Cómo se escribe, ‘magdalena’ o ‘madalena’: la RAE lo confirma y es inamovible
Descubre por qué ‘magdalena’ y ‘madalena’ conviven en el diccionario
¿Llevas toda la vida escribiéndola sin ‘G’? Respira tranquilo: la RAE valida tu ‘madalena’ favorita
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En el vasto universo de la gastronomía y la ortografía española, pocos debates son tan recurrentes a la hora del desayuno como el que rodea a ese tierno bollo horneado en cápsulas de papel. ¿Estamos ante una magdalena o ante una madalena? La duda asalta a menudo a los consumidores frente a los estantes del supermercado o en la barra de la cafetería.
Para zanjar la cuestión, la Real Academia Española (RAE) es tajante: ambas formas son válidas, aunque con matices que conviene conocer.
Un veredicto con historia
No es extraño que el hablante medio sienta cierta desconfianza al ver escrita la palabra sin esa g intermedia. A menudo se asocia la pérdida de consonantes con un uso descuidado del lenguaje. Sin embargo, en este caso particular, el Diccionario de la lengua española (DLE) es generoso y admite ambas grafías como correctas.
La explicación reside en la evolución fonética del castellano. Si bien la palabra proviene del nombre propio bíblico Magdalena (en alusión a María Magdalena), la relajación de la g en la pronunciación popular terminó por consolidar la variante madalena. No es un error, sino una evolución recogida por los académicos.
La opción preferida por la RAE
Aunque ambas formas están permitidas, no todas tienen el mismo estatus en el registro culto. La RAE deja claro que, a pesar de la validez de ambas, la grafía magdalena es la más recomendable.
Esta preferencia se debe a que conserva la etimología original y es la forma que predomina en el habla culta de la mayoría de los países hispanohablantes. Por el contrario, madalena se percibe en muchos contextos como una variante más coloquial o popular, aunque sea plenamente legítima desde el punto de vista normativo.
El origen del dulce
Más allá de su escritura, el nombre de este bizcocho individual tiene una historia curiosa. La teoría más extendida apunta a una joven criada francesa llamada Madeleine Gallet, quien en el siglo XVIII habría servido estos bollos a un destronado rey de Polonia, Estanislao I Leszczynski, en la región de Lorena. El éxito fue tal que el dulce cruzó fronteras, manteniendo el nombre de su creadora, que en español se adaptó como Magdalena.
En definitiva, si eres de los que prefiere escribirlo sin la g, puedes estar tranquilo: no estás cometiendo ninguna falta de ortografía. Eso sí, si buscas una redacción más formal o técnica, la RAE confirma que magdalena sigue siendo la reina indiscutible del diccionario. La próxima vez que disfrutes de una junto al café, el único debate real debería ser si se moja o no en la taza.
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