Animales Mascotas y procesionarias

Las orugas procesionarias adelantan su aparición: siete consejos para proteger a perros y gatos

El contacto puede provocar necrosis en lengua y mucosas de perros y gatos en cuestión de minutos

La prevención y la actuación inmediata son determinantes para evitar secuelas permanentes en mascotas

Oruga procesionaria
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Las orugas procesionarias han adelantado su aparición este año debido a las las temperaturas invernales que hemos vivido este año, lo que amplía el periodo de riesgo para perros y gatos en parques, pinares y zonas ajardinadas urbanas. Los veterinarios lanzan la alerta tras registrar un elevado número de casos a punto de finalizar el invierno.

Su nombre no es casualidad: estas orugas reciben la denominación de «procesionarias» precisamente porque se desplazan en largas filas ordenadas, como si formaran una procesión, especialmente cuando descienden de los pinos en busca de suelo donde enterrarse y completar su metamorfosis. Esta característica las hace fácilmente identificables, pero no por ello menos peligrosas.

Rubén Duque, director técnico del Hospital Veterinario Madrid Centro,  confirma que «la procesionaria ya no es sólo un problema de primavera avanzada; estamos viendo casos antes y durante más tiempo».

Un peligro con pelos invisibles

La oruga procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) libera miles de pelos microscópicos con una elevada capacidad urticante. El simple contacto con el hocico o la lengua de un animal puede desencadenar en cuestión de minutos una inflamación severa, con riesgo de necrosis si no se actúa de inmediato.

Thaumetopoea

En este hospital veterinario de Madrid es habitual atender animales que, tras un paseo aparentemente rutinario, llegan con hipersalivación intensa, inflamación de labios y lengua, dolor agudo e incluso dificultad respiratoria. «La rapidez en la atención resulta decisiva para evitar secuelas permanentes», subraya Duque.

El calendario se adelanta

Tradicionalmente asociadas a marzo y abril, las orugas procesionarias están bajando de los pinos antes de lo habitual por culpa de los inviernos más suaves. Esto obliga a reforzar la prevención desde finales de febrero y a mantener la vigilancia activa durante más semanas de lo esperado.

El fenómeno no afecta únicamente a zonas rurales o pinares alejados. Parques urbanos con pinos ornamentales, jardines públicos y áreas periurbanas concentran cada año más incidencias, convirtiendo el paseo cotidiano en un momento de riesgo potencial para las mascotas.

Pelos activos incluso tras la muerte

Uno de los aspectos menos conocidos y más peligrosos de las orugas procesionarias es que su capacidad irritante no desaparece cuando mueren. Los pelos urticantes conservan su efecto durante meses y pueden dispersarse por el aire o quedar depositados en el suelo, lo que explica reacciones en animales que no han tenido contacto visible con una procesión activa.

Así lo recoge el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que advierte de la persistencia y facilidad de dispersión de estos filamentos como uno de los principales factores de riesgo para animales y personas. La sola presencia de bolsones en las copas de los pinos ya es motivo suficiente para extremar las precauciones.

Actuar rápido marca la diferencia

«El margen de actuación es muy corto. En los casos de contacto con orugas procesionarias, cada minuto cuenta», insiste Duque. La automedicación o esperar a que la inflamación remita por sí sola pueden agravar el cuadro clínico y empeorar el pronóstico del animal.

Además de la afectación oral, pueden producirse lesiones oculares y reacciones cutáneas intensas. En los casos más graves, la inflamación puede comprometer la vía aérea y convertirse en una urgencia vital que exige atención veterinaria inmediata.

procesionarias

Información y prevención, las mejores armas

Desde este centro veterinario madrileño recuerdan que conocer el riesgo y adoptar medidas preventivas son las herramientas más eficaces para proteger la salud de los animales de compañía durante esta época del año. La combinación de rutas alternativas, vigilancia activa y reacción rápida puede marcar la diferencia entre una recuperación completa y secuelas permanentes.

Los expertos señalan que tanto perros como gatos son vulnerables al contacto con las orugas procesionarias, aunque los primeros están más expuestos por su tendencia a olfatear el suelo durante los paseos.

Recomendaciones de los expertos

Te desgranamos los siete consejos de los expertos para proteger a tu mascota de las orugas procesionarias:

  1. Evita las zonas con pinos en época de riesgo, especialmente si detectas bolsones en las copas o procesiones en el suelo. Reducir la exposición es siempre la medida más eficaz.
  2. Lleva al perro con correa en áreas donde pueda haber presencia de orugas, limitando la posibilidad de que se acerque, las huela o intente interactuar con ellas.
  3. No permitas que olfateen ni laman restos en el suelo, incluso cuando no se distingan claramente las orugas, ya que los pelos urticantes pueden permanecer activos y dispersos.
  4. Revisa patas y hocico tras cada paseo por zonas de riesgo para detectar posibles restos y actuar con rapidez si observas alguna reacción.
  5. No manipules nunca las orugas ni sus nidos. Además de poner en peligro al animal, el contacto directo también supone un riesgo para las personas.
  6. Lava inmediatamente la zona afectada con abundante agua templada y sin frotar si sospechas de contacto, para arrastrar los pelos urticantes sin romperlos ni favorecer su penetración.
  7. Acude sin demora a un centro veterinario ante cualquier síntoma, por leve que parezca, ya que el tiempo de reacción puede marcar la diferencia entre una inflamación reversible y una lesión con secuelas permanentes.