Gastronomía

Grupo Kapital abre SEXTO, su nueva apuesta por la alta cocina de la mano del chef Juan Suárez de Lezo

El nuevo restaurante gastronómico abrirá sus puertas en septiembre en Atocha 125

Al frente de SEXTO, el chef Juan Suárez de Lezo presenta un único menú degustación

Juan Suárez de Lezo.
Diana Arias

Grupo Kapital amplía su apuesta por la gastronomía con la apertura de SEXTO, el nuevo restaurante gastronómico del chef Juan Suárez de Lezo, que abrirá sus puertas el próximo mes de septiembre en Atocha 125. Concebido en torno a un único menú degustación servido exclusivamente al mediodía, el proyecto convierte la memoria, la técnica y los años de aprendizaje del chef en el hilo conductor de una propuesta profundamente personal.

Con esta apertura, Atocha 125 reunirá por primera vez dos conceptos gastronómicos completamente independientes: la propuesta inmersiva y vanguardista de Quintoelemento y la alta cocina de autor de SEXTO, consolidándose como uno de los espacios gastronómicos más singulares de la capital.

Un menú para contar una trayectoria

En la última planta de un edificio que mira a la ciudad, un espacio íntimo para solo veinte comensales da forma al nuevo proyecto de Grupo Kapital de la mano del chef Juan Suárez de Lezo. Allí, el chef construye un único menú degustación que sintetiza una trayectoria marcada por el aprendizaje, los viajes y la memoria. Porque antes de Asia, Latinoamérica o Europa estuvo Córdoba; estuvieron las recetas familiares, los sabores de su infancia y las mujeres que despertaron su sensibilidad por la cocina, especialmente su abuela y su madre.

Sobre esa raíz se levanta una propuesta que transforma años de aprendizaje y experiencias alrededor del mundo en una secuencia precisa y coherente. Cada pase funciona como una pista, un recuerdo, una pieza de un mapa emocional, el de los recuerdos que nacen de la cocina de casa, las técnicas aprendidas en distintos países, matices culturales reinterpretados y una profunda raíz española que atraviesa todo el menú. Ese relato toma forma a través de un menú degustación compuesto por doce pases.

La experiencia comienza con una secuencia de aperitivos que anticipa el viaje del chef a través de elaboraciones como el bombón de mar, el crujiente con cremoso de cebolla, el ceviche y guiso de cigalas o el cono con huevas de trucha marinadas y helado de miso ibérico, entre otros. A partir de ahí, el recorrido avanza por platos como la quisquilla con cremoso de chiles, las Sopas de Córdoba —una reinterpretación del salmorejo, el gazpacho y el ajo blanco que rinde homenaje a sus orígenes—, las texturas de carabinero, el rodaballo con guisantes lágrima o el corzo con croissant de patata. El recorrido culmina con un cremoso de fruta de la pasión y yogur, poniendo el broche final a una propuesta donde producto, técnica y memoria encuentran un equilibrio natural.

Un espacio sosegado

La experiencia comienza en una recepción de marcado carácter Art Decó, donde el ónix retroiluminado marca el carácter del espacio. A partir de ahí, el restaurante da paso a un comedor sereno, luminoso y equilibrado, donde predominan las superficies de mármol y piedra veteada en tonos oscuros y terrosos, una cuidada paleta de tonos crema y el azul profundo de la tapicería, creando una atmósfera elegante y atemporal. La cocina vista se integra con naturalidad en el conjunto, mientras la iluminación indirecta y las formas orgánicas del techo aportan profundidad y calidez. El espacio se completa con un reservado concebido para disfrutar de la experiencia en un ambiente aún más íntimo.

Una bodega que también cuenta historias

La propuesta líquida de SEXTO responde a la misma filosofía que inspira la cocina de Juan Suárez de Lezo. Más que una sucesión de maridajes, plantea un recorrido por pequeñas bodegas, elaboraciones singulares y vinos con identidad propia procedentes principalmente de España y Francia. Una selección donde conviven productores familiares, regiones históricas, métodos de elaboración casi desaparecidos y referencias de producción muy limitada, elegidas para acompañar cada plato sin eclipsarlo.

Entre ellas destacan un vino de pasto elaborado con Palomino Fino, que recupera la expresión más pura de los vinos históricos de Cádiz; un rosado del Montsant que rompe con los códigos tradicionales de la categoría gracias a su profundidad y estructura; un vino madrileño del que apenas se elaboran 400 botellas al año o un excepcional albariño dulce elaborado a partir de uvas pasificadas, cuya producción anual apenas alcanza las 1.100 botellas. Más que buscar armonías previsibles, cada botella ha sido elegida por la historia que encierra, la singularidad de su elaboración y su capacidad para ampliar el recorrido gastronómico desde la copa.