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Los cocineros andaluces coinciden: para que el pescaíto frito quede crujiente, jamás debes rebozarlo con este ingrediente

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Conseguir un pescaíto frito crujiente por fuera, ligero y jugoso por dentro no depende de llenar la sartén de ingredientes. De hecho, una de las claves de esta preparación tan popular en Andalucía consiste precisamente en hacer lo contrario: simplificar la receta.

Además, hay una regla especialmente importante si se busca un acabado fino y dorado: no utilizar huevo para rebozar el pescado.

En Cádiz, Málaga y otras zonas de Andalucía, el pescado frito se prepara tradicionalmente de una manera mucho más sencilla de lo que puede parecer. El producto, siempre que sea posible fresco, se pasa por harina y se fríe en aceite bien caliente.

El error que puede impedir que el pescaíto frito quede crujiente

Uno de los errores más habituales al preparar pescado rebozado en casa es recurrir al huevo y al pan rallado. El huevo forma una capa más gruesa alrededor del alimento y cambia por completo la textura final.

La humedad también juega en contra. Antes de enharinar las piezas, conviene secarlas cuidadosamente con papel de cocina. Si el pescado está demasiado húmedo, la harina puede adherirse de forma irregular y el contacto con el aceite será más brusco. El objetivo es que quede cubierto por una capa muy fina, prácticamente imperceptible.

La harina es el verdadero secreto del pescado frito andaluz

La técnica tradicional apuesta por la harina como único recubrimiento. Una mezcla habitual es la de harina de trigo con harina de garbanzo, que aporta un acabado dorado y una textura especialmente agradable.

Una proporción orientativa puede ser de 100 gramos de harina de trigo por 50 gramos de harina de garbanzo, aunque puede variar según el tipo y el tamaño del pescado.

Después llega otro paso importante: retirar el exceso. Lo recomendable es colocar las piezas en un colador y sacudirlas suavemente. No se trata de cubrirlas con una capa gruesa, sino de dejar únicamente la harina necesaria para conseguir una fritura ligera.

A partir de aquí, la temperatura del aceite adquiere un papel fundamental. Una temperatura insuficiente favorece que el pescado absorba más grasa, mientras que un calor excesivo puede dorar demasiado rápido el exterior.

Cómo freír el pescaíto para que conserve el crujiente

El pescado debe introducirse en aceite suficientemente caliente (entre 180 y 190 °C) y, una vez frito, escurrirse correctamente. En lugar de amontonar las piezas, resulta preferible dejarlas unos instantes sobre una rejilla para que el aire pueda circular alrededor y evitar que el vapor reblandezca la cobertura.

La sal también tiene su momento. Para reducir la humedad que puede desprender el pescado antes de la fritura, una opción práctica es añadirla al final, justo después de sacar las piezas del aceite. Así se consigue además que el condimento se adhiera mejor a la superficie todavía caliente.

Para acompañarlo, en Andalucía es habitual recurrir a bebidas como la manzanilla o el fino, especialmente cuando se trata de una comida informal para compartir. Pero lo esencial sigue estando en la fritura: pescado bien seco, harina en su justa medida, aceite caliente y, sobre todo, nada de huevo.