Bankia repartió ayudas públicas mientras había sido rescatada, indica un inspector
El inspector del Banco de España José Antonio Casaus ha reconocido este martes en el juicio por la salida a bolsa de Bankia que fue un "error" incluir en un informe fechado en marzo de 2011 que los saneamientos realizados eran "suficientes" para afrontar el deterioro de activos inmobiliarios y crediticios.
El inspector del Banco de España José Antonio Casaus ha recordado este martes en el juicio por la salida a bolsa de Bankia que los gestores de la entidad, que la habían llevado a recibir ayudas públicas, repartían bonus a directivos y empleados, algo que en su opinión tiene «indicios de delito».
Casaus, que declara hoy como testigo a petición de la Confederación Intersindical de Crédito (CIC), sindicato de las antiguas cajas que ejerce la acusación popular, ha supervisado Caja Madrid desde el año 2009, y en respuesta a la fiscal Carmen Launa ha explicado que «unos gestores que recibían ayudas públicas no estaban bien considerados por el mercado, lo cual es negativo para la gobernanza».
En su análisis, él y el resto de inspectores observaron cosas que no les gustaron «nada»; cuando las cosas van mal «hay que recortar plantillas y sueldos, y lo que veías era una alegría, la gente se iba a su casa cobrando más que cuando trabajaba».
Esos bonus, ha relatado, estaban ligados a objetivos de crecimiento, que estaban «muy lejos de conseguirse»; en concreto, en un momento dado hubo un bonus de 150 millones de euros que los gestores justificaron diciendo que iban a sumar el negocio de las otras cajas, algo «que no podía ser».
El problema, ha señalado Casaus, es la rentabilidad «de Caja Madrid y Bancaja», que ya en un informe de marzo de 2011 elaborado por su equipo «se ve que no tenía ninguna viabilidad».
En un informe fechado el 31 de marzo 2011, relativo a las cuentas de 2010, sobre la integración de las siete cajas, se afirma que «los saneamientos realizados en los tres últimos años contra reservas son suficientes para afrontar el deterioro de los activos crediticios e inmobiliarios» de los dos ejercicios siguientes.
Casaus ha relatado que informaron al entonces número dos de supervisión del Banco de España, Pedro Comín, de que en opinión de los inspectores que hacían el seguimiento del grupo «faltaban 7.000 u 8.000 millones» de saneamientos.
Según el relato de Casaus, Pedro Comín les dijo «oye mira, no más inventos, o lo metéis o no lo metéis», y a sugerencia de éste optaron por añadir el párrafo que daba por buenos los saneamientos, algo que ahora ve como un error que contradice todo lo que dijo antes, «un error de coraje», que en último término admitieron porque la entidad había empezado a hacer refinanciaciones.
Se trataba de algo «que no comprometía mucho», ha explicado, algo que siendo un error lo admitieron.
Estaban terminando 2010, era la segunda ronda de refinanciaciones «intentando blindar 2011 y 2012», y cabía la posibilidad de que no afloraran esos deterioros.
Pero el Gobierno aprobó un decreto con mayores exigencias para el sector, «llegó el señor Guindos, sin él no hubiera aflorado», y además «la banca extranjera rompió la baraja», dispuesta a todo con tal de «salir de España», aunque ya antes del decreto de De Guindos había empezado a salir la banca extranjera.
Casaus, que comenzó a supervisar Caja Madrid en 2009, ha explicado que la entidad necesitaba más de 16.000 millones de euros antes de la fusión, frente a los apenas 7.000 que estimó AFI en un informe, cantidad que a su juicio «se quedaba muy corta» y que en su opinión superaba los 16.000.
Según ha relatado, lo que quedó claro es que quedaban saneamientos pendientes, y que fruto de una decisión estratégica esos saneamientos «había que hacerlos contra patrimonio en la fusión», o de lo contrario se tendrían que hacer más adelante «contra resultados, y das pérdidas y se va todo al garete».
La entidad optó por «hacerlo contra patrimonio y contratar a una auditora que te lo viste muy bien; podías dejar las cuentas bonitas, pero no podías sanear demasiado porque entonces te quedabas corto de capital y tenías otro problema».
Los gestores «hicieron lo que podían hacer antes de los requerimientos de capital, jugando al gato y al ratón», ya que «si hacías demasiados saneamientos los pies de la solvencia se te quedaban fríos».
Era un momento, ha recordado la «incertidumbre bestial», una época «nada fácil para gestionar o supervisar», a lo que hubo que sumar los test de estrés de la autoridad bancaria europea (EBA) y la burbuja financiera «financiada por países extranjeros a los que devolver el dinero».
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