Miguel de la Quadra-Salcedo, deportista y aventurero español: «Si te pierdes en la naturaleza, busca un río y síguelo; tarde o temprano te llevará a otro río más grande y encontrarás una salida»
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Cuando alguien que se ha perdido de verdad en la selva, en la montaña y en el desierto da un consejo de supervivencia, conviene prestarle atención. No es lo mismo escuchar una recomendación sacada de un manual que la de alguien que estuvo a punto de no volver a casa y aprendió a base de errores reales sobre el terreno.
Ese es exactamente el caso de Miguel de la Quadra-Salcedo, atleta olímpico, reportero de guerra y explorador español que se perdió varias veces a lo largo de su vida, especialmente en los Andes, y que resumió su aprendizaje en una frase que ha quedado grabada como uno de sus consejos más repetidos: si te pierdes en la naturaleza, busca un río y síguelo. ¿Cuál es la lógica aquí?
Por qué seguir un río funciona: la lógica que hay detrás del consejo
La recomendación de Quadra-Salcedo no es una ocurrencia romántica de aventurero, sino una técnica que coincide con lo que enseñan manuales de supervivencia y guías de montaña de todo el mundo.
Los ríos y arroyos siempre fluyen hacia zonas más bajas, así que seguir su curso conduce, casi sin excepción, hacia valles, cauces más grandes o masas de agua mayores como lagos y mares.
Esa lógica geográfica tiene además una consecuencia histórica que refuerza el consejo: las poblaciones humanas se han asentado junto a los ríos desde siempre, porque el agua era la principal fuente de vida y también la vía de transporte más habitual antes de que existieran las carreteras.
Aldeas que crecieron hasta convertirse en pueblos, y pueblos que acabaron siendo ciudades, casi siempre nacieron en las orillas de un curso de agua.
Seguir un río, por tanto, no solo orienta hacia terreno más accesible, sino que aumenta notablemente las probabilidades de acabar cerca de algún asentamiento humano.
El otro motivo por el que este consejo salva vidas: ahorrar energía y tener agua
Más allá de la orientación, caminar siguiendo un río aguas abajo suele significar caminar cuesta abajo, ya que el agua busca siempre el camino de menor resistencia hacia zonas más bajas.
En una situación de supervivencia real, ahorrar energía es tan importante como encontrar el camino correcto, y moverse en descenso exige mucho menos esfuerzo que subir laderas al azar sin ningún punto de referencia.
A eso se suma una ventaja que puede marcar la diferencia entre sobrevivir o no: el propio río es una fuente constante de agua potable.
El cuerpo humano no aguanta mucho más de tres días sin beber, así que caminar junto a una fuente de agua reduce uno de los mayores riesgos de cualquier situación de pérdida prolongada en la naturaleza.
Quadra-Salcedo, que llegó a contar esta experiencia en una entrevista concedida al medio local El Periódico, insistía en que sus momentos más difíciles perdido en los Andes fueron también los que más le enseñaron sobre cómo moverse por terreno desconocido.
Los matices que conviene conocer antes de seguir un río a ciegas
La técnica, sin embargo, no es infalible ni debe aplicarse sin sentido común. Los propios expertos en supervivencia advierten de que la vegetación cercana a un río puede ser impracticable, con barrancos, cascadas o desniveles que resulten peligrosos si se intenta seguir el cauce exacto en lugar de buscar un camino paralelo algo más alejado.
En terrenos muy escarpados, el río puede colarse por huecos entre rocas que una persona no podría atravesar, o precipitarse por caídas que sí pondrían en riesgo la vida de quien lo sigue de cerca.
Existe además una excepción importante que los manuales de rescate actuales subrayan: si alguien sabe que estás perdido y conoce aproximadamente la zona, moverse constantemente puede complicar el trabajo de los equipos de búsqueda, que suelen rastrear primero el último punto conocido.
Esta salvedad tiene menos peso en el contexto en el que Quadra-Salcedo aplicó su consejo, expediciones en zonas remotas sin ningún tipo de rescate organizado esperando al otro lado, donde moverse con lógica hacia el agua era, sencillamente, la mejor opción disponible.
Una lección de supervivencia aprendida a base de perderse de verdad
Al final, lo que hace verosímil el consejo de Quadra-Salcedo no es solo que coincida con la lógica de cualquier manual de supervivencia, sino que lo formuló después de vivirlo en primera persona, con miedo real y sin garantía alguna de salir con vida.
Recordemos que este ilustre madrileño, antes de convertirse en el gran divulgador de la televisión española, pasó tres años internado en lo más profundo del Amazonas trabajando como etnobotánico y topógrafo, donde convivió con etnias como los jíbaros o los yanomamis.
Su intrepidez lo llevó después a las trincheras del periodismo de riesgo para TVE, cubriendo conflictos internacionales en el Congo, Vietnam, la Guerra del Yom Kipur o el golpe de Estado en Chile, sobreviviendo a naufragios, emboscadas e incluso a dos condenas a muerte tras ser capturado como corresponsal en el frente.
Así, habiendo cruzado el Atlántico a vela y recorrido los ríos de Sudamérica a pie y en canoa, De la Quadra-Salcedo jamás aconsejaba desde la teoría de un aula ni desde la comodidad de un plató.
Toda esa experiencia acumulada cristalizó en la Ruta Quetzal, donde enseñó a más de 50.000 jóvenes que la verdadera aventura no residía en el peligro gratuito ni en el postureo, sino en la templanza, el respeto sagrado por las culturas locales y una curiosidad insaciable por entender el mundo.
Esa combinación de experiencia directa y sentido práctico es, probablemente, la razón por la que una frase tan sencilla ha sobrevivido tantos años como uno de los consejos de supervivencia más citados de la aventura española.
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