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La psicología afirma que las personas que dejan decenas de pestañas abiertas en Internet no es porque sean desordenadas: la realidad es que se sienten inseguras

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Abrir el ordenador y encontrarse con una pestaña de trabajo, otra del correo y otra de una búsqueda a medias es tan habitual que casi nadie para a pensarlo y sin querer se termina acumulando cada vez más, hasta perder la cuenta de cuántas hay abiertas. Muchos lo atribuyen al simple desorden, pero la psicología ofrece una explicación distinta.

Investigadores de la Universidad Carnegie Mellon, en un estudio publicado en la revista ACM Transactions on Computer-Human Interaction, vinculan este hábito con la ansiedad y con el miedo a perder información relevante.

La afirmación de que quienes dejan muchas pestañas abiertas se sienten inseguros mezcla un hábito digital real con teorías sobre la ansiedad y la sobrecarga cognitiva, pero no constituye una regla absoluta de la psicología.

Detrás de esta conducta conviven varios factores: el miedo a perder información, un optimismo cognitivo que hace creer que habrá tiempo para leerlo todo más adelante, la memoria de trabajo utilizada como recordatorio visual de tareas pendientes, y un procesamiento multitarea habitual en quienes saltan de un proyecto a otro sin cerrar el anterior.

Cómo afecta al cerebro tener muchas pestañas abiertas

La memoria de trabajo humana solo procesa entre cinco y siete datos a la vez, y cada pestaña visible compite por esa atención limitada incluso cuando el usuario no la está mirando de forma consciente. El cerebro gasta energía procesando en segundo plano esa información residual, lo que reduce la capacidad disponible para la tarea principal.

El cambio constante entre pestañas tampoco es multitarea real, sino lo que los investigadores llaman conmutación de tareas, y puede costar hasta un 40% del tiempo productivo de una persona. Parte de la atención queda atrapada en la pestaña anterior tras cada cambio, lo que genera una fatiga cognitiva que aumenta los errores y ralentiza el trabajo.

El llamado efecto Zeigarnik añade otra capa de desgaste: el cerebro no se relaja ante tareas inconclusas, y cada pestaña abierta funciona como un recordatorio visual de un pendiente sin cerrar. Esa acumulación de ciclos abiertos genera estrés crónico y fatiga mental al final del día.

Abrir una nueva pestaña activa además el circuito de recompensa cerebral con pequeñas dosis de dopamina por encontrar información novedosa, un mecanismo que con el tiempo desensibiliza el sistema y dificulta la lectura o el pensamiento profundo.

Cómo reducir la sobrecarga de pestañas abiertas

Automatizar el orden con herramientas del propio navegador funciona mejor que confiar solo en la fuerza de voluntad. Extensiones como OneTab cierran de golpe todas las pestañas abiertas y las convierten en una lista de enlaces dentro de una sola pestaña, mientras que otras, como Toby, permiten guardar sesiones completas organizadas por categorías y abrirlas solo cuando se necesitan.

Cambiar el hábito de dejar pestañas abiertas «para leer más tarde» por aplicaciones de lectura posterior, como Pocket, Raindrop.io o Notion, permite guardar un artículo con un clic y cerrar la pestaña de inmediato, reservando un bloque semanal de unos 30 minutos para revisar esa lista.

Una carpeta temporal en la barra de marcadores, que se vacía al final de cada jornada, ofrece un espacio intermedio para guardar enlaces de una investigación puntual sin que queden flotando en el navegador de forma indefinida.

La medida más radical consiste en cerrar el navegador por completo antes de apagar el ordenador y evitar la opción de continuar donde se dejó la sesión. Empezar el día siguiente con una única pestaña en blanco ofrece al cerebro una sensación de orden y control que ninguna de las estrategias anteriores consigue por sí sola.