En la posguerra era un plato humilde pero hoy es el mejor potaje que te puedes comer en Semana Santa
El potaje de vigilia es uno de los platos más típicos de la Semana Santa
La lección vital de Albert Einstein para los adultos: "La madurez comienza a manifestarse cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos"
Marruecos está bombeando agua del Atlántico hasta el Sáhara para transformar 5.200 hectáreas de arena en enormes campos de cultivo
Los peluqueros profesionales instan a poner papel de aluminio en el pelo antes de dormir: por qué lo recomiendan y para qué sirve
Hubo un tiempo en el que comer no era una elección, sino lo que se podía. En muchas casas de la posguerra, el menú no se decidía por gusto, sino por necesidad, y de ahí salieron platos que hoy seguimos repitiendo casi sin pensar por qué. El potaje de vigilia es uno de ellos y lo curioso es que lo que empezó siendo una solución humilde, de las de aprovechar lo que había, ha acabado convirtiéndose en una de esas recetas que vuelven cada año cuando llega la Semana Santa, casi como si formara parte del calendario.
Y no es casualidad, ya que este potaje está muy ligado a la Cuaresma, un periodo en el que, durante generaciones, se evitaba comer carne en determinados días, especialmente los viernes. Eso obligaba a reorganizar la cocina doméstica y a buscar alternativas que llenaran, que alimentaran bien y que no fueran caras. Así es como entran en juego todo que lleva este potaje con los garbanzos, las espinacas y el bacalao en salazón, tres ingredientes que, juntos, resolvían mucho más de lo que parecía. El bacalao, de hecho, tenía un papel clave en todo esto. No era un pescado cualquiera. Al venir en salazón, podía conservarse durante semanas sin necesidad de frío, algo fundamental en una época en la que no existían neveras en la mayoría de hogares. Eso permitía tener siempre a mano una fuente de proteína que encajaba perfectamente con las restricciones de la Cuaresma. Y así, poco a poco, el potaje fue asentándose como un plato habitual en estas fechas de Semana Santa.
El mejor potaje que te puedes comer en Semana Santa
Más allá de lo gastronómico, hay una razón cultural y religiosa muy clara. Durante la Cuaresma, la tradición cristiana marcaba jornadas de abstinencia de carne. No era una recomendación, sino una práctica bastante extendida que se seguía en la mayoría de hogares.
Eso condicionaba directamente lo que se cocinaba, aunque no se trataba de hacer platos especiales, sino de adaptar lo que había a las normas del momento. Y ahí es donde el potaje de vigilia encajaba perfectamente dado que no lleva carne, tiene ingredientes accesibles y servía para alimentar a toda la familia. Con los años, esa repetición constante hizo que el plato quedara ligado a estas fechas. De este modo aunque no se cocina por obligación, sí que suele hacerse por costumbre y de hecho, su sabor nos lleva rápidamente a relacionarlo con la Semana Santa.
De comida de posguerra a plato que ya es tradición de Semana Santa
Durante décadas, el potaje de vigilia fue simplemente un plato más. No tenía ese aura especial que tiene ahora. Era práctico, llenaba y poco más. Pero el paso del tiempo ha cambiado la forma en la que se mira este tipo de cocina. Lo que antes era necesidad ahora se ve como tradición, y lo que antes era simple, ahora se aprecia por su sabor y su equilibrio.
Hoy, en muchos sitios, se cuida más el producto, se ajustan mejor los tiempos y se busca ese punto exacto en el que el guiso queda meloso, sin ser pesado. Y ahí es donde el plato gana muchísimo. Porque cuando está bien hecho, el potaje de vigilia no tiene nada de básico, sino que a medida que lo vas comiendo notas que tiene profundidad, sabor y tiene ese punto reconfortante que sólo encuentras en los platos de cuchara.
Cómo se hace el potaje de vigilia sin complicarse
No es una receta difícil, pero sí requiere respetar los tiempos. Los garbanzos, por ejemplo, necesitan remojo previo de modo que lo habitual es dejarlos la noche anterior para que luego la cocción sea más uniforme. El bacalao, si está en salazón, también requiere su proceso, cambiando el agua varias veces durante uno o dos días para quitar el exceso de sal.
A partir de ahí, el guiso se construye poco a poco. Primero se cuecen los garbanzos a fuego suave, sin prisas. En paralelo, se puede preparar un sofrito sencillo con ajo y pimentón, que es lo que le da ese fondo de sabor tan característico. Después se incorporan las espinacas y el bacalao, que no necesitan demasiado tiempo. Todo se deja cocinar junto, despacio, para que los sabores se mezclen. En muchas casas se añade huevo cocido al final, que le da un extra de textura y lo hace todavía más completo.
Las pequeñas variaciones que cambian el resultado
Aunque la base es la misma, cada casa tiene su forma de hacerlo. Hay quien añade más espinaca, quien prefiere un caldo más ligero o quien lo deja más espeso. También cambia el tipo de bacalao. No es lo mismo usar migas que lomos, y eso influye tanto en la textura como en el sabor final. Incluso el sofrito puede variar ya que en algunos sitios se añade cebolla, en otros se mantiene sólo el ajo. Son detalles pequeños, pero que hacen que cada potaje tenga su personalidad. Y eso forma parte de su encanto. No hay una única versión correcta, sino muchas formas de llegar a un mismo plato que seguro ya habrás comido alguno de estos días de Semana Santa.
Temas:
- Cocina
- OKD
- Semana Santa
Lo último en Curiosidades
-
La lección vital de Albert Einstein para los adultos: «La madurez comienza a manifestarse cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos»
-
Una pareja busca voluntarios para vivir gratis en una pequeña aldea de León de 20 habitantes a cambio de atender a los peregrinos del Camino de Santiago
-
Los peluqueros profesionales instan a poner papel de aluminio en el pelo antes de dormir: por qué lo recomiendan y para qué sirve
-
Marruecos está bombeando agua del Atlántico hasta el Sáhara para transformar 5.200 hectáreas de arena en enormes campos de cultivo
-
La psicología sugiere que las personas que dan las gracias a los conductores cuando cruzan la calle no lo hacen sólo por gratitud, en realidad están demostrando empatía
Últimas noticias
-
Leire Díez embarra a la UCO y sugiere que filtró a OKDIARIO el correo de Begoña Gómez de Presidencia del Gobierno: «Qué casualidad que aparezca»
-
El recorrido de Sánchez para visitar las zonas afectadas por la DANA en Valencia: dos aviones y cuatro helicópteros para llegar a Oliva
-
La lección vital de Albert Einstein para los adultos: «La madurez comienza a manifestarse cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos»
-
Una pareja busca voluntarios para vivir gratis en una pequeña aldea de León de 20 habitantes a cambio de atender a los peregrinos del Camino de Santiago
-
Los peluqueros profesionales instan a poner papel de aluminio en el pelo antes de dormir: por qué lo recomiendan y para qué sirve