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Ni doble acristalamiento ni persianas eléctricas: los postigos de madera que protegían del calor las casas españolas antes de que existiera el PVC

Postigos de madera, casas, calor
Recreación artística de un postigo de madera. Foto: elaboración propia con IA
  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Las viviendas españolas llevan siglos buscando la mejor manera de combatir el calor del verano. Mucho antes de que llegaran las ventanas de PVC, las persianas eléctricas o los cristales de altas prestaciones, las casas tradicionales ya contaban con un recurso sencillo para protegerse del sol: los postigos de madera.

No necesitaban motores ni sistemas automatizados. Bastaba con cerrar las hojas de madera en las horas de mayor exposición solar para crear una barrera frente a la radiación y mantener las estancias más protegidas.

Las ventanas antiguas de madera con postigos, el truco de las casas antiguas para aislarse del calor

Los postigos forman parte de la arquitectura tradicional de muchas zonas de España, especialmente en viviendas adaptadas a veranos muy calurosos. Su funcionamiento es sencillo: se colocan junto a la ventana y pueden abrirse o cerrarse en función de las necesidades de cada momento.

Además de aportar privacidad, permiten controlar la cantidad de luz natural que entra en la vivienda. Algunos diseños incorporan incluso lamas regulables, una solución que ofrece mayor control sobre la iluminación y la ventilación.

El secreto está también en su ubicación. Una protección solar colocada en el exterior puede interceptar la radiación antes de que llegue directamente al cristal. De esta manera, se limita el calentamiento de la ventana y, por extensión, de la habitación.

Por qué los postigos exteriores ayudan a combatir el calor

No todas las soluciones para proteger una vivienda del sol funcionan igual. Una cortina interior, por ejemplo, actúa cuando la radiación solar ya ha atravesado el vidrio. El postigo exterior, en cambio, crea una primera barrera antes de que esa energía llegue a la ventana.

Por eso, en una vivienda expuesta al sol durante buena parte del día, cerrar los postigos de madera durante las horas de mayor insolación puede formar parte de una estrategia de protección solar pasiva. No sustituye por sí solo a un buen aislamiento ni convierte una casa en un espacio climatizado, pero sí puede complementar otras medidas.

Contraventanas de madera: una solución que también aísla del ruido

Hoy, estos sistemas pueden recibir diferentes nombres. En función del diseño y del lugar donde se instalen, es habitual encontrarlos como contraventanas o ventanillos. Brico Valera señala precisamente esta terminología para referirse a estos elementos que pueden mejorar el aislamiento, la privacidad y la seguridad.

Los postigos de madera contribuyen al aislamiento térmico y acústico de las estancias. Esto resulta especialmente interesante en viviendas situadas en calles transitadas, donde una protección adicional frente al exterior puede ayudar a reducir parte del ruido ambiental.

Además, la madera aporta un componente estético difícil de separar de la arquitectura tradicional. En una casa antigua, conservar o recuperar los postigos originales permite mantener parte de su aspecto característico sin renunciar a una función práctica.

Los postigos no son una alternativa mágica a las ventanas modernas, pero sí representan un ejemplo claro de cómo la arquitectura tradicional utilizaba soluciones pasivas para adaptarse al clima y y reducir la incidencia directa del sol en el interior de las viviendas.

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