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Economía

Bruselas blinda ya el acero europeo con aranceles del 50% para frenar la avalancha de importaciones chinas

La UE reducirá un 47% el volumen de acero que puede entrar sin impuestos y endurecerá los controles sobre el origen

  • Jose de la Morena
  • Jose de la Morena, periodista especializado en economía desde hace más de 15 años, desarrolla su labor en el campo de la comunicación desde el prisma de las tendencias, los números y resultados de las distintas compañías. Una tarea que le ha llevado a conocer a fondo el mundo empresarial. Ha trabajado también en comunicación corporativa y como asesor para distintas marcas internacionales e institucionales.

Bruselas ha dado un paso decisivo para proteger a su industria siderúrgica frente a la creciente presión de las importaciones procedentes de terceros países, especialmente de China. Los Veintisiete aprobaron este lunes el nuevo marco de salvaguardias comerciales que permitirá reducir un 47% el volumen de acero que puede acceder al mercado comunitario libre de aranceles y elevar hasta el 50% los gravámenes para las importaciones que superen ese límite.

La medida entrará en vigor el próximo 1 de julio, justo cuando expiran las actuales salvaguardas adoptadas en 2018. Con esta reforma, Bruselas pretende responder al problema de la sobreproducción mundial de acero, una situación que ha presionado los precios internacionales y ha puesto en dificultades a numerosos fabricantes europeos durante los últimos años.

El nuevo sistema fija en 18,3 millones de toneladas anuales el volumen máximo de acero que podrá entrar en la Unión Europea sin pagar aranceles. A partir de esa cifra, las importaciones estarán sujetas a un gravamen del 50%, el doble del 25% que se aplicaba hasta ahora.

Desde el Consejo de la UE han defendido la necesidad de reforzar las herramientas de defensa comercial para garantizar la viabilidad de un sector considerado estratégico. «El acero es indispensable para la base industrial de Europa, su transición ecológica y su seguridad». El ministro de Energía y Comercio de Chipre, Michael Damianos, defendía así los productos de los países comunitarios.

Según explicó Damianos, el nuevo marco permitirá responder con mayor contundencia a las distorsiones del mercado internacional y ofrecer una mayor seguridad tanto a los productores europeos como a las industrias que utilizan acero como materia prima.

Más control sobre el origen del acero

Uno de los cambios más relevantes introducidos por la nueva regulación afecta a la trazabilidad de las importaciones. Bruselas quiere evitar que algunos productores esquiven las restricciones mediante transformaciones mínimas realizadas en terceros países.

Para ello, el origen del acero quedará determinado por el país donde el producto haya sido fundido y moldeado por primera vez, independientemente de posteriores procesos industriales realizados en otros territorios. Este mecanismo busca cerrar una de las principales vías utilizadas para sortear las limitaciones comerciales existentes.

Además, la Comisión Europea deberá tener en cuenta ese origen real a la hora de repartir las cuotas nacionales de importación y podrá revisar anticipadamente el alcance de las medidas para estudiar una eventual ampliación del número de productos siderúrgicos afectados.

China, en el punto de mira

Aunque la normativa tiene alcance global, la principal preocupación de Bruselas sigue siendo el exceso de capacidad productiva existente en China. El gigante asiático concentra buena parte de la producción mundial de acero y ha sido señalado en numerosas ocasiones por inundar los mercados internacionales con producto a bajo coste.

La Comisión Europea considera que esta situación genera importantes distorsiones competitivas para los fabricantes comunitarios, que deben asumir costes energéticos, laborales y medioambientales significativamente superiores.

El acuerdo aprobado este lunes también contempla un tratamiento específico para Ucrania. La UE reconoce que la industria siderúrgica ucraniana se ha visto especialmente perjudicada por la invasión rusa y, por ello, contará con condiciones diferenciadas dentro del reparto de cuotas de importación.

Con estas medidas, Bruselas busca garantizar la supervivencia de uno de los sectores considerados esenciales para la autonomía estratégica europea, en un momento en el que la industria comunitaria afronta una creciente competencia internacional y un complejo proceso de transformación energética.