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Inteligencia

José Antonio Marina, filósofo, 87 años, lanza una reflexión sobre la inteligencia: » El contexto social expande o restringe la inteligencia individual»

  • Javier Martínez
  • Javier Martínez Moris (Alcalá de Henares, 2005) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria. Ha trabajado en Libertad Digital y actualmente en OkDiario. Le apasiona la redacción de noticias de actualidad y deportes, dos de sus grandes intereses dentro del periodismo. Su objetivo es seguir aprendiendo y desarrollar su carrera profesional en el ámbito de la información.

La inteligencia suele entenderse como una facultad propia de cada persona, relacionada con su capacidad para aprender, razonar y resolver problemas. El filósofo español José Antonio Marina propone expandir esta perspectiva y tener en cuenta el papel que juega el contexto social. Marina considera que las personas no piensan de forma aislada, sino que están influidas por las conversaciones, las relaciones y los ambientes en los que participan.

«Cada uno de nosotros vive siempre en un contexto social y es ese contexto social el que expande o restringe la inteligencia individual», explica Marina. De esta manera, el entorno puede favorecer que surjan nuevas ideas y razonamientos o provocar el efecto contrario. Para el pensador, una conversación puede enriquecer a las personas que participan en ella, mientras que otras pueden alimentar pensamientos negativos y limitar la capacidad de reflexión.

La inteligencia también depende de cómo nos relacionamos

Marina distingue entre la inteligencia individual y la compartida. La segunda aparece cuando varias personas interactúan y consiguen desarrollar ideas que quizá no habrían alcanzado por separado. Es por eso que el filósofo considera que las relaciones humanas juegan un papel importante en el desarrollo de las capacidades de cada uno.

La influencia del entorno también ayuda a explicar una contradicción. Una persona puede tener una gran capacidad para razonar y, aun así, comportarse de manera perjudicial. El conocimiento no garantiza que las decisiones sean acertadas ni que se utilice la inteligencia de forma beneficiosa para uno mismo o para los demás.

Marina sitúa la ética como una de las grandes creaciones de la inteligencia. «La gran creación de la inteligencia no es la ciencia, no es el arte, no es la técnica, es la ética», sostiene el pensador en una entrevista publicada en su página web. Su planteamiento va más allá de acumular conocimientos y pone el foco en cómo se utilizan para afrontar cuestiones como la felicidad individual, la convivencia o la dignidad humana.

El pensamiento crítico y la educación, claves para desarrollar la inteligencia

Otra de las cuestiones que destaca el filósofo es la importancia de cuestionar las ideas y no aceptar automáticamente todo lo que escuchamos: «El pensamiento crítico es fundamental para evitar que nos engañen». Esta capacidad permite examinar las opiniones, valorar sus fundamentos y revisar las creencias propias antes de llegar a una conclusión.

En una sociedad en la que recibimos continuamente información y mensajes de distinta procedencia, razonar también implica aprender a distinguir qué afirmaciones están fundamentadas. No basta con tener conocimientos; es necesario analizarlos, ponerlos a prueba y utilizarlos para comprender mejor la realidad.

La educación ocupa igualmente un lugar destacado en su reflexión. Marina afirma que «la filosofía piensa, pero la educación ejecuta». Así, mientras la filosofía ayuda a examinar las ideas y los problemas, la educación permite trasladar ese conocimiento a la vida cotidiana. La inteligencia adquiere su verdadero valor cuando sirve para tomar mejores decisiones y construir una convivencia más justa.