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Psicología

La psicología explica por qué algunas personas no soportan los abrazos: no siempre significa falta de cariño

  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

Para algunas personas, un abrazo es una de las formas más naturales de demostrar cariño. Para otras, puede resultar incómodo, invasivo o incluso desagradable. La diferencia no implica necesariamente una falta de afecto. La investigación científica sobre el contacto social demuestra que la percepción del tacto varía considerablemente entre individuos y depende tanto de la persona que toca como del contexto, la relación y las características sensoriales de quien recibe el contacto.

No todos sentimos igual

El contacto físico tiene una importante función social. Determinados tipos de tacto, especialmente las caricias suaves y lentas, activan sistemas sensoriales relacionados con la percepción afectiva y pueden favorecer sentimientos de seguridad y conexión. Sin embargo, esto no significa que todos los individuos experimenten un abrazo de la misma manera. La investigación sobre el tacto social demuestra que las preferencias personales presentan diferencias importantes.

La infancia también influye

La investigación científica respalda que las experiencias tempranas de contacto pueden formar parte de la llamada biografía táctil de una persona. Un estudio analizó cómo las experiencias afectivas relacionadas con el tacto a lo largo de la vida se relacionan con las diferencias individuales en el apego adulto y con la percepción de privación de contacto.

Esto no permite afirmar que una persona que no disfruta de los abrazos haya tenido necesariamente una infancia sin afecto. Es una conclusión demasiado simplista. Lo que muestran los estudios es que la historia personal puede contribuir a determinar qué significado damos al contacto físico, junto a otros factores como la personalidad, el contexto y las experiencias posteriores.

La sensibilidad táctil

La sensibilidad sensorial también puede desempeñar un papel importante. La investigación reciente sobre adultos autistas ha encontrado que, en promedio, presentan una menor preferencia por el contacto social, aunque la respuesta depende enormemente del contexto y del tipo de relación. Además, factores como la sensibilidad sensorial, la previsibilidad del contacto y la ansiedad relacionada con el tacto influyen en mayor medida en este grupo.

Pero este dato tampoco significa que no querer abrazos sea una señal de autismo ni de ningún otro trastorno. Una preferencia por mantener distancia física puede aparecer perfectamente en personas neurotípicas y formar parte de su personalidad, sus límites o sus experiencias.