CASA REAL NORUEGA

Así funciona la ‘Operación K’, el gigantesco dispositivo de seguridad para el funeral de Harald V al que acudirán Felipe y Letizia

Los Reyes Felipe y Letizia en Madrid. (Foto: Europa Press)
Los Reyes Felipe y Letizia en Madrid. (Foto: Europa Press)
Marta Menéndez
  • Marta Menéndez
  • Jefa de Corazón y Crónica Social en COOL. Periodista especializada en celebrities, televisión, moda y realeza, con experiencia en medios como Cadena SER, El Independiente y Diez Minutos. Actualmente cuento las historias detrás de los grandes nombres de la crónica social, con especial foco en actualidad, casas reales y televisión.

Noruega se prepara para vivir uno de los acontecimientos más importantes de su historia reciente. El próximo 9 de septiembre, Oslo acogerá el funeral de Estado del rey Harald V, fallecido el pasado 28 de agosto a los 89 años. Una despedida que reunirá en la capital noruega a representantes de numerosas casas reales y jefes de Estado y que ha obligado a poner en marcha un dispositivo de dimensiones extraordinarias. Detrás de la ceremonia, de las autoridades y de los invitados internacionales existe una operación que lleva años diseñada y que ahora se encuentra a pleno rendimiento: la denominada ‘Operación K’ o ‘Handlingsplan K’.

La letra K hace referencia a ‘Kongen’, que significa rey en noruego. Se trata de un protocolo especial elaborado por el Ministerio de Asuntos Exteriores para afrontar la muerte de un monarca y coordinar todos los movimientos que genera un acontecimiento de estas características. El plan comenzó a prepararse después de la muerte del rey Olav V, en 1991, y desde entonces se ha ido perfeccionando. Para ello, Noruega incluso contó con el asesoramiento de expertos británicos que participaron en la organización del funeral de Isabel II.

La magnitud del despliegue se entiende al observar la lista de invitados que se espera que aterricen en Oslo. Entre ellos estarán los Reyes Felipe VI y Letizia, además de miembros de las principales familias reales europeas y representantes de otras monarquías. Suecia, Dinamarca, Bélgica, Países Bajos y Japón, entre otros países, estarán representados en una ceremonia que convertirá durante unas horas a la capital noruega en uno de los principales puntos de encuentro de la realeza internacional.

El reto no consiste únicamente en garantizar la seguridad del funeral. Las autoridades deben organizar desde la llegada de los invitados hasta sus desplazamientos, alojamiento, protección y posterior salida del país. Cada jefe de Estado y cada miembro de una familia real viaja acompañado, además, de sus propios equipos de seguridad, lo que multiplica las necesidades logísticas.

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Uno de los principales quebraderos de cabeza está precisamente en el cielo. En 1991, cuando murió Olav V, alrededor de 70 aviones que transportaban a invitados destacados aterrizaron en el entonces aeropuerto de Fornebu. Más de tres décadas después, las previsiones apuntan a que el volumen de vuelos privados será todavía mayor. Las autoridades tienen que coordinar no solo la llegada de las aeronaves, sino también sus horarios, estacionamiento y posterior salida, evitando que la concentración de vuelos provoque un colapso en las infraestructuras aeroportuarias.

Una vez en tierra, comienza otra parte fundamental del operativo. Los invitados necesitan alojamiento y desplazamientos seguros por la ciudad. Algunos de los hoteles más importantes de Oslo han sido reservados para acoger a las delegaciones internacionales, entre ellos establecimientos tan conocidos como el Grand Hotel y el Radisson Blu Plaza. El Ministerio de Asuntos Exteriores, sin embargo, mantiene bajo secreto buena parte de los detalles relacionados con los alojamientos y los movimientos de los invitados por motivos de seguridad.

La ‘Operación K’ también tendrá consecuencias visibles para los ciudadanos de Oslo. La capital noruega permanecerá parcialmente cerrada durante la jornada del funeral y también durante parte del día anterior. Habrá restricciones de tráfico, algunas líneas de transporte público se verán afectadas y la estación de Stortinget permanecerá cerrada. También se establecerán restricciones temporales en el espacio aéreo sobre determinadas zonas de la ciudad.

El despliegue policial será especialmente importante. La Policía noruega ha movilizado efectivos procedentes de diferentes puntos del país y contará con colaboración internacional. Suecia ya ha confirmado el envío de agentes para reforzar el dispositivo, mientras que las Fuerzas Armadas noruegas también participarán en las labores de seguridad. Aunque las autoridades no han querido revelar la cifra exacta de efectivos, todo apunta a que será considerablemente superior a los aproximadamente 1.500 policías y agentes uniformados que participaron en el funeral de Olav V en 1991. Tomm Berger, responsable operativo de la Policía de Oslo, ha descrito el dispositivo como una «enorme operación policial». El objetivo, según ha explicado, es conseguir que todo transcurra con seguridad sin convertir la capital en una fortaleza completamente inaccesible.

El operativo tendrá todavía un último gran desafío cuando termine la ceremonia. Tras el funeral, el féretro de Harald V será trasladado hasta la fortaleza de Akershus, donde tendrá lugar el entierro en el mausoleo real. Al mismo tiempo, buena parte de los invitados internacionales emprenderán el regreso a sus hoteles o directamente al aeropuerto. Esa salida simultánea volverá a poner a prueba tanto las carreteras como el tráfico aéreo.

La llegada de tantas delegaciones también ha obligado a tomar medidas extraordinarias en otros ámbitos. Algunos acontecimientos deportivos y actividades previstas en Oslo han sido cancelados o trasladados para facilitar la organización. Incluso algunos turistas que tenían reservas hoteleras podrían verse afectados por la necesidad de disponer de habitaciones para las delegaciones oficiales. Mientras tanto, la Familia Real noruega afronta estos días bajo un estricto periodo de luto. El nuevo rey Haakon VIII ha establecido un mes de luto oficial en la Casa Real, hasta el 9 de octubre. Durante este periodo se han suspendido la mayoría de los actos oficiales y los miembros de la familia vestirán de oscuro o llevarán los correspondientes brazaletes de luto.

Ingrid de Noruega estrena agenda

En paralelo, la nueva princesa heredera, Ingrid Alexandra, comienza a asumir un papel institucional mucho más relevante tras la llegada de su padre al trono. El cambio generacional se produce prácticamente al mismo tiempo que Noruega prepara la despedida de Harald, haciendo que estos días sean especialmente simbólicos para la monarquía.

El 9 de septiembre, por tanto, Oslo no solo será escenario de un funeral. Será el punto de encuentro de buena parte de la realeza europea y de numerosas delegaciones internacionales, con miles de profesionales trabajando para que todo funcione al milímetro. La ‘Operación K’, activada en el momento de la muerte del monarca, llegará entonces a su momento culminante: una gigantesca maquinaria de seguridad y logística diseñada para acompañar a Harald V en su última despedida y garantizar que la capital noruega pueda acoger, durante unas horas, uno de los acontecimientos más relevantes de su historia reciente.