Maggie Smith dejó una fortuna de 18,6 millones de euros a sus hijos: una finca con establos, graneros y hasta un viñedo
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Casi dos años después de su muerte, la herencia de Maggie Smith vuelve a poner el foco sobre la vida privada de una de las actrices británicas más queridas de las últimas décadas. La intérprete, que falleció el 27 de septiembre de 2024 a los 89 años, dejó tras de sí un patrimonio de 15.977.325 libras, unos 18,63 millones de euros, según los documentos de sucesión que acaban de salir a la luz. La mayor parte de esta fortuna ha quedado en manos de sus dos hijos, los también actores Toby Stephens y Chris Larkin, pero el legado de la actriz incluye mucho más que una importante cantidad de dinero. Smith también dejó vinculada a su familia una espectacular finca en West Sussex en la que vivió durante más de 40 años y que cuenta con cinco dormitorios, graneros, un establo y hasta un viñedo.
Una fortuna de más de 18 millones de euros
Maggie Smith consiguió algo que solo está al alcance de unas pocas estrellas: construir una carrera de siete décadas capaz de atravesar generaciones y, al mismo tiempo, mantener una vida privada prácticamente blindada. Ahora, los documentos de sucesión permiten conocer la dimensión económica de ese recorrido.
La actriz dejó un patrimonio neto valorado en 15.977.325 libras, que equivalen aproximadamente a 18,63 millones de euros al cambio actual. Antes de descontar deudas y gastos, el valor total de su patrimonio ascendía a 16.003.613 libras, alrededor de 18,66 millones de euros. La diferencia, de algo más de 26.000 libras, unos 30.000 euros, corresponde a las cantidades descontadas antes de establecer el valor final de la herencia.
La mayor parte de esta cantidad se repartió entre sus dos hijos, Toby Stephens y Chris Larkin, ambos actores. Una nueva generación de intérpretes que, de alguna manera, ha continuado el camino que su madre abrió décadas atrás.
Una casa de campo con graneros, establos y viñedo
Pero hay un elemento de la herencia que resulta especialmente llamativo. Maggie Smith no sólo dejó dinero y derechos vinculados a su carrera: también dejó una propiedad que durante décadas fue uno de los lugares más importantes de su vida.
Se trata de Douglas Lake Farm, una casa de campo situada en Fittleworth, en el condado de West Sussex, al sur de Inglaterra. La vivienda tiene cinco dormitorios y se encuentra rodeada de una amplia parcela que incluye graneros, un establo y un viñedo.
La propiedad tiene, además, un valor sentimental evidente. Smith vivió allí durante más de cuatro décadas y fue precisamente en esta finca donde crió a sus dos hijos, lejos de la exposición pública que acompañó buena parte de su trayectoria.
En lugar de dejar la casa directamente a Toby y Chris, la actriz decidió incorporarla a un fideicomiso familiar que había creado junto a sus hijos en 2019. De esta manera, la propiedad queda vinculada al núcleo familiar y forma parte de un legado que va mucho más allá de su valor económico.
El refugio privado de una estrella mundial
La imagen de Maggie Smith está inevitablemente asociada a grandes producciones internacionales, alfombras rojas y personajes que forman parte de la cultura popular. Sin embargo, su vida cotidiana estuvo muy alejada de esa dimensión pública.
La actriz fue especialmente reservada y protegió durante años su intimidad. Su finca de West Sussex representa precisamente esa faceta menos conocida: un lugar apartado en el que pudo llevar una vida familiar alejada del foco mediático.
Allí vivió durante más de 40 años, una cantidad de tiempo suficiente para convertir la propiedad en mucho más que un activo inmobiliario. Fue su hogar y el escenario en el que sus hijos crecieron. Por eso, la decisión de mantenerla dentro de un fideicomiso familiar resulta especialmente significativa.
Sus dos hijos también son actores
Toby Stephens y Chris Larkin no sólo son los herederos de una de las grandes actrices británicas de todos los tiempos. También comparten con ella una profesión que conocen desde dentro.
Los dos son hijos de Maggie Smith y del actor Robert Stephens, su primer marido, fallecido en 1995. Toby Stephens ha desarrollado una extensa carrera en cine, televisión y teatro, mientras que Chris Larkin, cuyo nombre de nacimiento es Christopher Stephens, también ha trabajado en numerosas producciones.
De este modo, la herencia de Smith permanece dentro de una familia estrechamente vinculada al mundo de la interpretación. Una fortuna construida a lo largo de décadas de trabajo que ahora pasa, en buena medida, a sus dos hijos.
También heredó derechos y regalías
El patrimonio de Maggie Smith tampoco terminaba en sus propiedades y cuentas. Su testamento incluía disposiciones relacionadas con derechos de autor, regalías y obras inéditas que había heredado de su segundo marido, el dramaturgo Beverley Cross.
Cross murió en 1998 y parte de esos derechos quedaron contemplados en el testamento de la actriz. Las cantidades procedentes de estos activos no se destinan únicamente a sus hijos, sino que deben repartirse entre los descendientes de Cross y Toby Stephens y Chris Larkin.
La historia de este patrimonio comienza, de hecho, antes de la muerte de la propia Maggie Smith. La actriz había firmado su testamento en 1996, cuando Beverley Cross todavía estaba vivo y figuraba como principal beneficiario. Tras su fallecimiento, las disposiciones previstas en el documento determinaron el destino de estos derechos.
Siete décadas construyendo una fortuna
Los casi 18,63 millones de euros que deja Smith son el resultado de una trayectoria extraordinariamente longeva. La actriz comenzó a trabajar profesionalmente siendo muy joven y pasó buena parte de su vida sobre los escenarios y delante de las cámaras.
Su carrera cinematográfica le proporcionó dos premios Oscar: el primero llegó en 1969 por Los mejores años de Miss Brodie y el segundo en 1978 por California Suite. A estos reconocimientos se sumaron numerosos premios BAFTA, Emmy, Globos de Oro y un Tony, convirtiéndola en una de las intérpretes británicas más premiadas de su generación.
Y aunque ya era una actriz consagrada, fueron sus trabajos en Harry Potter y Downton Abbey los que hicieron que su rostro se instalara definitivamente en el imaginario de varias generaciones.
Como Minerva McGonagall, la profesora de Hogwarts de la saga creada por J. K. Rowling, conquistó a millones de espectadores. Como Violet Crawley, la condesa viuda de Grantham en Downton Abbey, demostró de nuevo su capacidad para convertir incluso los diálogos más mordaces en algunas de las escenas más recordadas de la televisión.
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