‘Otegi: la última bala de ETA’, el libro que señala las metas comunes de los abertzales y la banda terrorista
Los autores afirman que "no es posible entender ETA sin Otegi, ni Otegi sin ETA"
Los periodistas Luis Fernando Quintero y Mariano Alonso han publicado una biografía que repasa la vida del líder histórico de la izquierda abertzale, Arnaldo Otegi, desde su nacimiento en Elgóibar en 1958. Esta obra analiza el paralelismo vital entre su historia y la de la banda terrorista ETA. Una historia, la de ambos, que pretende la revolución y el romanticismo de las armas por una Euskal Herria independiente y socialista que idealizan y por la que luchan contra su enemigo secular: España y la libertad.
Casi medio siglo después de que decidiera engrosar sus filas antes de cumplir la mayoría de edad y tras veinticinco años como líder de la izquierda abertzale, este libro, resultado de una investigación periodística de más de una década, explora las contradicciones de una figura llena de aristas que se ha convertido en parte esencial de la gobernabilidad de la nación.
Los autores señalan que no es posible entender ETA sin Otegi, ni Otegi sin ETA. Advierten que sus objetivos, entonces y ahora, siguen siendo los mismos: aquellos por los que fue condenado, por los que asumió labores de dirección, por los que quiso resucitar Batasuna y por los que cambió la estrategia cuando le brindaron la oportunidad de hacerlo. Según esta obra Arnaldo Otegi no fue la bala que acabó con ETA, sino que es la última bala de ETA que por fin ha conseguido dar en el blanco.
Otegi y el último nº1 de ETA, David Pla
Tal y como cuentan los periodistas Luis Fernando Quintero y Mariano Alonso, la vinculación de Otegi con la órbita de ETA ha sido y es muy sólida. Tan es así que Sortu, formación integrada en EH Bildu, solicitó a la matriz del partido que el último líder de ETA, David Pla, tuviera una posición preeminente en las listas del partido independentista para las elecciones europeas.
Fuentes de la formación abertzale explicaron a OKDIARIO que el propio Pla «tiene vocación política, pero ni en el País Vasco ni mucho menos en Madrid ve posibilidad de dar el salto a la primera línea». La Unión Europea, dijeron, es otra cosa.
Según el planteamiento que hicieron en Sortu, llevar a Pla en sus listas supondría un mensaje muy en la línea de lo que defienden tanto la formación como plataformas de la órbita proetarra, caso de Sare: que «la militancia en ETA es un camino cerrado y que ahora sólo queda el camino de la política». Y gente como Pla, dijeron, «es un ejemplo» de ello. Eso, al menos, es lo que buscan trasmitir a sus bases. Además, pese a que la Guardia Civil no duda de que Pla conoció de cerca los últimos asesinatos de ETA y tiene pistas para desentrañarlos, no tiene a sus espaldas ninguna condena por delito de sangre.
El «comodín» ETA
A David Pla, por otra parte, le molesta que le vinculen a él y a Bildu con ETA. En su artículo Reunir fuerzas para la independencia, recogido en la publicación abertzale Erria y reflejado en OKDIARIO, David Pla sostiene que «es difícil pensar que la elección por la independencia será repentina y explícita (…) comenzará con el derribo de los muros mentales que han creado la estigmatización y criminalización de la independencia. Es por eso que algunas personas todavía usan el comodín ETA para dificultar esa primera conexión», advierte Pla. Vincular a Bildu con ETA para alejar al posible votante.
En su razonamiento, Pla explica que «desde que la izquierda abertzale cambió de estrategia» no se han disipado las dudas sobre cuál debería ser la «estrategia independentista y emancipatoria efectiva». Las dudas giran en torno al «unilateralismo o bilateralismo, acuerdo o confrontación, línea institucional o dinámica callejera, compitiendo por la hegemonía de nuestro proyecto político o buscando amplios acuerdos populares», explica el que fue último jefe de ETA.
Pla aboga, además, por mantener al partido abierto a pactos para «ampliar la base social de la independencia y hacer amplias alianzas con otros sectores». Y asegura que «es fundamental que estas mayorías sociales se conviertan también en mayoría institucional, para aumentar la capacidad de acción e influencia y también para legitimar aún más el proceso».
«Sin esto», escribe, es difícil obligar a los estados a reconocer el derecho a la autodeterminación y, menos aún, imaginar que un proceso de secesión se llevará a cabo de forma unilateral».
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