¿Un mundo sin luciérnagas? Te contamos por qué nos estamos quedando sin estos insectos luminosos
Las luciérnagas son en realidad un tipo de escarabajo
Su capacidad de emitir luz es esencial para el cortejo
La luz artificial es especialmente dañina para las luciérnagas
Sus apariciones nos regalan uno de los momentos más mágicos y delicados que podemos vivir durante las noches cálidas de la primavera y del verano, cuando es más fácil verlas debido a que es la época de mayor actividad reproductiva. Hablamos de las luciérnagas, esos increíbles seres capaces de emitir luz y que parecen sacados de leyendas y cuentos infantiles.
Lo que no todo el mundo sabe es que las luciérnagas son un tipo de escarabajo, perteneciente a la familia Lampyridae, un amplio grupo que reúne más de 2.000 especies distribuidas por casi todos los continentes. Sus larvas también son luminosas y pasan meses, o incluso años, ocultas bajo la vegetación húmeda, alimentándose de caracoles y pequeños invertebrados.
La capacidad de las luciérnagas para brillar es uno de los fenómenos bioquímicos más eficientes de la naturaleza. Su luz procede de la reacción entre la luciferina y la luciferasa, dos moléculas presentes en su abdomen que, en presencia de oxígeno, generan un resplandor frío y suave. Este proceso, conocido como bioluminiscencia, transforma casi toda la energía en luz sin apenas generar calor.
Comunicación
Como siempre sucede en la naturaleza, la capacidad de emitir luz de estos insectos no es gratuita, sino que tiene su sentido: son parte esencial de su comunicación. Cada especie tiene un patrón luminoso específico que funciona como un código para atraer a su pareja.
Los machos vuelan dibujando secuencias de luz, mientras que las hembras esperan en la vegetación y responden con su propio destello si reconocen a un individuo compatible. Sin ese lenguaje visual, coordinado en completa oscuridad, su reproducción simplemente no sería posible.
Disminución de sus poblaciones
Como muchos otros insectos, las luciérnagas están desapareciendo a un ritmo inquietante. Este acelerado declive pone sobre la mesa un mensaje claro: algo está fallando en los ecosistemas que antes les permitían brillar. La disminución de sus poblaciones no se limita a un país o una región, sino que se repite en lugares tan dispares como Europa, América del Norte o el sudeste asiático.
En este trabajo científico publicado en la revista Insects se revisa el trabajo del Grupo de Especialistas en Luciérnagas de la Comisión de Supervivencia de Especies (CSE) de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que ha analizado el estado de conservación de 150 especies de luciérnagas.
La conclusión es que alrededor del 20% de las evaluadas, que suponen cerca del 7% de las especies de luciérnagas a nivel mundial, se enfrentan a un mayor riesgo de extinción.

Amenazas
Las principales amenazas que pueden conducir a la disminución y extinción de las poblaciones, según el citado trabajo, son las siguientes:
- La pérdida y degradación de los hábitats necesarios para mantener su ciclo de vida.
- La luz artificial que interrumpe la comunicación durante el cortejo.
- El uso excesivo de insecticidas de amplio espectro para el control de plagas y mosquitos.
- El turismo excesivo.
- La sequía y el aumento del nivel del mar causados por el cambio climático.
Contaminación lumínica
Entre todas las amenazas, una destaca por lo paradójica que resulta: la luz artificial, y es que las luciérnagas necesitan oscuridad real para comunicarse. Por eso la contaminación lumínica puede interferir en su lenguaje visual.
Como explican los autores del estudio: «La contaminación lumínica altera los ciclos naturales de luz y oscuridad y tiene el potencial de enmascarar la comunicación bioluminiscente, incluidas las señales de cortejo que muchas luciérnagas requieren para localizar con éxito a sus parejas».
«Las luciérnagas con actividad nocturna parecen ser particularmente susceptibles a los impactos negativos de la contaminación lumínica, tal vez porque su bioluminiscencia evolucionó en la oscuridad natural (…). Experimentos recientes de campo y laboratorio han confirmado que incluso niveles bajos de luz artificial reducen el éxito de cortejo y apareamiento de varias especies nocturnas de luciérnagas centelleantes de América del Norte, así como de luciérnagas europeas», se detalla en el paper.

Acciones contra su desaparición
El estudio científico también propone una serie de acciones prioritarias para evitar que la desaparición de las luciérnagas avance sin control, comenzando por la reducción de la contaminación lumínica en áreas naturales, parques, jardines y zonas rurales.
También se recomienda eliminar los insecticidas de amplio espectro, que resultan muy dañinos tanto para los adultos como para las larvas, así como rediseñar los programas de control de mosquitos para evitar daños colaterales en especies que no son objetivo.
Por último, los expertos llaman a proteger los humedales y los entornos ribereños, por ejemplo, instalando pasarelas o cercando áreas sensibles para separarlas de las actividades recreativas o del ganado.

Acciones individuales
Los ciudadanos particulares también podemos contribuir con nuestras acciones individuales para ayudar a estos mágicos seres luminosos. Aquí van una serie de recomendaciones:
- Apagar luces exteriores innecesarias y evitar iluminar jardines durante toda la noche.
- Sustituir bombillas frías por otras cálidas de menos de 3.000 K.
- Evitar pesticidas en huertos y terrazas.
- Mantener rincones naturales en casa: suelos húmedos, vegetación autóctona y pequeñas zonas sin segar.
- Evitar pisar áreas húmedas en temporada reproductiva.
- Participar en programas de ciencia ciudadana que monitorizan luciérnagas.
- Pedir a ayuntamientos y comunidades medidas de iluminación responsable.
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