Muchos la plantan fuera de casa, pero esta planta se adapta muy bien al interior, absorbe calor y purifica el ambiente de tu casa en verano
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La planta de interior cuyo follaje absorbe el calor y purifica el aire de tu casa
Cuando se piensa en decorar un jardín o cubrir una pared exterior con algo verde, hay una planta trepadora que casi siempre viene a la mente. Se la ve trepando por fachadas, muros de piedra o pérgolas en pueblos y ciudades, y pocas veces se plantea que ese mismo ejemplar podría estar dentro de casa, en un rincón del salón, cumpliendo una función bastante útil.
Esa planta que abordaremos a continuación, tan habitual en exteriores, se adapta sorprendentemente bien al interior del hogar, y además de decorar, aporta dos beneficios que se agradecen especialmente en los meses de más calor: ayuda a refrescar el ambiente y mejora la calidad del aire que se respira en casa.
La hiedra inglesa, la planta de exterior que también triunfa dentro de casa
La estrella verde de este artículo es la hiedra inglesa, conocida científicamente como Hedera helix, una planta trepadora que en el exterior suele usarse para cubrir muros y pérgolas, donde forma una especie de capa vegetal que aísla del calor exterior.
No obstante, trasladada al interior, en una maceta con algo por donde trepar o simplemente dejando caer sus tallos, cumple una función parecida a menor escala.
El efecto refrescante de la hiedra se debe a la evapotranspiración, el mismo mecanismo que usan otras plantas de interior: absorbe agua a través de las raíces y libera parte de esa humedad en forma de vapor a través de las hojas, lo que reduce ligeramente la temperatura del aire cercano y aumenta la sensación de frescor en la habitación donde se encuentra.
Otro de los grandes atractivos de esta planta es su excelente capacidad para purificar el aire. De hecho, la hiedra inglesa forma parte del famoso estudio de la NASA sobre plantas de interior gracias a su eficacia para filtrar toxinas cotidianas como el formaldehído, un compuesto presente habitualmente en muebles nuevos y productos de limpieza.
Además, destaca por su habilidad para combatir el benceno, un contaminante liberado por plásticos, resinas y fibras sintéticas comunes en cualquier hogar. En estos casos, la hiedra es capaz de eliminar entre el 80% y el 90% de la sustancia, convirtiéndose en una gran aliada para respirar un aire más limpio en casa.
Cuidados básicos para que la hiedra se adapte bien al interior
Para que la hiedra se adapte bien al interior, conviene colocarla en un lugar con buena luz pero sin sol directo, aunque también tolera bastante bien los rincones con poca iluminación, algo que no todas las plantas de interior consiguen.
El riego debe ser moderado. Con dos o tres veces por semana en verano alcanza, comprobando siempre que la capa superior del sustrato esté seca antes de volver a regar, y reduciendo la frecuencia a un riego cada quince días durante el invierno. Un sustrato universal con buen drenaje es suficiente, y conviene evitar que el agua se quede encharcada en el plato de la maceta.
Durante la primavera y el verano, un fertilizante líquido equilibrado una vez al mes ayuda a mantener el follaje denso y de un verde intenso, que es precisamente lo que hace que esta planta destaque tanto como elemento decorativo.
Una planta tóxica que hay que mantener lejos de niños y mascotas
Hay un aspecto importante a tener en cuenta antes de colocarla en cualquier rincón de la casa: la hiedra inglesa es tóxica tanto para las mascotas como para las personas si se ingiere, ya que contiene saponinas que pueden provocar malestar digestivo, vómitos o irritación.
Sus pequeñas bayas oscuras, que aparecen en otoño, resultan todavía más peligrosas por la hederina que contienen, así que conviene mantenerla fuera del alcance de niños pequeños y de mascotas curiosas que tiendan a mordisquear las hojas.
Multiplicarla en casa, en cualquier caso, es sencillo. Basta con cortar un esqueje de diez a quince centímetros, quitarle las hojas inferiores y dejarlo en agua o en sustrato húmedo hasta que desarrolle raíces propias, un proceso que suele completarse en una o dos semanas.
Así, de una sola planta madre pueden salir varias macetas nuevas para repartir por distintas habitaciones y multiplicar, de paso, su efecto refrescante y purificador durante todo el verano.
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