Psicología

Un estudio asegura que el deterioro de las funciones mentales no es por la edad, sino más bien por el aislamiento social

Deterioro funciones mentales
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

La falta de contactos sociales puede acelerar el deterioro de las funciones mentales en las personas mayores, incluso cuando la propia persona no se siente sola. Un estudio poblacional realizado en Estados Unidos con unas 30.000 personas indica que el aislamiento social tiene un impacto significativo en la memoria, el lenguaje y la capacidad de resolución de problemas en edades avanzadas.

Los resultados muestran que tanto la soledad como el aislamiento pueden afectar la salud general, pero el aislamiento social es el factor que se asocia de forma más consistente con el deterioro cognitivo. De hecho, los investigadores observaron que este efecto se mantenía incluso en personas que no se sentían solas, lo que sugiere que la ausencia de interacción social por sí misma puede influir negativamente en el funcionamiento cognitivo.

La verdadera razón del deterioro de las funciones mentales

El aislamiento social se midió evaluando distintos indicadores, como la frecuencia con la que los participantes pasaban tiempo con otras personas. En cambio, la soledad se definió a partir de la percepción subjetiva, es decir, la frecuencia con la que afirmaban sentirse solos.

Los resultados sugieren que un nivel mínimo de interacción social puede tener un efecto protector sobre la función cognitiva en diferentes grupos de población, y que las diferencias entre géneros, niveles educativos o grupos étnicos son menores de lo que en ocasiones se asume.

Aunque a menudo se consideran fenómenos relacionados, el aislamiento social y la soledad parecen ejercer efectos independientes sobre el funcionamiento cognitivo. «El funcionamiento cognitivo no solo se ve afectado por la soledad experimentada a nivel emocional. El hecho de que la vida social de una persona se reduzca y haya pocos contactos parece sobrecargar el cerebro a largo plazo», detallan los investigadores en un comunicado de investigación .

Organización Mundial de la Salud (OMS)

Los estudios de la Organización Mundial (OMS) de la Salud indican que las personas viudas presentan, en general, peores indicadores de salud física y mental en comparación con otras personas de la misma edad cronológica.

La viudez y el aislamiento social son situaciones frecuentes en la población mayor, aunque su incidencia es mayor en mujeres debido a su mayor esperanza de vida. En este contexto, el objetivo del trabajo fue desarrollar un modelo animal de soledad en la vejez que permita analizar los cambios cognitivos, conductuales e inmunológicos asociados al aislamiento social.

20 ratones hembra de la cepa C57BL/129Sv fueron mantenidos en condiciones de estabulación en grupos de cuatro a cinco animales hasta alcanzar la vejez (18 meses de edad). A partir de ese momento, los animales se dividieron en dos grupos: un grupo control, que continuó en condiciones de alojamiento grupal (n = 10), y un grupo experimental, que fue sometido a aislamiento social hasta los 24 meses de edad (n = 10).

A esa edad avanzada, los animales fueron sometidos a una serie de pruebas conductuales destinadas a evaluar distintos aspectos del comportamiento y la cognición, incluyendo neofobia mediante el test de esquinas, ansiedad a través del test de campo abierto, y aprendizaje y memoria mediante el laberinto acuático de Morris.

Posteriormente, los animales fueron sacrificados y se extrajo el timo para obtener suspensiones celulares. En estas muestras se analizó la capacidad citotóxica de las células NK (natural killer) frente a la línea tumoral murina YAC-1, con el objetivo de evaluar posibles alteraciones en la función inmunitaria asociadas al aislamiento social en la vejez.

El estudio conductual puso de manifiesto que los animales sometidos a aislamiento social durante la vejez presentan un deterioro funcional y cognitivo, caracterizado por un aumento de la neofobia y de la ansiedad, así como por alteraciones en los procesos de aprendizaje y memoria.

«El aislamiento social es un factor de riesgo significativo en el desarrollo del Alzheimer y el deterioro de funciones mentales. Aunque no es una causa directa, la soledad reduce las oportunidades de practicar habilidades cognitivas y de lenguaje esenciales para mantener el cerebro en forma», asegura la doctora Liliana Vargas, geriatra en la Unidad de Diagnóstico de Ace Alzheimer Center Barcelona.

Soledad no deseada

Según los datos del observatorio impulsado por la Fundación ONCE, la soledad presenta una distribución en forma de «U» a lo largo del ciclo vital: es elevada en la juventud, disminuye durante la edad adulta y vuelve a incrementarse en las edades más avanzadas. En este sentido, la prevalencia de soledad en el grupo de 65 a 74 años se sitúa en torno al 14,5 %. Sin embargo, en la población de 75 años o más, esta cifra aumenta hasta aproximadamente el 20 %, lo que refleja un repunte significativo en las etapas finales de la vida.

Al igual que ocurre en el conjunto de la población, el sentimiento de soledad es más frecuente entre las mujeres. Esta diferencia se intensifica a partir de los 55 años, donde la brecha entre hombres y mujeres supera el 7%. En el grupo de 65 años y más, las mujeres presentan una prevalencia de soledad significativamente mayor, con un 19,85 %, frente al 12 % registrado en los hombres, lo que supone una diferencia del 7,8%.

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