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Reflexión

Confucio, filósofo y estadista chino, sobre la sabiduría: «Lo que más se necesita para aprender es un espíritu humilde»

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Confucio dio al aprendizaje un lugar central en su enseñanza, como se recoge en las Analectas. Según la traducción de James Legge que conserva el Proyecto Gutenberg, el pensador chino recordaba que a los quince años ya había puesto su mente en aprender.

Como explica la Enciclopedia de Filosofía de Stanford, la tradición atribuye la recopilación de sus dichos a la primera y la segunda generación de sus discípulos. De hecho, varios pasajes de la obra vinculan el saber con una actitud de modestia ante lo que todavía se ignora.

¿Por qué Confucio unía el aprendizaje a un espíritu humilde?

La frase «Lo que más se necesita para aprender es un espíritu humilde» aparece recogida en El gran libro de las frases célebres, de Arturo Ortega Blake (Grijalbo, 2013). La recopilación la incluye en su apartado sobre el aprendizaje y la firma como Kung-Fu-Tze, la transcripción del nombre chino del que procede la forma latinizada Confucio.

La reflexión sitúa la humildad como punto de partida del aprendizaje. Esa idea conecta con un pasaje de las Analectas en el que Confucio define el conocimiento. En la versión de Legge, consiste en sostener que se sabe algo cuando se sabe y en admitir que no se sabe cuando no se sabe.

Según la Enciclopedia de Stanford, ese pasaje describe la sabiduría, que para el pensador chino implicaba reconocer la ignorancia como ignorancia. Asimismo, Confucio aplicaba ese criterio a sí mismo. En otro pasaje, se preguntaba si de verdad poseía conocimiento y respondía que no.

Aprender de cualquiera: la humildad que Confucio elogiaba en las Analectas

Cuando su discípulo Zigong le preguntó por qué un noble llamado Kong Wenzi había recibido el título de «Wen», Confucio destacó su actitud ante el saber. Según la versión de Legge, era de naturaleza activa y aficionado al aprendizaje. Además, no se avergonzaba de preguntar y aprender de sus inferiores.

El maestro llevaba la misma idea a la vida diaria. Si caminaba con otras dos personas, ambas podían servirle de maestros. De ellas elegía las buenas cualidades para seguirlas y las malas para evitarlas.

Otro pasaje de las Analectas recoge las palabras del filósofo Zengzi sobre un antiguo amigo. Aquel hombre tenía talento y, aun así, hacía preguntas a quienes no lo tenían. Se consideraba vacío de saber y no se sentía agraviado cuando lo ofendían.

Confucio reclamaba para sí esa misma inclinación. En una aldea de diez familias, decía, podía haber alguien tan honrado y sincero como él, pero no tan aficionado al aprendizaje.

¿Quién fue Confucio?

La tradición sitúa la vida de Confucio entre el 551 y el 479 a. C. Nació en el dominio de Zou, en la actual provincia de Shandong, al sur del reino de Lu. Su padre pertenecía a un clan noble y murió cuando él era pequeño. Así, la familia quedó en la pobreza, aunque conservó cierto estatus.

De joven, Confucio ganó fama por su dominio de los ritos de la dinastía Zhou y, ya adulto, trabajó en Lu para familias aristocráticas. Las fuentes antiguas difieren sobre sus cargos públicos, ya que el Comentario de Zuo lo identifica como director de correcciones en el 509 a. C. El historiador Sima Qian le suma los puestos de ministro de obras y canciller interino.

Más tarde, dejó Lu. Según Sima Qian, recorrió estados como Wei, Song y Chu en busca de un gobernante que reconociera su valía moral. Al final de su vida, Confucio dejó los cargos y se dedicó a la enseñanza. Tuvo 77 discípulos directos y unos 3000 alumnos. Actualmente, algunas zonas de Asia celebran su cumpleaños como el Día del Maestro.