Registran a 710 metros de profundidad en el Océano Atlántico un pez de cabeza transparente y ojos tubulares
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Durante una expedición del Schmidt Ocean Institute en el océano Atlántico, un equipo científico logró grabar en su entorno natural a Winteria telescopa, un pez que se caracteriza por tener la cabeza translúcida, a través de la cual es posible observar parte de su anatomía interna. Las imágenes se obtuvieron a 710 metros de profundidad. Este ejemplar forma parte de los conocidos como «peces de ojos de barril» y habita en la zona crepuscular del océano, una región a la que apenas consigue llegar la luz del Sol. Sus ojos tubulares, ubicados en paralelo al cuerpo, y su cráneo transparente le ayudan a captar los escasos destellos luminosos y las señales bioluminiscentes que aparecen en las profundidades marinas.
La expedición tuvo lugar en la zona de fractura de Doldrums, situada a unos 1.290 kilómetros de la costa noreste de Brasil. Durante la campaña, los científicos también observaron dos ejemplares del género Magnapinna, conocidos popularmente como «calamares de aletas grandes». Se trata de unos de los calamares capaces de vivir a mayor profundidad y cuyos tentáculos pueden llegar a medir hasta ocho metros. La misión se prolongó durante 35 días y permitió elaborar mapas del fondo oceánico con una resolución de un metro, cubriendo una superficie cercana a los 147 kilómetros cuadrados. Además, los investigadores localizaron dos nuevos campos de fuentes hidrotermales y recopilaron datos sobre la circulación de fluidos en la corteza terrestre.
El pez más misterioso del océano
Los enormes ojos de este pez contrastan con su boca de pequeño tamaño, una característica que encaja con una alimentación basada en presas de reducido tamaño. Entre sus posibles fuentes de alimento se encuentran crustáceos y sifonóforos, organismos que también viven en las zonas más profundas del océano. Su extraordinaria visión representa una ventaja en un entorno donde captar el más mínimo destello de luz puede resultar decisivo para localizar comida en medio de una oscuridad casi permanente.
El ejemplar fue observado a 710 metros de profundidad, aunque esta especie puede habitar a cotas mucho mayores. Según los datos recopilados durante la expedición, Winteria telescopa se encuentra aproximadamente entre los 400 y los 2.500 metros, alcanzando regiones oceánicas donde la luz solar ya no consigue penetrar. Hasta ahora, gran parte de la información disponible sobre este pez procedía de ejemplares capturados accidentalmente mediante redes de pesca, un procedimiento que puede dañar sus estructuras corporales más frágiles antes de que lleguen a la superficie.
«Este descubrimiento demuestra por qué la exploración sigue siendo importante», afirmó el Dr. Aaron Micallef, científico jefe de la expedición e investigador principal del MBARI (Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey). «Incluso en el océano Atlántico, donde los límites de las placas tectónicas se han estudiado durante décadas, todavía existen lugares donde una primera observación minuciosa puede revelar algo completamente nuevo. Esta expedición demostró que, incluso en uno de los rincones más remotos del océano, nuestro planeta permanece vivo, dinámico y lleno de sorpresas».
La campaña científica también permitió obtener otros hallazgos de interés. Durante la exploración, los investigadores localizaron dos ejemplares del género Magnapinna, conocidos popularmente como «calamares de aletas grandes». Estos animales destacan por sus larguísimas extremidades, que pueden llegar a medir hasta ocho metros. Su particular anatomía y su comportamiento siguen siendo objeto de investigación, ya que observarlos directamente en su hábitat natural resulta especialmente complicado.
«Llegamos buscando chimeneas hidrotermales, fallas y montes submarinos. Nos vamos con algo aún más valioso: una comprensión más profunda de los ecosistemas en una de las regiones menos exploradas del océano Atlántico», afirmó la Dra. Paula Zapata Ramírez, profesora adjunta de la Universidad Pontificia Bolivariana. «Cada muestra, cada imagen y cada descubrimiento nos acerca un paso más a comprender las partes ocultas de nuestro planeta», según recoge el Schmidt Ocean Institute en su comunicado original.
The Childlike Empress
El The Childlike Empress es un vehículo submarino autónomo (AUV) diseñado para explorar y estudiar el fondo oceánico sin necesidad de estar conectado físicamente a un barco. Este dispositivo está equipado con tecnología de navegación y sistemas de sonar de alta resolución que permiten obtener imágenes detalladas del relieve submarino. Durante la expedición del Schmidt Ocean Institute en el Atlántico, se utilizó para cartografiar cerca de 147 kilómetros cuadrados del lecho marino, con una resolución de un metro.
«El mapeo de casi 147 kilómetros cuadrados con una resolución de 1 metro durante nuestra primera misión científica con el vehículo submarino autónomo The Childlike Empress , junto con este equipo de expertos, reveló rápidamente maravillas ocultas de las profundidades marinas», declaró la Dra. Jyotika Virmani, directora ejecutiva del Instituto Oceanográfico Schmidt. «La serpentinización es un proceso en el que el agua de mar reacciona con los minerales de las rocas, produciendo calor y energía química que permiten que la vida prospere en las profundidades oceánicas sin luz solar. Por lo tanto, una mejor comprensión de estos sistemas podría proporcionar pistas para encontrar vida en otros planetas».
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