La psicología lo avala: las personas que bajan la mirada al hablar con otras no lo hacen por falta de autoestima, es un mecanismo para manejar la tensión social
Personas que tienen más timidez pueden bajar la mirada al hablar o también pueden querer evitar la tensión social
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Hablar con alguien que baja continuamente la mirada puede hacernos pensar que es una persona insegura. También que le da vergüenza mantener el contacto visual o que, sencillamente, no se siente cómoda con la conversación. Son interpretaciones bastante habituales, pero la psicología explica mirar hacia el suelo mientras se habla no responde siempre a una falta de confianza.
A veces ocurre precisamente por la tensión que puede generar tener a otra persona delante y mantener su mirada. Apartar los ojos durante unos segundos rompe ese contacto y puede hacer que ese momento resulte menos intenso. También puede suceder cuando necesitamos pensar antes de responder o buscamos las palabras para explicar algo. Por eso, la psicología deja claro que fijarse únicamente en dónde mira una persona no basta para saber qué le está pasando.
Las personas que bajan la mirada al hablar con otras no lo hacen por falta de autoestima
La relación entre la mirada y nuestra forma de comunicarnos lleva muchos años interesando a los psicólogos. Michael Argyle y Mark Cook ya trataron esta cuestión en «Gaze and Mutual Gaze», publicado en 1976. Su trabajo sirvió para analizar qué papel tiene el contacto visual cuando dos personas interactúan y dejó algo importante: apartar los ojos puede tener significados diferentes según el momento en el que se produzca.
Durante una conversación los ojos están en continuo movimiento. Podemos mirar a quien está hablando y dejar de hacerlo justo cuando llega nuestro turno. También es habitual dirigir la vista hacia otro punto si estamos intentando recordar algo o buscamos la mejor manera de explicar una idea. Buena parte de esos movimientos se producen sin que siquiera reparemos en ellos. También influye quién está al otro lado. Con alguien cercano podemos sentirnos completamente cómodos, mientras que delante de un desconocido o de una persona que nos intimida nuestra forma de comportarnos cambia. Bajar la mirada puede aparecer entonces como una manera de hacer más llevadero ese momento, es decir, reducir la tensión social que se crea.
Por qué mirar a los ojos puede generar tensión
Mirar a nuestro interlocutor sirve para mostrar atención y forma parte de cualquier conversación cara a cara. Otra cosa es sostener esa mirada durante demasiado tiempo. Dependiendo de las circunstancias puede resultar incómoda e incluso llegar a percibirse como intimidante. Por este motivo, apartar los ojos rompe durante unos instantes ese contacto. La conversación no se detiene, pero la persona dispone de unos segundos en los que la presión de la mirada desaparece. Después puede recuperarla y continuar hablando.
El psicólogo Adam Kendon analizó la dirección de la mirada en las interacciones sociales y señaló las distintas funciones que puede cumplir. Una de ellas aparece precisamente cuando necesitamos una pequeña pausa antes de continuar hablando. Es fácil verlo cuando alguien recibe una pregunta que requiere pensar: mientras busca la respuesta, muchas veces dirige los ojos hacia abajo o hacia otro punto. En una situación así, interpretar automáticamente el gesto como falta de confianza puede llevarnos a equivocarnos. La persona quizá solo necesita unos segundos para ordenar lo que quiere decir.
La falta de autoestima puede influir, pero no siempre
La inseguridad también puede estar detrás de este comportamiento. Alguien tímido puede tener más dificultades para mirar directamente a los demás, sobre todo si se encuentra en un ambiente que no conoce o siente que está siendo observado. Por otro lado, el miedo al juicio también influye. Puede aparecer en una entrevista de trabajo, al conocer por primera vez a alguien o cuando se habla con una persona a la que se admira o que ocupa una posición de autoridad. En estos casos es posible que bajar los ojos proporcione cierta sensación de alivio.
Sin embargo, esa misma persona puede comportarse de una forma completamente distinta cuando está con amigos o familiares. Si el contacto visual cambia tanto dependiendo de la situación, resulta difícil utilizarlo por sí solo para decidir si alguien tiene mucha o poca autoestima.
Mirar hacia otro lado tampoco significa estar mintiendo
A la mirada se le atribuye además otro significado bastante extendido. Cuando alguien evita nuestros ojos podemos sospechar que está mintiendo o intentando esconder algo. Pero el simple hecho de mirar hacia abajo no permite saber si una persona está diciendo la verdad. Los nervios, por ejemplo, no aparecen únicamente cuando mentimos. Una pregunta inesperada puede provocar cierta incomodidad aunque la respuesta sea completamente sincera. También hay quien necesita apartar los ojos para pensar o simplemente porque mantener durante mucho tiempo el contacto visual le resulta desagradable.
Por eso importa observar cuándo aparece el gesto. Bajar la mirada unos segundos mientras se prepara una respuesta no es lo mismo que evitar los ojos durante toda la conversación. Incluso en este último caso haría falta conocer qué está ocurriendo alrededor y cómo se comporta normalmente esa persona, por lo que mirar hacia abajo no tiene una traducción única. Puede haber timidez o inseguridad, pero también nervios, necesidad de pensar o simplemente ganas de rebajar durante unos segundos la tensión del momento.
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