Edad de Hierro

Qué es un druida

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Cómo era un druida

Si miramos atrás en la historia de la humanidad, podemos encontrar todo tipo de figuras que han habitado el mundo. Una de ellas, considerada entre las más misteriosas, era la del druida. Pero, ¿a qué se dedicaban exactamente estos singulares personajes? Veamos en qué consistía exactamente su labor.

La figura de los druidas nace como clase sacerdotal en ciertas regiones de Europa durante la Edad del Hierro. Se podían encontrar principalmente en Gran Bretaña e Irlanda, pero también en la antigua Galia y el norte de Italia, en el noroeste de España y en todos los espacios donde la cultura céltica tuvo algún tipo de influencia.

La función principal del druida no está clara, ya que, dependiendo de la zona en la que desarrollase su labor, podían actuar de una forma u otra. Por ejemplo, si miramos históricamente a Irlanda, observamos un trabajo principalmente sacerdotal. Sin embargo, en la parte de Gales sus encargos eran más bien proféticos, en cuyo caso se imbuían del conocido awen, o sea, la inspiración, y también actuaban como bardos.

El mundo del druida

Es difícil establecer con exactitud la labor de estos druidas en sus sociedades, ya que no escribían y no han llegado hasta nosotros textos sobre su trabajo.

Por fortuna, sí que podemos saber sobre estos extraños chamanes celtas a través de los historiadores y escritores clásicos, principalmente en tiempos de la antigua Grecia y el Imperio Romano, cuyos autores sí que redactaron extractos sobre los trabajos de esta clase sacerdotal céltica.

El tiempo de presencia druídica en la cultura europea fue bastante pronunciado. Se cree que proceden de la Edad de Hierro, como hemos comentado, pero podrían ser bastante más antiguos.

Posteriormente, también escritores irlandeses han elaborado escritos durante la Edad Media sobre los trabajos druídicos y sus sacerdotes célticos, por lo que podría ser que su presencia en Europa se hubiera alargado durante siglos hasta hace unos 500 años aproximadamente.

No obstante, la mayor parte de pruebas sobre las prácticas religiosas de los druidas proceden de la Edad del Hierro, aunque no se ha podido asociar de forma indudable a su labor.

Por cierto, el trabajo de estos druidas pudo ser muy variado. Tenían estatus social elevado en sus pueblos, pero no se saben sus prácticas exactas, aunque se creen que podían creer en la reencarnación e incluso realizar sacrificios humanos.

Aun así, se los consideraba en ocasiones también como maestros e incluso jueces o curanderos. Su culto se basaba en el animismo, sus altares se establecían en bosques y grutas, siendo el roble el árbol sagrado, y se supone que se podían convertir en animales o volverse invisibles.

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