Naufragó el Real Madrid en Da Luz y se ahogó el efecto Arbeloa. Los blancos, en un partido infame, perdieron 4-2 ante el Benfica y se quedan fuera de los ocho primeros de la Champions, así que Pintus no podrá tener la pretemporada que quería. Sólo Mbappé, que logró otro doblete, estuvo a la altura de lo que demanda la historia de este club en la Copa de Europa. El resto se lo deberían hacer mirar.
Arbeloa se las veía con Mourinho, maestro, mentor y padre adoptivo, en su visita del Da Luz, hogar del Benfica y el estadio donde la cabeza de Sergio Ramos empujó al Real Madrid a su lugar en la eternidad y dejó al Atleti en su sitio entre los mortales. Y precisamente el Madrid se jugaba asegurar su puesto entre los ocho primeros de la Champions para evitarse la incómoda eliminatoria de play-in. El técnico madridista, que ya tiene su once configurado en tres partidos, debía enviar al banquillo a Camavinga, Güler o Mastantuono. Eligió a Camavinga. Valiente.
El regreso de Tchouaméni, intocable para Arbeloa igual que para los que le precedieron y los que le sucederán en el banquillo del Real Madrid, devolvía al equipo el tapón de la bañera, así que El Espartano eligió rodearle de Güler y Bellingham a costa de sacrificar músculo por fútbol. Para que se lo apunten sus haters. No había novedades atrás donde formaban Courtois, Valverde, Asencio, Huijsen y Carreras. Tampoco adelante donde repetían el trío Vinicius, Mastantuono y Mbappé. Un once que, a falta de los regresos de Trent y Militao a la defensa, ofrecía garantías para cumplir el objetivo de rescatar al menos un punto en Da Luz.
Eran las nueve en todos los relojes cuando arrancó el Benfica-Real Madrid, igual que los otros 17 partidos que abrochaban la última jornada de la fase liga de la nueva Champions, una Superliga de garrafón con muchos partidazos pero también con demasiada morralla de por medio. Y salieron los de Arbeloa como el hermano de Pedro Sánchez: enchufados. Replegó el Benfica en su propio campo y trató de estrecharlo. Rascaba el equipo de Mou en los duelos pero no se arrugó el Madrid. Diluviaba en Lisboa.
Reparte el Benfica
Patinaba el césped de Da Luz y provocaba choques en los duelos. Schjelderup dio el primer susto local con un disparo en la frontal al que respondió lanzándose al resbalillo Fede Valverde. Fue córner y de resultas del mismo casi marca el Benfica en un rechace a dos metros de la portería que le cayó a Araujo. Avisaban los de Mourinho en ataque y no hacían prisioneros en defensa. Entraban con pies, brazos, codos y dientes. Vinicius era su víctima preferida. Al brasileño le estaban repartiendo palos para hacer un fuerte.
El Real Madrid dominaba pero el Benfica no le dejaba vivir. Los de Mou dieron el segundo aviso en el x en una acción en la que Pavlidis le comió la tostada a Asencio pero, en lugar de rematar de primeras ante Courtois, quiso controlar y la pelota se le escapó como si fuera un conejo. Se descosía el Madrid y apretaba el Benfica.
La cosa tenía mala pinta y se puso peor cuando Bellingham entró por detrás a Prestianni dentro del área. El argentino se tiró como si le hubiera disparado un francotirador y el colegiado se fue al punto de penalti. La repetición dejaba en mal lugar al árbitro, porque Bellingham tocó la pelota. Menos mal que en la Champions en VAR funciona y advirtió al colegiado para que rectificara. Para alivio de Arbeloa lo hizo.
Sufría el Madrid, que pudo encajar el 1-0 en una jugada en la que Asencio descolocó a la defensa, Valverde no atinó a despejar y la pelota le cayó al bullicioso Prestianni, que sacó un disparo venenoso que rozó con los dedos Courtois y se estrelló en su propio travesaño. Naufragaba el Madrid sin centro del campo porque Bellingham era delantero y Güler invisible. En el 23 llegó el segundo palo consecutivo del Benfica, otra vez en los pies de Prestianni, que estaba en todos los fregaos.
Sufre el Madrid
El Madrid no paraba de jugar con fuego. El Benfica merecía la victoria pero el gol le hacía la cobra. En el otro área sin noticias de Mastantuono, Vinicius o Mbappé. Pero Kylian sólo necesita que le den un balón, uno solo para ganarte un partido. Y así fue la cosa. Los de Arbeloa hicieron una jugada larga, de toque, puede que la primera del partido. Se hundió en su área el Benfica y la pelota cayó en los pies de Asencio, que aparecía casi en la zona del extremo derecho. El canterano la puso templadita al segundo palo y allí apareció Mbappé para cabecear con violencia y lograr un 0-1 meritorio e inmerecido.
El tanto tranquilizó al Real Madrid, que pudo lograr el 0-2 en un cabezazo de Asencio a la salida de un córner. Lo evitó el meta Trubin con una mano salvadora para el Benfica. Y del posible 0-2 del Madrid nos fuimos al empate. Fue una acción desgraciada en la que Asencio, que siempre va demasiado forzado, se resbaló ante Pavlidis y cayó como un fardo. El griego la puso al segundo palo donde, libre de marca porque llegó tarde Valverde, cabeceó Schjelderup y su remate se coló entre las piernas de Courtois.
Con Mourinho en éxtasis tocó a rebato el Benfica, que pudo lograr el segundo en una contra en la que no regresó nadie en el Real Madrid y que milagrosamente sacó bajo palos Fede Valverde. En el subsiguiente córner pudo marcar Barreiro con un cabezazo a bocajarro en el segundo palo. Era más fácil meterla dentro pero la echó al lateral de la red.
Naufragaba el Real Madrid y Mbappé dio el susto al echarse al suelo. No era nada, sólo una advertencia para que el árbitro supiera lo que estaba repartiendo el Benfica. Lo peor para Arbeloa llegó en el descuento cuando Tchouaméni sujetó dentro del área a Otamendi, que se tiró al suelo para que picara Davide Massa. Lo hizo y señaló el punto de penalti. El VAR no quiso corregir. La pena máxima la ejecutó Pavlidis, que tiró fuerte y por el centro y puso el 2-1 y al Madrid con un pie fuera del top-8.
Dimisión colectiva
Arbeloa, que podía haber cambiado a medio equipo en el descanso, no cambió a nadie. Trató de dominar el Real Madrid en la reanudación y Vinicius tuvo el empate en su cabeza tras el pase de Mbappé, pero no remató, despejó. Calentaban Camavinga y Rodrygo. Ahora retrocedía el Benfica, que protegía su valioso botín de tres puntos. En el Madrid seguían naufragando casi todos, sólo con las excepciones de Fede Valverde y Tchouaméni, que sí habían entendido lo que demandaba el partido.
Sí lo hizo Schjelderup, que destrozó la cintura de Asencio en el área grande y se sacó un disparo seco, raso y al palo corto ante el que no pudo reaccionar a tiempo Courtois. El Real Madrid continuaba su naufragio de Champions y Arbeloa hizo dos cambios de golpe: Camavinga por Tchouaméni y Rodrygo por Mastantuono.
Por suerte para Arbeloa al Real Madrid siempre le quedará Mbappé. El francés, de largo el mejor jugador del equipo, aprovechó una buena jugada de Arda Güler en el costado derecho, se quedó emboscado en el punto de penalti y marcó con un toque sutil. Aún había vida para un Madrid moribundo en Da Luz.
El partido estaba roto porque el Benfica ya no podía correr más. Aparecieron los espacios y con ellos Bellingham, que desperdició una ocasión clarísima en el 64 tras una buena asistencia de Vinicius. El Real Madrid trató de encerar en su área a los de Mourinho pero no daban una a derecha. Arbeloa ya hizo un triple cambio a la desesperada: fuera Huijsen, Carreras y Güler, dentro Alaba, Brahim y Cestero.
Al Real Madrid le quedaban diez minutos más el alargue para enderezar el entuerto en el que se había metido y que, salvo carambola en los otros partidos, le iba a dejar fuera de los ocho primeros de la Champions. Los jugadores de Arbeloa miraban sus móviles para comprobar el resto de los resultados por si sonaba la flauta.
Courtois hizo un paradón a un remate a bocajarro de Barreiro para mantener al Real Madrid en el partido. Cargaban el área los de Arbeloa en busca de un empate milagroso, pero no tenían ni pausa ni lucidez. Sólo Brahim parecía capaz de crear peligro en la pobladísima zaga del Benfica. La tuvo Mbappé casi en el 90 pero Trubi sacó el mano a mano. Fue la última ocasión de un Real Madrid que naufragó en Lisboa y acabó de un plumazo con el efecto Arbeloa y con la necesidad de hacer una pretemporada en febrero. Le tocará, igual que el año pasado, jugar la eliminatoria previa de play-in.
Eso sí, sin Asencio ni Rodrygo, expulsados ambos en las postrimerías del partido. Y con un golazo del portero Trubi para abrochar el definitivo 4-2 en el 96, al más puro estilo Sergio Ramos, para meter in extremis al Benfica entre los 24 clasificados. El desastre del Real Madrid fue tan enorme como la alegría de Mourinho, merecidísima, al final del partido.