La insólita y olvidada construcción asturiana para proteger a las abejas que no existe en ningún país del mundo
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Ahora la ciencia ha confirmado que las abejas miden el bienestar ecológico de las ciudades, pero mucho antes de eso en Asturias ya eran conscientes de su importancia en la naturaleza. Por ese y otros motivos, entre robles y brezos, crearon una arquitectura rural única.
Hablamos de los cortinos, unas construcciones levantadas en piedra seca que durante siglos protegieron las colmenas frente al fuego, los robos y, sobre todo, frente al oso pardo.
Hoy ya no se utilizan, pero son un patrimonio ignorado durante décadas de la economía asturiana basada en la apicultura. Por suerte cada vez son más reivindicados por asociaciones como el Museo Etnográfico de Grandas de Salime.
La estructura que usaban en Asturias para proteger a las abejas
El cortín es un cerramiento de mampostería sin argamasa, de planta circular u ovalada, que puede alcanzar hasta tres metros de altura.
Su rasgo más característico es el alero de losas voladizas que corona el muro. Está especialmente diseñado para impedir que los osos pudieran trepar hasta el interior.
Otra característica es el lugar donde se construye, ya que aprovecha al máximo la naturaleza. Aprovechan el desnivel del terreno, para crear repisas escalonadas donde se asentaban las colmenas tradicionales.
En muchos casos no existía puerta y había que acceder mediante una escala o escalera de mano, una solución básica, que ahorraba tiempo de construcción.
Cada cortín albergaba, de media, entre 30 y 40 colmenas, lo que da idea de la importancia económica que tenía la miel para las familias campesinas del Principado de Asturias.
Por qué los asturianos tenían que construir cortinos para proteger a las abejas
Asturias cuenta con plantas y animales espectaculares, pero también con un clima que no siempre es apacible. Además, existía el peligro de que los osos acabasen con las abejas.
Los cortinos debían situarse en laderas orientadas a mediodía, protegidas de los vientos del nordeste y del gallego, con abundante flora melífera, especialmente brezos y uces, y con agua cercana.
Además, no podía haber otro cortín a una cota inferior en las proximidades, para evitar conflictos entre colmenares. Toda una obra de ingeniería hecha a partir de sabiduría popular. Lo curioso es que no existe ninguna construcción parecida en España.
El motivo es que nadie más tuvo la misma necesidad. Y es que en tierras asturianas las abejas corrían más peligro. La razón es que el oso ibérico, y en especial el oso cantábrico, tiene una preferencia clara por las larvas de abeja.
Hoy ese comportamiento está confirmado pro la comunidad científica, pero los habitantes del monte ya conocían esta circunstancia desde hace siglos y supieron cómo combatirlo.
Asturias recupera el cortín como símbolo de su arquitectura rural
Muchos desconocen los cortinos, pero hay iniciativas para recuperarlos. Por ejemplo, el pueblo de Cerredo acoge una exposición fotográfica que busca sacar del olvido este patrimonio casi exclusivo del mundo rural asturiano.
La muestra se titula Cortinos. Colmenares tradicionales del occidente de Asturias, y reúne imágenes de cortinos de diferentes tipologías y estados de conservación, muchos de ellos con varios siglos de antigüedad.
La exposición se inauguró el año pasado en el Museo del Pueblo de Asturias, en Gijón, y posteriormente recorrió distintos museos etnográficos de la región antes de recalar en Cerredo.
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