
Blanca Espada

Comprar una vivienda se ha complicado mucho en España. Basta con observar un poco los precios de las grandes ciudades o comprobar cuánto tiempo permanece anunciado un piso atractivo para entender la situación. La oferta no cubre las necesidades actuales y Gonzalo Bernardos cree que todavía queda mucha gente por entrar en el mercado.

El profesor de Economía de la Universidad de Barcelona lleva tiempo poniendo el foco en esa demanda que permanece a la espera. Jóvenes que durante años han vivido de alquiler, personas que no han podido ahorrar para una entrada y familias que, con unas mejores condiciones hipotecarias, pueden empezar a plantearse una compra. Y abordó buena parte de estas cuestiones en una extensa entrevista con la revista Lecturas en la que dio un diagnóstico no demasiado optimista: «España va en un camino desastroso en materia de vivienda por la sencilla razón de que se hace populismo con la vivienda».

Gonzalo Bernardos lanza una advertencia sobre la vivienda

Una de las cuestiones que destaca Bernardos es lo ocurrido durante los últimos años. A diferencia de la etapa anterior a la crisis de 2008, una parte importante de la población ha permanecido fuera del mercado de compraventa. En 2007, recuerda, los bancos llegaron a conceder préstamos a clientes que difícilmente podían asumirlos. Después ocurrió justo lo contrario y durante años comprar dejó de ser una opción para muchos, aunque esa gente no ha desaparecido. «Tenemos una cantidad de personas que pueden comprar una vivienda en el futuro espectacular, como nunca hemos tenido», explica Bernardos en Lecturas.

A esa demanda se añade el crecimiento de la población y una financiación que poco tiene que ver con la que existía décadas atrás. El economista pone como ejemplo 1991. Los tipos de interés se encontraban entonces en el 16,5% y, según los datos del Banco de España que menciona durante la entrevista, acceder a una casa exigía dedicar más del 70% del salario. Actualmente habla de hipotecas fijas al 2,3%, con plazos de devolución que habitualmente se sitúan en 30 o 35 años y que pueden alcanzar los 40.

«Cuanto menor es el tipo de interés y cuanto mayor es el plazo de devolución de la hipoteca, más crédito te pueden dar», señala. Y si el banco presta más dinero, el comprador también puede ofrecer más por una casa. Para Bernardos, ésta es una de las razones que explican el aumento de los precios durante las últimas décadas. Una vivienda puede costar mucho más que hace 35 años, pero las condiciones para financiar su compra también son completamente distintas.

El problema de ahorrar mientras se paga un alquiler

La situación se vuelve especialmente complicada para los jóvenes. El precio del alquiler absorbe una parte de sus ingresos y reunir el dinero necesario para comprar puede convertirse en una carrera de fondo. Bernardos lo llama «la trampa mortal». Su postura entre comprar o alquilar tampoco admite demasiadas dudas: «Yo apuesto decididamente por la propiedad».

El motivo que ofrece es sencillo. Con el alquiler se paga por utilizar una vivienda. Al comprar mediante una hipoteca, una parte de cada mensualidad corresponde a los intereses, mientras que otra reduce la deuda de un inmueble que pasa a formar parte del patrimonio del comprador.

El economista mira también varias décadas hacia delante. «Creo que lo peor que le puede suceder a un joven de 30 años es jubilarse y vivir de alquiler», afirma ya que recuerda el déficit del sistema de pensiones y plantea la dificultad que supondría afrontar una renta mensual al llegar a la jubilación si los ingresos son entonces menores. Por eso considera necesario ayudar a los jóvenes a dar el primer paso. No habla de comprar inmediatamente una gran casa ni de encontrar la vivienda definitiva.

Una de sus propuestas son las hipotecas por el 100% respaldadas mediante avales públicos. También plantea permitir que los impuestos vinculados a la compra puedan pagarse a plazos. Y reclama pisos más pequeños comenzando por una  vivienda de 40 o 50 metros cuadrados. El problema es que determinadas normas dificultan construir inmuebles de esas dimensiones.

La primera vivienda no tiene que ser la definitiva

Bernardos introduce otro asunto incómodo en la conversación: el cambio en la forma de consumir de las nuevas generaciones. Los bajos salarios están detrás de las dificultades para ahorrar, pero, a su juicio, no lo explican todo. Viajes, restaurantes y ocio ocupan ahora un espacio que otras generaciones reducían cuando intentaban reunir dinero para comprar una casa.

Él mismo puntualiza que está generalizando dado que está claro que no todos los jóvenes tienen las mismas circunstancias ni parten de la misma situación económica. Su consejo pasa así por rebajar las expectativas de la primera compra. Durante la entrevista pone ejemplos de personas que adquieren viviendas de 130.000, 150.000 o 180.000 euros en zonas que no son las más cotizadas de Barcelona. «Hemos de colaborar la sociedad y la Administración para que los jóvenes tengan la primera vivienda, pero la vivienda definitiva se la tienen que ganar ellos», sostiene.

Esa primera propiedad puede servir después para acceder a otra. Mientras tanto, quedarse esperando tiene un riesgo: los potenciales compradores siguen acumulándose y las viviendas disponibles no crecen al mismo ritmo, algo que Bernardos lleva tiempo señalando precisamente ese desfase en el que muchos jóvenes que no compraron durante años siguen necesitando una casa y, cuando sus circunstancias les permitan dar el paso, no serán los únicos buscándola. La competencia por una oferta limitada será entonces una parte decisiva del problema.

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