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Cantabria

Qué significa la franja roja y blanca de la bandera de Cantabria: historia y origen de los colores

A finales de julio, con el calendario acercándose a una de las fechas más señaladas en Cantabria, muchos se preguntan cuándo es realmente el día de la comunidad y no es una duda menor ya que a diferencia de lo que ocurre en otras regiones, aquí no existe una jornada oficial fijada en el Estatuto de Autonomía, lo que hace que muchos no tengan claro qué se celebra exactamente sino que lo que se tienen son dos fechas marcadas. El 28 de julio se conmemora el Día de las Instituciones de Cantabria en Puente San Miguel, una jornada más formal que recuerda la constitución de la antigua provincia en 1778.

Poco después, ya en agosto, llega el llamado Día de Cantabria o Día de La Montaña, que se celebra en Cabezón de la Sal y tiene un ambiente mucho más festivo. Y este 2026, será el 9 de agosto. Y con este contexto, hay un elemento que siempre aparece en ambas citas y que es la bandera que se puede ver en balcones, en actos oficiales, en celebraciones populares. Todo el mundo la reconoce ya que se caracteriza por tener dos colores, blanco y negro y un escudo en medio, pero no tantos saben de dónde salen precisamente esos colores ni por qué se han mantenido prácticamente intactos con el paso del tiempo.

Por qué la bandera de Cantabria es blanca y roja

La explicación más repetida lleva al siglo XIX y en concreto, a una Real Orden firmada el 30 de julio de 1845 que establecía que cada provincia marítima debía tener unos colores propios para identificar a sus barcos. A Santander, que entonces englobaba el territorio cántabro, le correspondieron el blanco y el rojo. Así de simple y con el tiempo, esos colores dejaron de ser algo práctico, ligado al mar, y pasaron a convertirse en una seña de identidad.

Ahora bien, no todo es tan claro. Hay historiadores que sostienen que esos colores ya se utilizaban antes, incluso desde el siglo XVIII, en embarcaciones y tropas de la zona. Es decir, que la orden no habría inventado nada, sino que habría puesto por escrito algo que ya existía. El problema es que no hay acuerdo si bien otros autores han cuestionado esas pruebas y consideran que no son concluyentes. Así que, como ocurre muchas veces con los símbolos, hay más de una versión conviviendo. Y probablemente siga siendo así durante mucho tiempo.

El barco del escudo y su significado

Si los colores generan dudas, el escudo tampoco se queda atrás. En el centro de la bandera aparece un barco que ha dado pie a todo tipo de interpretaciones. Algunos lo relacionan con la Corona de Castilla. Otros prefieren una lectura más directa y que tiene que ver con el mar como parte esencial de la historia de Cantabria. Y ahí, en realidad, es donde hay menos discusión.

Cantabria ha vivido durante siglos mirando al mar. La pesca, el comercio, los puertos, todo eso forma parte de su desarrollo. Por eso, más allá de teorías concretas, el barco funciona como un símbolo bastante claro de esa relación. No hace falta complicarlo demasiado. Representa una idea sencilla: resistencia, esfuerzo, adaptación. La vida en un entorno que nunca ha sido fácil. Y eso, aunque no siempre se explique, se entiende bastante bien cuando se ve el conjunto de la bandera.

El lábaro cántabro, el otro símbolo que cada vez se ve más

En paralelo a la bandera oficial, hay otro elemento que ha ido ganando protagonismo en los últimos años: el lábaro cántabro. No sustituye a la bandera, pero cada vez aparece más. Su origen se remonta a un estandarte antiguo conocido como cantabrum, utilizado en época romana. Lo que se ve hoy es una reinterpretación moderna: fondo rojo granate y un símbolo central inspirado en las estelas cántabras.

El reconocimiento institucional llegó en 2016. El Parlamento aprobó una proposición no de ley impulsada por ADIC en la que se le daba valor como símbolo identitario. Sin reemplazar a la bandera oficial, eso sí. Desde entonces, su presencia ha crecido y se ve en fiestas, en eventos culturales, en manifestaciones. Para muchos, tiene un componente más emocional, más ligado a la historia profunda de la región, algo que no siempre recoge la bandera institucional.

Lo curioso es que, pese a su presencia constante, mucha gente no se había parado a pensar en el origen de esta bandera hasta hace relativamente poco. Está ahí, forma parte del paisaje, pero rara vez se cuestiona. Y, sin embargo, en momentos como el verano, cuando se concentran celebraciones y actos públicos, vuelve a cobrar protagonismo. No sólo como un elemento decorativo, sino como una forma de identificación colectiva. Quizá por eso surgen tantas preguntas en torno a sus colores o a su historia. Porque, al final, detrás de una bandera siempre hay algo más que diseño.