Las curiosidades de la Plaza Mayor de Madrid que no conocías
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La Plaza Mayor de Madrid, esa construcción en la que dar mil paseos sin que el cansancio acabe con tus ganas de disfrutar. Uno de los destinos preferidos de los madrileños y sede de muchos de los actos culturales de la capital española. Sin duda, la Plaza Mayor de Madrid es un auténtico regalo para la vista pero… ¿Conoces toda su historia? Te desvelamos los datos más curiosos de la Plaza Mayor de Madrid, un lugar que te sorprenderá.
Punto de ejecuciones
Durante la Inquisición Española, un sinfín de ejecuciones tuvieron lugar en nuestro país. La pena de muerte se llevaba con normalidad entre los ciudadanos y estos atroces actos se convirtieron en todo un reclamo para una sociedad insensibilizada. Los herejes y traidores eran decapitados o presa del Garrote Vil en plena Plaza Mayor. Un acto de represión que se trasladó posteriormente a la plaza de la Cebada pero que regresó a la Plaza Mayor durante la dominación francesa.
Un sinfín de nombres
El siglo XIX es conocido, entre otras cosas, por ser un periodo en el que la inestabilidad política era la auténtica protagonista. Por lo tanto las grandes obras arquitectónicas solían ser renombradas una y otra vez por el político de turno que adquiría el poder. La Plaza Mayor se ha conocido hasta por cinco denominaciones distintas: Plaza de la Constitución, Plaza Real, Plaza de la República, Plaza de la República Federal y Plaza de la República Democrática Federal. Finalmente, volvió a su nombre original en 1940 durante la dictadura franquista.
Origen mercantil
Antes de que se llevara a cabo cualquier tipo de edificación, la Plaza Mayor basaba su utilidad en las actividades mercantiles. Un lugar conocido como la laguna de Luján. Con el paso de los años y la finalización de la Edad Media, el emplazamiento pasó a llamarse plaza de Arrabal. Un destino alojado fuera de la muralla en el que podían apreciarse todos los beneficios del mercado tradicional.
El balcón de la amante
Los residentes en la Plaza Mayor estaban obligados a ceder sus balcones a las grandes personalidades durante los días de fiesta de la ciudad. De todos es conocida la historia de amor entre Felipe IV y María Calderón, una famosa actriz de la época. Pues bien, el monarca no tuvo reparo para aparecer en público en uno de estos balcones acompañado de su amante. El cabreo de Isabel de Borbón, su esposa por aquel entonces, fue monumental por lo que el rey no tuvo más remedio que retractarse. Sin embargo, escasos días después ordenó construir un balcón propio a la reputada actriz que se conoce como el balcón de Marizápalos. Eso sí, ubicado en un lugar mucho más discreto.
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