Economía
Más problemas para un eventual nuevo Gobierno de Sánchez

La caída de la inflación en 2024 hundirá los ingresos del Estado y complicará la reducción del déficit

El más que probable descenso de la inflación durante 2024 como consecuencia de las reiteradas subidas de tipos de interés del Banco Central Europeo (BCE), actualmente en el 4,25%, tendrá un impacto muy notable sobre los ingresos del Estado y complicará extraordinariamente la reducción del déficit público el año próximo, poniendo en riesgo el cumplimiento de las reglas fiscales de la UE, que comenzarán a entrar de nuevo en vigor a partir de enero.

Durante el presente ejercicio, y según los datos que maneja la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), el Gobierno tendrá una recaudación extra de más de 12.000 millones como consecuencia del efecto de la inflación así como de la subida de los salarios y principalmente de las pensiones -en un 8,5%-, que han provocado en la mayoría de los casos un salto en la escala del Impuesto sobre la Renta. A pesar de estos ingresos sobrevenidos, los gastos del Estado han venido creciendo muy por encima, de manera que el déficit público sigue fuera de control y muy lejos de los objetivos que volverá a fijar la Comisión a partir de 2024.

Aunque el actual Gobierno en funciones ha previsto que el desequilibrio presupuestario se sitúe al acabar este año en el 3,9%, los principales servicios de estudios del país creen que sobrepasará con creces el 4% debido a las diversas subvenciones y ayudas puestas en marcha por el Ejecutivo para los colectivos más variopintos, que tienen el efecto perverso de poder  convertirse en estructurales, de difícil regresión, sobre todo si el actual presidente en funciones, Pedro Sánchez, logra de nuevo ser investido y es capaz de formar Gobierno.

En el Plan de Estabilidad remitido a Bruselas por la vicepresidenta y ministra de Economía, Nadia Calviño, se fija el compromiso de reducir el déficit hasta el 3% del PIB en 2024, pero la caída progresiva del maná de ingresos provocado por la inflación complica mucho lograr esta meta. La aportación de ingresos provocada por el intenso aumento de los precios en 2022 y la primera mitad de este año es la que explica la oposición frontal del Gobierno a deflactar la tarifa del Impuesto sobre la Renta, que es uno de los estandartes principales del Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo, y que ha sido igualmente reclamada por los empresarios y la mayoría de los expertos a fin de restaurar la posición financiera de las familias.

Aunque la inflación en España es actualmente de las más bajas de la UE -está actualmente en el 2,6%- lleva dos meses repuntando y no es descartable que siga subiendo hasta finales de año: podría situarse en el entorno del 4,5% debido a los efectos de la sequía -que presionará todavía más al alza los precios de los alimentos- y al repunte que está experimentando el barril de petróleo. No cabe duda, sin embargo, de que la inflación volverá a ir progresivamente a la baja a lo largo de 2024 porque los efectos del endurecimiento de la política monetaria son implacables, según el BCE.

El consumo y la inversión

El banco central calcula entre 12 y 18 meses el plazo en que aquellos se dejan sentir en la marcha de los precios, pero acaban por hacerse presentes por varias vías, entre ellas la contracción del crédito -como demuestra la caída acelerada de la firma de hipotecas-, el encarecimiento de la financiación de las empresas así como de los hogares con planes de adquisición de algún tipo de bien o servicio. El resultado combinado de todas estas circunstancias está ya siendo una desaceleración del consumo y de la inversión, que también se traducirá en una merma de los ingresos del Estado y en dificultades crecientes para ajustar el déficit público a los objetivos establecidos por la UE.

La tendencia a la baja del consumo y de la inversión, no sólo en España, sino en el conjunto de la UE, está afectado especialmente al sector industrial y manufacturero, induciendo igualmente un descenso del comercio internacional -las exportaciones-.

La actividad del sector manufacturero se desplomó en agosto por quinto mes consecutivo y alcanza mínimos anuales, según el Índice de Gestores de Compras (PMI, por sus siglas en inglés). El índice ha pasado de los 47,8 puntos a los 46,5. Así lo refleja la encuesta elaborada por S&P Global y Hamburg Commercial Bank. La caída del índice en agosto fue resultado de la contracción en los volúmenes de pedidos en cartera.

El total de nuevas solicitudes disminuyó por quinto mes consecutivo por la fragilidad de la demanda, y la última reducción ha sido la más intensa desde que comenzó la pandemia. «La debilidad proviene sobre todo de la demanda interna. Mientras que los nuevos pedidos de exportación disminuyeron aproximadamente al mismo ritmo que en julio, la desaceleración de las nuevas demandas en conjunto se intensificó marcadamente», según los autores del informe.