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Ya estamos en el futuro: una empresa francesa construye un diminuto dron de 40 gramos con IA para eliminar mosquitos a distancia

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  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El verano pega de igual manera en casi todo el mundo: velas de citronela, matamoscas eléctricos, sprays que dejan olor a producto químico durante horas y, aun así, la sensación de que los molestos mosquitos siempre encuentran la forma de colarse. Ese problema dio lugar a una startup francesa que ha decidido resolverlo de una forma que parece sacada de ciencia ficción.

Su propuesta consiste en un diminuto dron capaz de patrullar jardines y terrazas de forma completamente autónoma, con el único objetivo de eliminar mosquitos uno por uno antes de que lleguen a picar a nadie. Nada de insecticidas, nada de cámaras grabando el jardín, nada de trampas con productos tóxicos: solo un pequeño robot volador que caza por sonido.

Tornyol, la startup francesa detrás de este dron de 40 gramos

La empresa se llama Tornyol, cuenta con el respaldo del acelerador Y Combinator y su producto estrella pesa apenas 40 gramos, lo mismo que una pelota de golf.

El dron, bautizado internamente como LeSonar2, no utiliza ninguna cámara para localizar a sus objetivos, algo que sorprende a primera vista tratándose de un dispositivo con inteligencia artificial.

En su lugar, se apoya en un sistema de sonar compuesto por 32 emisores ultrasónicos y 380 micrófonos de teléfono móvil, procesados en tiempo real por un chip FPGA que construye un mapa tridimensional de todo lo que se mueve alrededor.

Las pruebas de laboratorio de ⁠Tornyol alcanzaron su mayor hito histórico el pasado julio de 2026, cuando la startup demostró con éxito la primera intercepción «aire-aire» completamente autónoma de un insecto en pleno vuelo.

Aunque el sistema está diseñado para erradicar mosquitos, los ingenieros utilizaron una polilla para su primera demostración pública en video. El tamaño de la polilla facilitó enormemente la visibilidad en cámara y permitió verificar la precisión de los algoritmos de persecución antes de pasar masivamente a insectos de escala milimétrica.

¿Cómo detecta y elimina a los mosquitos sin usar veneno ni armas?

Ese sonar le permite identificar a los mosquitos por algo tan específico como la frecuencia del aleteo de sus alas, distinta a la de cualquier otro insecto o partícula en el aire. En cuanto detecta esa firma sonora inconfundible, el dron calcula la trayectoria del insecto y se lanza hacia él a gran velocidad.

El sistema de eliminación resulta, en realidad, bastante básico una vez que ha localizado al objetivo. Simplemente lo destroza con sus propias hélices, sin necesidad de veneno, láser ni ningún otro mecanismo sofisticado.

Para quienes quieran entender mejor el concepto, un video posteado en la plataforma de YouTube lo resume a la perfección.

Autonomía, cobertura y precio de este pequeño cazador

La autonomía de vuelo es uno de los aspectos que la propia empresa reconoce como limitación actual: cada patrulla dura apenas tres minutos, tras los cuales el dron regresa automáticamente a una estación base para recargarse, un proceso que tarda alrededor de media hora.

Aun con esa limitación, Tornyol asegura que, una vez desplegado, el sistema puede vigilar de forma continua una superficie de hasta cinco acres, algo más de dos hectáreas, alternando vuelos cortos con recargas constantes durante todo el día.

De momento, el dispositivo puede adquirirse de dos formas: mediante un pago único de 1.100 dólares o a través de una suscripción mensual de 50 dólares que incluye el mantenimiento del equipo.

Quienes quieran reservar una unidad antes del lanzamiento definitivo pueden hacerlo abonando una tarifa de 100 dólares por adelantado.

Otro frente distinto: drones que no cazan, sino que buscan criaderos

Tornyol no es el único intento de usar drones e inteligencia artificial contra los mosquitos, aunque el resto de proyectos no siempre apuntan al insecto adulto.

Los sistemas de salud pública se enfrentan a un problema logístico de fondo a la hora de frenar enfermedades como el dengue. Las inspecciones terrestres para localizar los criaderos donde se reproduce el mosquito son lentas, costosas e incompletas.

Por eso, un equipo de la Universidad de Stanford ha probado un enfoque distinto: en lugar de matar al mosquito ya adulto, usar drones con IA para encontrar antes dónde nace.

La investigación, liderada por la profesora adjunta de medicina Joelle Rosser y el investigador posdoctoral Mehedy Hassan, combina cámaras de alta resolución instaladas en drones con modelos de aprendizaje profundo.

El sistema se probó en el distrito de Tallo, en Makassar (Indonesia), una zona con alta incidencia de dengue que concentra barrios informales, mercados y viviendas en apenas cuatro kilómetros cuadrados, y los resultados se publicaron en la revista Remote Sensing Applications: Society and Environment.

¿Por qué esta batalla contra los mosquitos es mucho más que una molestia veraniega?

Detrás de esta apuesta hay algo más que la molestia veraniega de las picaduras.

Según estima la Organización Mundial de la Salud, los mosquitos son responsables, de forma directa o indirecta, de entre 700.000 y un millón de muertes al año en todo el mundo, la mayoría relacionadas con la malaria, aunque también con enfermedades como el dengue, la fiebre amarilla o el zika.

Un solo género de mosquito, el Anopheles, ha estado vinculado a lo largo de la historia a miles de millones de muertes por malaria, lo que convierte a este pequeño insecto en uno de los animales más letales para el ser humano.

Frente a esa magnitud del problema, un dron de 40 gramos cazando bicho a bicho puede parecer casi anecdótico, pero para sus creadores representa el primer paso hacia una forma de control de plagas mucho más precisa y menos dependiente de los químicos tradicionales.