Los hijos de Juan Tamariz mueven ficha tras su muerte: homenaje a su padre y portazo a su viuda
Los cuatro hijos de Juan Tamariz han tomado las riendas de su legado tras su muerte
Su primera gran iniciativa será una cena homenaje y benéfica el próximo 24 de septiembre en Madrid
El evento contará con actuaciones, magia y una entrada de 50 euros

La muerte de Juan Tamariz el pasado 18 de agosto, a los 83 años, no solo dejó huérfano al mundo de la magia de uno de sus grandes maestros. El fallecimiento del ilusionista también hizo aflorar unas tensiones familiares que hasta entonces habían permanecido en un segundo plano. Ahora, apenas dos semanas después de su muerte, sus cuatro hijos han comenzado a poner en marcha una de sus primeras iniciativas para mantener vivo el legado de su padre: una fundación que llevará su nombre y una cena homenaje en Madrid de la que su viuda, Consuelo Lorgia, no formará parte.
El homenaje tendrá lugar el próximo jueves 24 de septiembre a las 20:30 horas en El Mirador de Cuatro Vientos, en Madrid. Se trata de una cena benéfica organizada por la recién creada Fundación Juan Tamariz, una iniciativa impulsada por sus cuatro hijos —Ana, Mónica, Alicia y Juan Diego— con la intención de preservar la trayectoria profesional del mago y continuar difundiendo el ilusionismo. La entrada tiene un precio de 50 euros e incluye una cena tipo buffet, además de actuaciones y espectáculos de magia.

La iniciativa supone, además, una declaración de intenciones sobre quién está asumiendo ahora el control del legado del popular ilusionista. La Fundación Juan Tamariz se presenta como una organización sin ánimo de lucro destinada a preservar su legado e impulsar la magia como arte, apostando por la formación y la investigación en beneficio de los profesionales y aficionados a este mundo. Ana Tamariz, una de las hijas del mago, continúa además al frente de la escuela de magia familiar situada en Argüelles, en Madrid, junto a su marido, también ilusionista.
La viuda de Juan Tamariz, ausente
Sin embargo, hay una ausencia que no ha pasado desapercibida. Consuelo Lorgia, la última mujer de Juan Tamariz, no figura entre los patronos ni entre los miembros de la fundación y tampoco está vinculada a esta primera celebración pública organizada en memoria del mago. Una circunstancia que vuelve a poner sobre la mesa la complicada relación que existía entre la viuda y los cuatro hijos de Tamariz. La propia Consuelo ha relatado públicamente en los últimos días el profundo malestar que siente con respecto a las decisiones que los hijos de su marido habrían tomado durante los últimos meses de vida del ilusionista.
La maga colombiana sostiene que fue apartada de decisiones importantes relacionadas con Tamariz y que incluso sus hijos habrían decidido trasladarlo a una residencia sin comunicárselo y sin facilitarle información sobre dónde se encontraba. «Lo decidieron a mis espaldas. Me tiré llorando dos días seguidos», explicó la viuda en televisión, asegurando que llegó a desconocer el paradero de su marido y que, cuando finalmente consiguió localizarlo, tampoco pudo visitarlo con normalidad. Una versión que ha provocado una fuerte reacción en el entorno de los hijos del mago.
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Frente a las declaraciones de Consuelo, los cuatro hermanos han optado por mantener un perfil bajo y guardar silencio públicamente, aunque personas de su entorno sí han salido en su defensa señalando que los hijos consideran que las decisiones adoptadas respondían a la necesidad de garantizar el bienestar de su padre, que padecía párkinson y necesitaba atención especializada. También sostienen que Tamariz conservó su conciencia y su voluntad hasta el final y que ellos actuaron respetando sus deseos.
El enfrentamiento no se limita, además, a la cuestión de la residencia. Consuelo también ha explicado que ella y Juan Tamariz vivían en un piso de alquiler después de que se vendieran dos propiedades del mago, una vivienda en Madrid y otra en Cádiz. Según su relato, ambas operaciones se realizaron mientras ella quedaba al margen. La casa gaditana tenía, además, un significado especial dentro del universo profesional de Tamariz, ya que durante años había servido como lugar de encuentro para otros magos que acudían a aprender junto al maestro. Ahora, mientras la viuda permanece alejada de la Fundación y de los actos que preparan los hijos, estos parecen haber decidido centrar todos sus esfuerzos en una única prioridad: proteger y perpetuar el nombre de Juan Tamariz. Desde su entorno ya se ha deslizado que no están dispuestos a permitir que la imagen pública del ilusionista quede relacionada con una guerra familiar.

La cena del 24 de septiembre será, por tanto, mucho más que un homenaje. Será la primera gran puesta de largo del proyecto con el que los hijos pretenden continuar la obra de su padre, rodeados de magos, amigos y admiradores. Una noche dedicada a celebrar al artista, pero que llega en un momento especialmente delicado para su familia.