Cultura

La obra Balthus llega este lunes al Museo Thyssen

A Balthus, uno de los grandes pintores del siglo XX, le ha perseguido siempre la polémica por sus cuadros de adolescentes ensimismadas. La obra del artista francés, de origen polaco, llega el lunes al Museo Thyssen en una exposición que incluye "Thérése soñando".

Un cuadro en el que la niña Thérése Blanchard está posando adormilada y a la que se le ven las bragas, y que es ejemplo de estas controversias en el siglo XXI, como cuando en 2017 cerca de 9.000 personas firmaron una petición para que fuera retirado de la exposición del Metropolitan de Nueva York (MOMA), algo a lo que el museo se negó.

Pero a Balthasar Klossowski de Rola (París, 1908-Rossiniére, Suiza, 2001) uno de los creadores más enigmáticos, místicos y solitarios, el pintor de los gatos, y amante del secreto y la vida subterránea, oír decir que los cuadros de sus niñas proceden de una imaginación erótica le causaba «indignación».
«Decir eso es no entenderlas, lo que me preocupa es su lenta transformación del estado de ángel al estado de niña, poder captar ese instante de lo que podría llamarse un pasaje», escribe Balthus en sus memorias.

En este sentido, Guillermo Solana, director artístico del Thyssen, explica a Efe en vísperas de la inauguración de la exposición y mientras se están colgando las últimas obras en las salas del museo, que, «más allá de la controversia, ésta es una ocasión para revisar a uno de los grandes del siglo XX».

«Es verdad que el ambiente ha cambiado de cuando el Museo Reina Sofía le dedicó una gran exposición hace 23 años -argumenta-, y me sorprende que la gente se haya vuelto tan escrupulosa con el arte, cuando ha cambiado tanto el umbral en televisión o internet, para adultos, adolescentes y niños, y se admite en las series tanta agresividad, violencia y escenas sexuales. Todo es admisible».

«Sorprende -insiste- que nos hayamos vuelto tan escrupulosos con obras de arte que están en los museos desde hace siglos o décadas».
«Balthus decididamente no era un pedófilo-recalca Solana-, pero creo que sus cuadros no son puramente angélicos, como decía él en el último tramo de su vida, que decía que había pintado ángeles con pureza inmaculada».
«Balthus es un artista como muchos artistas modernos que exploran los límites de la experiencia humana y sondea al espectador y lo pone en situaciones complejas. Nos tienta; y eso, a veces, produce un malestar, una inquietud, pero el espectador es libre de dejarse sondear o no por un artista. Uno puede decir no leo a Shakespeare porque no me gusta que haya tantas muertes en escena», subraya Solana.

La exposición, primera monográfica que se presenta del artista en España en más de veinte años, reúne 47 obras, en su mayoría pinturas de gran formato, que cubren todas las etapas de la carrera de Balthus desde la década de 1920.

La selección incluye algunas de sus obras más importantes, como «La calle» (1933), que se verá en España por primera vez, «La toilette de Cathy» (1933), «Los hermanos Blanchard» (1937), «Los buenos tiempos» (1944-1946), las citadas «Thérése» y «Thérése soñando», ambas de 1938 y ejemplo de sus polémicos retratos de jóvenes.

Figura además «La partida de naipes» (1948-1950), del propio Museo Thyssen y única obra maestra de Balthus en España, recientemente restaurada y que irá acompañada de la muestra por un vídeo del trabajo realizado por el equipo de restauración del museo.
Obras que proceden de diferentes instituciones y colecciones, como el MoMA, el Museo Metropolitano de Nueva York, el Centro Pompidou de París o el Museo Hirshhorn Museum y Jardín de Esculturas de Washington, entre otras.

Para el comisario de la muestra, organizada junto a la Fundación Beyeler de Basilea (Suiza), Juan Angel López Manzanares, Balthus «fue un pintor independiente que estuvo al margen de las vanguardias, de la abstracción, sobre todo. Siguió un camino personal y, como ha demostrado la teoría posmoderna, no solo siguió una línea uniforme hacia el futuro, sino que se fue nutriendo de los pintores del pasado, de la pintura oriental y de los primitivos italianos».

López Manzanares, máximamente atento a cómo se van desembalando, con sumo cuidado y por expertos, las últimas obras que van llegando al museo, y a cómo un restaurador pasa una lámpara analizando cada centímetro de la tela, concluye que el museo «no ha querido ser censor» de la obra de un Balthus que «va más allá de la provocación. Es un gran maestro de la pintura, uno de los grandísimos del XX», concluye.