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Estéban Lepaul se sincera

El drama del máximo goleador de Francia: «Tuve que desconectar a mi padre y le pedí perdón»

Estéban Lepaul, jugador del Rennes, es en estos momentos el máximo goleador de la Ligue 1

A sus 25 años, Lepaul sabe lo que es pasarlo mal tanto a nivel deportivo como personal

Tuvo que desconectar a su padre tras un accidente: "Simplemente le pedí perdón"

Estéban Lepaul, jugador del Rennes, es en estos momentos el máximo goleador de la Ligue 1. En Francia se rinden al futbolista, que tras una carrera nada sencilla ha conseguido llegar a la élite y ser uno de los grandes nombres propios del campeonato. Su club pagó por él casi 14 millones de euros, y está cumpliendo con creces sobre el terreno de juego con goles y un rendimiento a la altura de los mejores. A sus 25 años, Lepaul sabe lo que es pasarlo mal tanto a nivel deportivo como personal, especialmente tras el fallecimiento de su padre.

El delantero galo, que no ha sido internacional con Francia nunca y tampoco con las categorías inferiores, igualó a Joaquín Panichelli, lesionado de larga duración, en lo más alto de la tabla de máximos goleadores con 16 tantos, superando a nombres como Greenwood o Edouard. La vida le debía una a Lepaul, con una historia a sus espaldas que es un auténtico drama.

Su padre, Fabrice, ganó una Liga (1995-96), dos Copas (1993-94 y 1995-96) y una Intertoto (1997) con el Auxerre. Sin embargo, su prometedora carrera se vio truncada por el grave accidente de tráfico que sufrió en octubre de 1997. «Mi padre salió con medio cráneo destrozado y fracturas increíbles. Estuvo 15 días en coma. La evaluación inicial fue que quedaría en silla de ruedas y no volvería a caminar. Su pasión por el fútbol se hizo añicos. Ya no quería jugar», cuenta en una entrevista para L’Equipe.

La historia de Estéban Lepaul

Un nuevo accidente de tráfico, en mayo de 2020, le acabó costando la vida. «Iba conduciendo por una carretera que usábamos todos los días y se salió de la carretera. No tenemos explicación. Llegué al hospital y dos cirujanos me dijeron: ‘Tenemos que hablar’. Me dijeron que tenía una herida profunda en la cabeza, que había sangrado mucho, que había entrado en muerte cerebral y que no iba a despertar. Me quedé completamente impasible», cuenta.

«Había dos posibilidades. O le desconectaban o dejaban las máquinas encendidas porque su corazón funcionaba perfectamente. Dije: ‘No, apaguen las máquinas’. Sólo yo podía hacerlo. Al día siguiente, cuando apagaron las máquinas, estaba junto a mi padre. Simplemente le pedí perdón, porque era la única vez que le daba medicamentos. Él nunca los tomaba, pero les dije a los médicos: ‘No voy a quedarme aquí 107 años. Esto tiene que terminar en una hora», añade Estéban Lepaul.

El jugador también tuvo momentos complicados en su carrera: «Fue un periodo difícil de mi vida. Perdí a mi padre y, a principios de julio, no tenía equipo. Salí del Lyon el año del COVID-19. Todo era un desastre, pero en ningún momento pensé en dejar el fútbol. Fiché por Épinal, de National 2 (Cuarta división)». Pero su paso por el Angers acabó cambiándolo todo, explotó al máximo nivel y se ganó su fichaje por el Rennes: «No me ha beneficiado ni perjudicado el apellido. No he recibido ningún trato especial. Somos demasiado diferentes. Él era un extremo bajito, de 1,70 y zurdo. Yo soy todo lo contrario: delantero centro, de 1,80 y diestro». Un Lepaul que dedica todos los goles a su padre, apuntando al cielo: «Las personas que nos abandonan siempre nos vigilan. Estoy convencido».