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‘La isla de las tentaciones’ revienta ‘Supervivientes’ con una brutal trifulca: «El insulto fácil porque Claudia folla en la tele»

Gerard y Claudia protagonizan una desagradable pelea con "gravísimas acusaciones"

"Vienes a llamarme puta, que es lo que me llama media España", reprochó Claudia a Gerard en 'Supervivientes'

Cuando todo parecía inventado en televisión, llega Telecinco y da el golpe con el crossover de La isla de las tentaciones y Supervivientes, una olla a presión que ha terminado por reventar este martes en Tierra de nadie con una trifulca «inaceptable» protagonizada por Gerard y Claudia. La pelea, que ha sobrepasado los límites con «gravísimas acusaciones», ha derivado en un castigo impuesto que, para estos dos concursantes, no es del todo novedoso: vivir pegados y enjaulados en Honduras.

La isla de las tentaciones ha colonizado, directamente, Supervivientes con la retroalimentación de un reality y otro, y la paz ha saltado por los aires después de que Claudia amenazara con «tirarse por la borda» cuando los concursantes volvían a la isla, procedentes de una gala en la que Gerard escogió a Nagore y no a su ex compañera para disfrutar de una recompensa (una barbacoa).

«Cansada» de sentirse «traicionada por personas que no saben lo que es la amistad ni la lealtad», Claudia se desahogaba con Maica y le contaba «la jugada» de Gerard, momento en el que el tentador se ha entrometido en la conversación para acusarla de ser «mala persona». Claudia ha reaccionado a su intervención con un ataque: «Eres un puto cerdo. No me hagas hablar porque, si no, te voy a decir lo que te pasa a ti por follarte a todas en los baños». La concursante insinuó así que el tentador se habría visto afectado por una ETS, como él mismo indicó en la palapa.

El contraataque fue excesivo: «Por lo menos no cobro como tú». Efectivamente, Gerard acusó a Claudia de ejercer la prostitución por irse «a Maldivas dos meses con un sueldo de dependienta» e insistió en ello: «¿Te vas de vacaciones a gastarte 20.000 euros a la semana con un sueldo de dependienta? A mí no me cuentes películas».

Aunque Claudia lo negó -«no he cobrado en mi vida y no he sido puta en mi vida, no me va a llamar puta aquí»-, Gerard metió aun más el dedo en la herida -«la verdad duele»-, de manera que ella acabó pidiendo la intervención del inspector por «esa mierda de acusación»: «Esta persona me acaba de decir que soy prostituta».

Claudia le refrescó la memoria a Gerard. Los concursantes ficharon por Supervivientes procedentes de un mismo reality, La isla de las tentaciones. La participación en el programa presentado por Sandra Barneda se suele convertir en un estigma para muchos. «Claro, es el insulto fácil para Claudia. Como Claudia folla en la tele y viene de La isla de las tentaciones», pronunció, y afeó a Gerard que fuera precisamente él, con quien tantas escenas de dos rombos coprotagonizó en la piscina de la villa en la que convivían, quien la insultara con un recurso tan ruin: «Sabes el hate que he recibido y la ansiedad que me ha provocado ese insulto para que tú vengas a llamarme puta, que es lo que me llama media España».

En otras ediciones, la trifulca de Claudia y Gerard se habría resuelto con una expulsión disciplinaria impuesta por la organización, pero esa decisión drástica parece haber desaparecido en los últimos años. Un castigo que sí recibieron en su día Lucía Pariente, Saray Montoya, Yaiza Martín, Alberto García y Ángel Cristo. Pero ahora, el nivel ha evolucionado (y no necesariamente a mejor) y son otros los límites marcados por los propios acontecimientos y, con todo lo que sucede en los realities, los programas correrían el riesgo de quedarse sin concursantes si aplicaran esta norma.

La química que Claudia y Gérard demostraron tener, en un principio, en La isla de las tentaciones y la buena sintonía que parecían mantener un tiempo después, ya llegados a Supervivientes, era, en realidad, una tregua. Aunque, cuando todo parecía inventado en televisión, los contenidos de Telecinco siempre dan el golpe: quién sabe cómo se llevarán los concursantes en el reducido espacio que tendrán que compartir enjaulados.