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Los psicólogos coinciden: las personas que tienen su habitación desordenada no es que sean perezosas, sino que les cuesta más asumir responsabilidades individuales

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Los psicólogos coinciden en que tener la habitación desordenada no responde a la pereza, sino a una mayor dificultad para asumir responsabilidades individuales y sostener rutinas diarias.

No existe, sin embargo, un consenso absoluto que vincule el desorden exclusivamente con la falta de responsabilidad, y la psicología moderna ofrece varias interpretaciones distintas sobre lo que revela una habitación desordenada.

Algunos estudios, como los realizados en la Universidad de Minnesota, señalan que los entornos desordenados pueden estimular la creatividad y la búsqueda de soluciones poco convencionales. Otros psicólogos apuntan al desorden repentino como un síntoma de saturación mental, estrés o ansiedad, mientras que en el modelo de los cinco grandes rasgos de la personalidad, un nivel bajo de responsabilidad no implica pereza, sino una preferencia por la espontaneidad frente a la estructura.

Por qué es difícil mantener el orden según la psicología

Ordenar exige tomar decisiones constantes sobre qué guardar, qué tirar y dónde colocar cada objeto, y cada una de esas decisiones consume energía mental. Las personas con la mente saturada sufren lo que los psicólogos llaman fatiga de decisión, y postergan la tarea para evitar ese desgaste adicional.

Las funciones ejecutivas, las habilidades cerebrales que permiten planificar y secuenciar acciones, también entran en juego. Empezar a ordenar una habitación exige dividir un problema grande en pasos pequeños, y cuando el cerebro no sabe por dónde comenzar, tiende a paralizarse, un patrón habitual en personas con estrés crónico, ansiedad o TDAH.

El apego emocional a los objetos añade otra capa de dificultad. Guardar algo activa a menudo recuerdos o la idea de que «lo usaré algún día», y desprenderse de ello genera pequeños duelos que la persona prefiere evitar postergando la decisión.

A esto se suma el umbral de tolerancia al caos, cada cerebro procesa los estímulos visuales de forma distinta, y quienes tienen un umbral más alto no perciben el desorden como una molestia urgente, por lo que priorizan otras tareas que consideran más productivas.

Pasos para mejorar el orden en tu casa, según la psicología

Reducir la fatiga de decisión es el primer paso. La regla de «uno entra, uno sale» obliga a desprenderse de un objeto viejo cada vez que entra uno nuevo, y tomar decisiones binarias, sin pensar dónde acomodar cada cosa sino solo si se queda o se va, evita el desgaste del perfeccionismo excesivo al clasificar.

Activar las funciones ejecutivas con microtareas ayuda a evitar la parálisis inicial. Dividir el espacio en partes pequeñas, como un cajón o una mesita de noche, y usar un temporizador de 10 o 15 minutos permite avanzar sin la sensación de enfrentarse a una tarea inabarcable. La regla de los dos minutos, que consiste en hacer de inmediato cualquier tarea que dure menos de ese tiempo, evita que pequeñas acciones se acumulen.

Para gestionar el apego emocional, una caja con fecha límite permite guardar los objetos dudosos sin decidir de inmediato, y donarlos sin revisarlos si no se han abierto pasado ese plazo. Las cajas organizadoras opacas reducen además la fricción visual, y vincular el orden a un hábito ya automático, como recoger los platos mientras se prepara el café, facilita que la rutina se mantenga sin esfuerzo adicional.

Por último, ajustar el umbral personal de tolerancia también ayuda. Ordenar mientras se escucha música o un podcast distrae el esfuerzo mental que exige la tarea, y mantener siempre una superficie impecable, como la cama hecha o el escritorio despejado, funciona como un gancho visual que anima al cerebro a extender ese orden al resto del espacio.