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Economía
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Cunde la preocupación entre los jubilados que revisan sus extractos: estos productos que los pensionistas deberían cancelar cuanto antes

La jubilación no sólo cambia la rutina diaria sino que es más que evidente que también cambia, y bastante, la forma en la que te relacionas con el banco. De repente desaparece la nómina, se reducen los movimientos y muchas de las necesidades que tenías antes dejan de tener sentido casi sin darte cuenta de modo que los expertos recomiendan que los jubilados repasen extractos y comprueben si todos los productos bancarios contratados a lo largo de los años siguen siendo necesarios.

Los productos financieros son algo común en la vida de todos, ya sean seguros, tarjetas, o cuentas pero a llegar a la edad de jubilación las finanzas cambian, y puede que muchos de esos productos  siguen generando gastos sin aportar prácticamente nada. Es justo en ese momento, cuando algunos jubilados revisan sus extractos con calma, y sí, en muchos casos es mejor suspender o cancelar contratos.

Cunde la preocupación entre los jubilados que revisan sus extractos

Uno de los casos más habituales es el de las cuentas bancarias. Durante la vida laboral es normal tener varias, por ejemplo una para la nómina, otra para gastos, otra quizá en otro banco, pero al jubilarnos muchas de ellas quedan sin uso o ya no son necesarias. En un principio no pasa nada por mantenerlas, pero muchos jubilados al mirar extractos de dichas cuentas se dan cuenta, o son conscientes, de algo en lo que tal vez ni habían pensado y es que puede que alguna de ellas no sea gratuita. De hecho , es posible que algunas tengan comisiones, otras exijan cumplir ciertas condiciones que ya no se cumplen, y otras simplemente generan pequeños gastos que pasan desapercibidos.

Con las tarjetas ocurre algo muy parecido. Hay muchas que se guardan en un cajón por si acaso, pero que no se utilizan nunca. Aun así, siguen teniendo costes asociados, ya sea por mantenimiento o por servicios vinculados. Y luego están esos paquetes bancarios que incluyen seguros, servicios adicionales o ventajas pensadas para otra etapa de la vida. El problema es que nadie los revisa, y siguen activos aunque ya no tengan ningún sentido.

El problema entonces no está en lo que tienes, sino en lo que pagas sin darte cuenta y es ahí donde los expertos suelen insistir bastante ya que no se trata de cuánto dinero tienes en el banco, sino de cuánto estás pagando sin ser consciente. Porque al final, todo suma.

Además, hay otro detalle importante. Muchos de esos productos están diseñados para personas en activo. Cuando llega la jubilación, existen alternativas más adaptadas, con menos condiciones o directamente sin comisiones. Pero claro, si no se revisa, todo sigue funcionando igual que antes.

Cambiar hábitos con el banco también forma parte de la jubilación

Muchas veces se habla de reorganizar el día a día al jubilarse, pero no tanto de revisar la parte financiera. Y, sin embargo, debería ser casi una de las primeras cosas a hacer y más si tenemos en cuenta que el cambio de ingresos obliga a ajustar gastos, y ahí es donde este tipo de productos cobran importancia.

Pero no se trata de hacer algo complicado, sino que de hecho, suele ser más sencillo de lo que parece. Basta con sentarse un rato, mirar qué cuentas hay abiertas, qué tarjetas siguen activas y qué servicios están vinculados. A partir de ahí, se deben tomar decisiones y ver qué productos sobran y cuáles siguen siendo necesarios. En este sentido, el resumen anual que envían los bancos puede ser una herramienta bastante útil. Ahí aparece todo: comisiones, intereses, gastos…de modo que una forma clara de ver qué está costando realmente cada producto.

Un pequeño gesto que puede marcar la diferencia

El mercado bancario ha cambiado bastante en los últimos años. Hoy existen más opciones sin comisiones, cuentas específicas para pensionistas o productos mucho más flexibles. Pero lo curioso es que muchas veces ni siquiera hace falta cambiar de banco para ahorrar, basta ir a hablar con el gestor bancario, repasar qué se tiene contratado y anular todo aquello que ya no sirva, y que se pueda anular claro está.

De este modo seguramente nos veremos cerrando una cuenta que no tiene movimientos, cancelando una tarjeta que no se utiliza o revisando un seguro que ya no encaja, algo que en una etapa donde los ingresos suelen ser más ajustados, tiene bastante más importancia de lo que parece.

Además, no es algo que haya que hacer solo una vez. Igual que se revisan otros aspectos de la vida cotidiana, también conviene echar un vistazo de vez en cuando a los productos bancarios a medida que vamos cumpliendo años (no sólo al llegar a la jubilación).  Al final, el objetivo no es complicarse, sino justo lo contrario, quedarse con lo que realmente se utiliza y evitar pagar por lo que ya no aporta nada.