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NUEVAS BODEGAS

Richi Arambarri sobre su último proyecto bodeguero Terramoll: «Puedes estar en Ibiza y descubrir que hay vinos en Formentera»

  • Lucía Lera
  • Periodista especializada en viajes, belleza y estilo de vida. Al terminar la carrera entendí que quería convertir mi vocación en mi forma de vida, y desde entonces el periodismo se ha convertido en el lugar desde el que contar historias, descubrir lugares y conectar con personas. A lo largo de este camino he colaborado con distintas cabeceras, confirmando en cada artículo que elegí la profesión adecuada.

Formentera en verano es sinónimo de paraíso, exclusividad, naturaleza… toda una serie de características que han hecho de este reducto de las Baleares objeto de culto y deseo de las grandes fortunas. Cualidades tiene de sobra, tantas que podríamos abarcar toda la longitud del texto enumerándolas, pero hay un secreto que se tenía guardado, hasta ahora: la fama de sus vinos. Que no te extrañe la sorpresa; seguramente no eres el primero en descubrir que Formentera tiene sus propios vinos, porque ni produce al mismo volumen que el resto de las Baleares, ni hasta ahora eran tan conocidos. Se debe en parte a que sobre el pequeño territorio de la isla hay solo dos bodegas; una de ellas se llama Terramoll y ha pasado a gestión del grupo bodeguero Vintae.

Una lección de historia con Richi Arambarri, CEO del grupo bodeguero Vintae, nos lleva a repasar cómo esta isla fue, en tiempos de fenicios y romanos, una mina de sal; en tiempos de piratas, un lugar de paso; durante la guerra, una especie de cárcel; y durante siglos, un punto del mapa casi desierto y de tránsito. Hasta que, hace algo más de cinco o seis décadas, el turismo comenzó a ver en sus costas un lugar de peregrinaje. «La realidad es que allá donde había Roma había vino», nos cuenta Richi, «o sea, que aquí el vino habrá estado desde mucho antes de que los registros los señalaran». 

(Foto: Bodega Terramoll)

Aun a día de hoy se desconoce realmente el origen de las producciones vitivinícolas en Formentera, si bien es cierto que Richi subraya que «la primera documentación del vino en Formentera es de los monjes agustinos». «Llegaron aquí en 1246 a Es Caló de Sant Agustí», su nombre se debe a los monjes, «y recorrieron el camino de San Pedro y montaron un monasterio ubicado en la zona de La Mola». Pero durante años, el abandono de la isla y el cambio de propiedades a cuenta del turismo provocaron un abandono inevitable de los viñedos. «El viñedo que hay es gracias a gente que lo mantiene, que venía haciendo algo de vino en casa, pero como lo haría su abuelo».

El potencial vinícola de Formentera

Son muchas las cualidades que Formentera ha ido recabando en su historia para llegar a ser un territorio potencial para la elaboración de buenos vinos. «Aunque Formentera nunca desarrolló una industria vitivinícola exportadora como la de Rioja, sus vinos ya gozaban de un valor y un reconocimiento propios». A partir de ahí, Richi y su equipo comenzaron a investigar y a resolver nuevas preguntas que iban surgiendo por el camino.

(Foto: Bodega Terramoll)

«Una de las grandes singularidades de la isla es que la filoxera nunca llegó hasta aquí, un dato prácticamente desconocido. Todo el mundo sabe que las Islas Canarias se libraron de esta plaga, pero pocos conocen que en Formentera la mayoría de las viñas siguen siendo de pie franco, es decir, conservan sus raíces originales. A diferencia de lo que ocurre en el resto de Baleares, donde la filoxera sí hizo estragos, en Ibiza, por ejemplo, la plaga sí llegó».

Y esto hace que en el viñedo haya plantas con una antigüedad que va de los 25 «a los 60 o 70 años… quizá más, ¿quién sabe? Algo que tiene Formentera es que nunca ha llevado registros como sí que sucede en otras denominaciones de origen». 

Otra cualidad se encuentra en sus propios suelos: «Es una combinación arenosa con arcillo-calcáreo». Son vinos, además, de cierta altitud, situados en torno a los 200 metros, «y pensad que la leve altitud y el Mediterráneo aportan frescura a la viña». Y con ello, una de las cualidades que destaca Richi es que «aunque Ibiza atraiga a más gente, puedes escaparte a Formentera a disfrutar de una cata».

(Foto: Bodega Terramoll)

Y, por último, la proximidad al mar. «Aquí siempre hay brisa y eso se debe en parte a que Formentera es una isla que no tiene continentalidad. Hay una ligera continentalidad en Sant Ferran, en este interior, pero al ser una isla tan delgadita, digamos que todo está muy próximo al mar», y esta es una cualidad especialmente favorable para los vinos. «Esta fue una cualidad que nos sedujo y que nos llevó a iniciar nuestra búsqueda», que culminó el año pasado cuando oficialmente tomaron las riendas de Terramoll, adquiriendo el rol de gerentes de la bodega, que se mantiene en propiedad de la familia original. 

Apuesta por el origen de las variedades isleñas

Su filosofía en este proyecto parte del respeto por el modus operandi establecido en el sello Terramoll. Actualmente, la bodega posee 18 hectáreas de viñedo en La Mola, de las que 12,5 hectáreas corresponden a viñedos propios plantados alrededor de la bodega a partir del año 2000, a los que se suman pequeñas parcelas de viña vieja en pie franco también situadas en esta zona de la isla. «Se mantiene mucha de la filosofía que inició el proyecto Terramoll, que nosotros compartimos, como agricultura ecológica, mínima intervención…», todo ello con el fin de definir cuál es la esencia del vino de Formentera.

(Foto: Bodega Terramoll)

Base tienen, ya que uno de los pilares de la bodega fue recuperar las variedades locales de la isla para poder perfilar la identidad de cata de este rincón. «Cuando nacen los proyectos vitivinícolas de las Baleares en los 2000, lo que predominaba era Francia y sus consecuentes variedades: Cabernet, Merlot, Chardonnay… Y Terramoll desde el inicio, antes de llegar nosotros, ya llevó a cabo una labor de búsqueda del origen». Se fue reinjertando viñedo y plantando variedades mediterráneas autóctonas, «y esto queremos continuar nosotros», subraya Richi.

El camino a seguir está llevando a propiedad y gestión a realizar una ardua tarea de investigación para poder determinar los orígenes reales de la producción del vino en la isla. «Dicen que en las Baleares había dos orígenes del viñedo: por una parte venía de la Península Ibérica y, por otra parte, de otros lugares del Mediterráneo, donde podemos ver que hay una variedad que es la Greek. Aunque aquí las variedades son la monastrell, que no debe confundirse con la de Jumilla, y la garnacha formentereña, que no tiene nada que ver con la que trabajamos en la Rioja». 

(Foto: Bodega Terramoll)

El origen de Terramoll

Terramoll es una bodega, la segunda de Formentera y la primera por extensión, que nace hace 30 años de la mano de la familia Moll. «Realmente ellos fueron los pioneros en ir comprando diferentes propiedades», como La Cubana, una finca próxima a una casa que se encuentra entre los viñedos. La familia Moll venía produciendo vino de forma más minorista en este lugar hasta que hace unos años se dio «el matrimonio perfecto», define Richi, con el grupo Vintae.

(Foto: Bodega Terramoll)

«Nosotros llevamos viniendo a Formentera a veranear desde que éramos jóvenes», cuenta el CEO de Vintae. «Empezamos abriendo un restaurante, Fandango, y entonces empezamos a investigar sobre la bodega y nos pareció la oportunidad perfecta para continuar con nuestra expansión», explica Richi.

De momento, ya han salido las primeras añadas de las etiquetas de Terramoll bajo supervisión de Vintae, todas ellas pertenecientes a la IGP Formentera, que tienen como resultado seis referencias con las etiquetas reinventadas y perfiles frescos, fluidos y gastronómicos. Un plan que se ha sumado a la oferta de la isla, convertido en una propuesta de enoturismo, que permite disfrutar de eternos días de playa y culminar con una cata de vinos en un paraje hasta ahora desconocido. 

(Foto: Bodega Terramoll)