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Los investigadores no han visto nada igual: encuentran una nueva criatura en una mina de oro de una isla remota del Pacífico

  • Janire Manzanas
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Un equipo de investigadores ha descrito una nueva especie de serpiente arborícola en el archipiélago de las Louisiade, al sureste de Papúa Nueva Guinea. El hallazgo, publicado en abril de 2025 en la revista científica Zootaxa, forma parte de un trabajo encabezado por el herpetólogo Fred Kraus, de la Universidad de Michigan, en el que se han identificado cuatro nuevas especies de serpientes de árbol distribuidas en diferentes islas de la zona. La nueva especie, denominada Dendrelaphis atra, fue encontrada en Misima Island, un enclave que en el pasado acogió una importante mina de oro cerrada en 2004. Este reptil se caracteriza por su coloración casi completamente negra y por unos ojos oscuros de aspecto brillante.

Los científicos han observado que los ejemplares jóvenes presentan tonos más claros, que se van oscureciendo progresivamente con la edad mediante un proceso de pigmentación poco habitual en especies afines. Los primeros ejemplares fueron localizados en un antiguo corredor minero ya degradado, aunque más tarde también se han observado en bosques y montañas.  El estudio científico también destaca que cada una de las nuevas especies identificadas está restringida a una sola isla del archipiélago, como Rossel Island, Sudest Island o Woodlark Island, lo que refuerza el altísimo grado de endemismo de esta región del Pacífico.

La nueva criatura identificada en el Pacífico

Un animal de color negro intenso se deslizaba entre los restos de una antigua explotación minera en Misima, una pequeña isla del sureste de Papúa Nueva Guinea. Su aspecto oscuro, casi mate, y unos ojos profundos llamaron la atención de los investigadores que recorrían la zona. Algo no encajaba del todo. Y no era una simple impresión: estaban ante una especie desconocida, según ha relatado el Miami Herald.

El herpetólogo Fred Kraus viajó hasta Misima con el objetivo de estudiar la diversidad de serpientes de la región, especialmente un grupo de especies arborícolas de difícil clasificación. En su trabajo de campo encontró varios ejemplares de gran tamaño con la zona de la barbilla de tono blanco. Tras analizarlas en detalle y compararlas con especies ya descritas, confirmó su intuición: se trataba de un hallazgo completamente nuevo.

De esta investigación surgió la Dendrelaphis atra, también conocida como serpiente arborícola atra. Su nombre proviene del latín y hace referencia al color negro que la caracteriza. Este reptil puede alcanzar aproximadamente 1,24 metros de longitud, presenta ojos oscuros y una piel que destaca por su acabado apagado y uniforme.

Según recoge el estudio publicado en la revista Zootaxa, esta especie tiene una característica especialmente llamativa: su coloración se intensifica con la edad. Los ejemplares jóvenes muestran tonos más claros, entre marrones y grisáceos, mientras que los adultos llegan a volverse prácticamente negros, algo inusual dentro de su género.

Los ejemplares se han localizado en entornos muy diversos, desde aldeas y jardines hasta selvas y zonas alteradas por la actividad minera, lo que sugiere una cierta capacidad de adaptación aún por estudiar en profundidad. Aun así, gran parte de su comportamiento sigue siendo desconocido. La especie, por ahora, solo ha sido registrada en Misima. Su identificación se basó en rasgos físicos como el tamaño, la coloración, la estructura de las escamas y la morfología genital, sin llegar a realizar análisis genéticos.

Cuatro nuevos reptiles

El hallazgo de D. atra se enmarca en un trabajo más amplio liderado por Fred Kraus, en el que el investigador documentó otras tres especies de serpientes arborícolas, cada una asociada a una isla distinta del archipiélago de las Luisiadas: Rossel, Sudest y Woodlark. Este patrón, con cuatro especies diferentes distribuidas en cuatro islas, pero dentro del mismo grupo evolutivo, pone de relieve el elevado nivel de endemismo de la región y sugiere que este conjunto de islas aún podría albergar una diversidad biológica mucho mayor de la que se conoce actualmente.

Este descubrimiento vuelve a subrayar lo incompleto que sigue siendo el conocimiento de la biodiversidad en zonas como Papúa Nueva Guinea. El hecho de encontrar una especie nueva en un entorno parcialmente modificado por la actividad humana muestra que incluso los espacios alterados pueden conservar un valor ecológico relevante y, en ocasiones, inesperado. Más allá de su importancia científica, estos hallazgos refuerzan la necesidad de seguir explorando y protegiendo estos ecosistemas, especialmente en un contexto de creciente presión sobre los recursos naturales y el territorio.

Papúa Nueva Guinea

Los bosques de Papúa Nueva Guinea proporcionan hábitat para alrededor de 250 especies de mamíferos, 20,000 especies de plantas, 1,500 especies de árboles y 750 especies de aves, la mitad de las cuales son exclusivas de la isla. «En comparación con otras áreas como la Amazonia, para las cuales se han publicado recientemente varias listas botánicas, Irian (que es como se conoce a la isla en indonesio) ha permanecido como el «último desconocido»», afirma Rodrigo Cámara-Leret, investigador en el laboratorio del profesor Jordi Bascompte del departamento de biología evolutiva y estudios ambientales de la Universidad de Zurich -UZH