Suena insólito, pero los investigadores acaban de crear una ‘biblioteca’ de muestras de hielo en la Antártida
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La Antártida se ha convertido en el escenario de una iniciativa científica que apunta directamente al futuro. En un contexto marcado por el retroceso acelerado de los glaciares, investigadores europeos han logrado sellar un espacio diseñado para conservar núcleos de hielo procedentes de distintas regiones montañosas del planeta.
Este proyecto se apoya en las condiciones naturales del continente para preservar un archivo climático que podría resultar clave para la investigación científica en los próximos siglos. La biblioteca que estamos por descubrir a continuación no contiene libros, sino mucho, mucho hielo.
Una biblioteca de hielo en el corazón de la Antártida: ¿Cómo se ha creado?
En la meseta antártica, a más de 3.200 metros de altitud, se encuentra la estación franco-italiana Concordia. Allí se ha excavado una cueva de nieve compacta que funciona como santuario de hielo.
La estructura, de unos 35 metros de largo y cinco metros de alto y ancho, se sitúa a unos diez metros bajo la superficie, donde la temperatura se mantiene de forma constante en torno a los -52 grados.
Este espacio alberga las primeras muestras de núcleos de hielo extraídos de glaciares alpinos europeos, concretamente del Mont Blanc y del Grand Combin.
Son los primeros volúmenes de una biblioteca que aspira a reunir hielo de distintas partes del mundo, siempre bajo el amparo natural de la Antártida y sin necesidad de sistemas de refrigeración artificial.
¿Qué información guardan los núcleos de hielo de esta «biblioteca»?
Los núcleos de hielo actúan como cápsulas temporales de la atmósfera. Se forman por la acumulación progresiva de nieve que, con el paso del tiempo, se compacta y atrapa partículas del entorno. En su interior quedan registrados elementos como polvo, aerosoles, gases y restos de actividad volcánica.
Cada capa ofrece pistas concretas. El hielo transparente suele indicar periodos más cálidos con procesos de fusión y recongelación, mientras que las capas menos densas permiten estimar episodios de mayor precipitación. }
También aparecen fracturas que señalan nevadas sobre superficies parcialmente derretidas.
Además, ciertos componentes químicos funcionan como marcadores temporales. Los sulfatos volcánicos ayudan a fechar eventos concretos y los isótopos del agua permiten reconstruir temperaturas pasadas.
Según los científicos implicados en el proyecto Ice Memory, el verdadero valor de estas muestras reside en su potencial futuro, cuando nuevas tecnologías puedan extraer información hoy inaccesible.
Los retos científicos y diplomáticos de este proyecto internacional
La iniciativa, impulsada por la Ice Memory Foundation, comenzó a gestarse en 2015 y ha requerido casi una década de trabajo.
En ella participan instituciones de Francia, Italia y Suiza, entre ellas el Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, el Consejo Nacional de Investigación de Italia y varias universidades europeas. El traslado de las primeras muestras hasta la Antártida implicó un viaje de casi 50 días en rompehielos y avión, siempre bajo condiciones controladas.
Más allá del desafío técnico, el proyecto ha tenido que afrontar cuestiones legales y diplomáticas. La Antártida está regida por un tratado internacional que garantiza su uso con fines pacíficos y científicos.
La elección de este enclave busca asegurar que las muestras queden fuera de intereses políticos y estén disponibles para la comunidad científica global en función de criterios estrictamente académicos.
Actualmente, no existe un marco jurídico específico para regular un archivo de este tipo, por lo que uno de los objetivos a medio plazo es establecer una convención internacional que garantice su protección y acceso durante décadas o incluso siglos.
La Antártida como refugio frente a la pérdida de glaciares
El trasfondo de este proyecto es la desaparición progresiva de los glaciares en todo el mundo. Desde el año 2000, la pérdida de hielo ha sido significativa en muchas regiones, con descensos que oscilan entre el 2% y casi el 40% a nivel regional. A escala global, se estima una reducción media cercana al 5%.
Cada glaciar que se pierde implica también la desaparición de información climática irrecuperable. En este contexto, la Antártida se presenta como un refugio estable donde conservar ese patrimonio científico.
La biblioteca de hielo no pretende ser un museo, sino un punto de referencia para entender cómo ha cambiado el clima, a qué velocidad y por qué razones.
Así, la Antártida consolida su papel como archivo natural del planeta, albergando no solo hielo, sino también datos esenciales para interpretar el pasado climático de la Tierra y facilitar futuras investigaciones científicas.
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