Lo de China no tiene nombre: cruzan genes de hongos y luciérnagas para crear plantas que iluminan ciudades
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¿Crear plantas que iluminan ciudades del futuro? Para muchos países, menos para China, esa ambición solo se puede ver en películas de ciencia ficción. Si bien los paneles solares y la tecnología LED acaparan el mercado de la eficiencia urbana, hoy varios biólogos apuestan por una curiosa vía: adaptar el resplandor biológico de especies como las luciérnagas al entorno vegetal.
Aunque parezca una historia sacada de la película Avatar, esto es 100% real. Gracias a los avances en edición genética, la idea ha abandonado los laboratorios para probarse en escenarios reales. Un proyecto asiático compite ahora por transformar la flora urbana en un sustituto orgánico de las farolas convencionales, ofreciendo un alumbrado autónomo que no necesita enchufes.
El material genético de luciérnagas, motor de un proyecto chino para crear plantas que iluminan ciudades
La biotecnológica china Magicpen Bio presentó recientemente sus avances durante el Foro de Zhongguancun, en Pekín. Su equipo cruzó las secuencias genéticas de luciérnagas y de ciertos hongos lumínicos con varias plantas de uso frecuente en jardinería.
El resultado es un tejido vegetal capaz de emitir su propia luz por la noche, sin emitir calor ni depender de baterías, todo impulsado por un metabolismo oxidativo continuo.
El profesor Li Renhan lidera esta línea de investigación. Tras doctorarse en biología en la Universidad de Agricultura de China, ha logrado modificar más de veinte variedades vegetales comunes, incluyendo los clásicos crisantemos y orquídeas blancas Phalaenopsis.
Durante una entrevista para la cadena internacional CGTN, Renhan conectó su innovación con su etapa infantil en un entorno rural y humilde.
«Nací en el campo. En aquel entonces, mi familia no era muy acomodada, así que por las noches me acostaba en una hamaca en el bosque de bambú de mi abuelo para refrescarme. A menudo, decenas de diminutos insectos luminiscentes se posaban en mis brazos», declaró.
El biólogo aspira a trasladar a los parques un ecosistema nocturno similar al de la película Avatar del flamante James Cameron. Así, se frenaría el uso masivo de metales como el cobre y se reducirían los costes de fabricación de toldos, lámparas y farolas tradicionales.
Como en Avatar: la expansión de una economía nocturna limpia de contaminación
El principal atractivo de poblar las aceras con estos especímenes modificados reside en su autonomía. Al no necesitar circuitos sellados bajo el asfalto ni trincheras de cableado, la logística urbana se simplifica al extremo. Las hojas impermeables de estas especies funcionan como bombillas orgánicas que no se apagan y rinden durante años.
Un riego estándar y el abono adecuado garantizan que la intensidad lumínica apenas decaiga con el tiempo. El impacto en las arcas municipales de todo el mundo resultaría evidente, pero los defensores de esta vegetación también apuntan a un cambio cultural en el modelo turístico y de ocio nocturno.
Si uno lo aprecia más de cerca, la integración de los jardines luminosos podría potenciar distintas áreas estratégicas en Europa, como las siguientes:
- Parques interactivos: diseñados para ofrecer recorridos fluorescentes a través de una vegetación envolvente que recuerda al espacio exterior.
- Turismo inmersivo: apoyado en el interés creciente de viajeros internacionales por presenciar entornos modificados ambientalmente sin plásticos ni metales pesados.
- Impulso a la hostelería local: permitiendo a restaurantes y coctelerías utilizar setos vivos e hiedras naturales para ambientar sus terrazas frente a la clientela habitual.
Los papers previos que abrieron el camino de las plantas bioluminiscentes
El antecedente más relevante de este hallazgo fue publicado en Nature Biotechnology en 2020. Ese trabajo demostró que era posible obtener plantas con bioluminiscencia autónoma mediante ingeniería genética, un hito clave porque llevó la idea de las plantas luminosas desde el terreno experimental a una prueba documentada en revista científica de primer nivel.
Un segundo paso importante llegó en 2024 con otro estudio publicado en Nature Methods. Este paper refinó la vía de bioluminiscencia autónoma en eucariotas y, además, citó expresamente el trabajo de 2020 como parte de la base previa del campo. Su interés para este tema está en que apunta a sistemas más eficientes para generar luz biológica sin aporte externo, algo central en cualquier desarrollo de plantas ornamentales que brillen por sí solas.
El antecedente más cercano a la aplicación botánica llegó con un trabajo que puso el foco en la ingeniería de plantas autónomamente luminosas a partir de la ruta bioluminiscente de los hongos. Este fue publicado en New Phytologist en 2025. Desde luego, sirvió como referencia directa para contextualizar avances posteriores en flores y especies de jardinería luminosa.
Crear plantas que iluminan ciudades es una carrera científica: la impulsa Occidente y Japón
Aunque China concentra gran parte de la atención por sus planes estatales de biotecnología, no resulta el único jugador en esta partida. En un proyecto paralelo, investigadores de la Universidad Agrícola del Sur de China lograron que varias crasas y plantas suculentas emitieran destellos de colores tras inyectarles nanopartículas de fósforo puro.
Revistas como Science, detallan cómo este pigmento absorbe la luz solar durante el día para expulsar un resplandor vivo al anochecer. No requiere alteraciones genéticas, pero sus efectos apenas duran unas horas.
Al otro lado del mundo, la startup estadounidense Light Bio ya compite activamente en un mercado regulado con su «Petunia Luciérnaga». La empresa obtuvo recientemente el permiso formal del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) para iniciar su libre distribución comercial.
Pese al nombre escogido por cuestiones de marketing, esta petunia debe su bioluminiscencia únicamente a la genética de hongos especiales, sin ningún componente originario de insectos voladores.
Ahora, queda en manos de los reguladores definir qué tecnología marcará la pauta del mobiliario urbano del siglo XXI. Sin embargo, algo ha quedado claro: la jardinería ornamental aspira no solo a limpiar el aire, sino también a apagar de forma definitiva todo el cemento gris metropolitano al ocultar el sol.
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