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Los expertos en fontanería lo tienen clarísimo: Si no quieres tener fugas de agua, lo aconsejable es cambiar los latiguillos de los grifos y del inodoro; cuestan sobre 4 € en cualquier ferretería

Una fuga bajo el lavabo suele empezar con una gota que nadie ve y acabar con el suelo inundado. La causa más habitual no es una tubería ni el grifo, sino una pieza barata y poco visible: el latiguillo, la manguera flexible que conecta el grifo o la cisterna con la toma de agua.

Varios profesionales coinciden en que conviene vigilarla. Uno es Fabio Valencia, jefe de la línea de gasfitería (fontanería) de Sodimac en Chile; el otro, Nicolás Lucero, autor del sitio de Cristalería Carlos Tercero, con 14 años de experiencia en vidrio, cerramientos y eficiencia energética.

Cuándo cambiar los latiguillos y por qué fallan

Lo ideal es cambiarlos todos los años, como mínimo una vez cada doce meses, según la magnitud del posible daño. Valencia matiza que un latiguillo tiene una vida útil de cinco años, pero que su revisión debería ser anual. Si hay productos químicos guardados bajo el lavabo o el fregadero, se evaporan y dañan el material, y por eso aconseja renovarlos cada dos años o antes si el hilo se está poniendo blanco.

El enemigo principal es el sarro. El fontanero Álex Cabral explica que la manguera se arruina con los minerales del agua, y Valencia añade que «lo que siempre falla son los conectores que van asociados a la salida del agua». Si el sarro se acumula por fuera, el hilo se endurece y empieza a filtrar; si lo hace por dentro, aumenta la presión del agua.

Lo ilustra un caso que recoge Meganoticias: Carla Hormazábal, inquilina de un piso en Santiago de Chile, sufrió la rotura de un latiguillo que su casero nunca había cambiado. Renovar el sistema costó más de 70 euros; arreglar los daños, 1820 euros, entre piso flotante, el techo del vecino de abajo y un sofá.

Cómo elegir el latiguillo adecuado

Lucero advierte de que no basta con mirar la longitud: también importan la rosca y el tipo de extremo. En lavabos, lo más habitual es un latiguillo de 8 milímetros de diámetro, con rosca de 3/8 de pulgada hacia la llave de escuadra y M10x1 hacia el grifo, en longitudes de 30, 40, 50 o 60 centímetros.

Para medir, hay que cerrar antes la llave y seguir el recorrido real, no la línea recta: se añaden entre 2 y 5 centímetros de margen, y entre 5 y 10 si hay que rodear un obstáculo. Si el viejo estaba bien montado y sin deformaciones, se puede copiar su longitud y su referencia. Un latiguillo tirante o que roce el desagüe acorta su vida.

En cuanto al precio, los modelos sencillos rondan entre 1,5 y 4 euros y los de marca, color especial o trenzado más cuidado llegan a 10 o 12. Lucero recomienda fijarse en que cumplan la norma UNE-EN 13618 y en un tubo interior de EPDM o PEX, que resisten mejor el uso. En cisternas y otros recambios de baño las conexiones pueden ser de 3/8 o de 1/2 pulgada, y no conviene confundirlas con las del lavabo.

Cómo instalarlo sin forzar

Valencia recomienda no ejercer sobrepresión en el hilo conector, no apretar más de lo que permite la mano, no usar herramientas como la llave inglesa ni teflón de agua, comprobar que el largo es el adecuado y evitar una curvatura superior a 20 grados.

Entre los errores más comunes, Lucero cita elegir la longitud exacta sin margen, forzar una conexión parecida o reutilizar una arandela vieja y endurecida. Y, por último, lo ideal es que la renovación la haga un fontanero certificado para que la instalación sea correcta.