Investigadores de Australia fabrican un techo biosolar con 14.000 plantas y paneles solares que reducen hasta 28ºC el calor extremo de los edificios
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Investigadores de la University of Technology Sydney (UTS) han desarrollado un techo biosolar con plantas que reduce el calor hasta 28 °C y aumenta la generación de energía solar en un 23,25 %. El sistema combina 319 paneles fotovoltaicos con más de 14.000 plantas autóctonas de Cumberland Plain sobre el First Building de Bradfield City, una nueva ciudad que se está construyendo junto al Aeropuerto Internacional de Western Sydney.
Pero la producción eléctrica es sólo una parte de la historia. La cubierta alberga 15 especies vegetales autóctonas, seis de ellas comestibles, adaptadas a las condiciones ecológicas de Cumberland Plain. Los estudios de campo y los análisis de ADN ambiental (eDNA) permitieron detectar 39 especies diferentes de aves, insectos, mamíferos y gasterópodos.
El techo biosolar fabricado por investigadores australianos
La cubierta biosolar del First Building de Bradfield City ocupa aproximadamente 1.300 m² y combina 319 paneles fotovoltaicos orientados al norte con más de 14.000 plantas autóctonas de Cumberland Plain. El edificio, de unos 3.000 m², abrió sus puertas en marzo de 2025 y su diseño gira en torno a una filosofía que podría definir las ciudades del futuro: edificios que no se limitan a ocupar el espacio urbano, sino que participan activamente en su funcionamiento ambiental.
Para llevar a cabo el proyecto, durante cuatro meses del verano austral de 2025, investigadores de la University of Technology Sydney (UTS) estudiaron la producción fotovoltaica, la temperatura, la biodiversidad, la calidad del aire y la gestión del agua de lluvia. Con base en la información obtenida, convirtieron la cubierta en una especie de laboratorio urbano a tamaño real, donde podían comprobar cómo interactúan energía, vegetación y agua.
«Descubrimos que el efecto refrescante de la vegetación era muy dinámico y se volvía más efectivo a medida que aumentaba la temperatura ambiente. Esto significa que cuanto más caluroso sea el día, más tendrán que trabajar las plantas para moderar el microclima del edificio y mantener los paneles solares funcionando de manera eficiente”, añadió el investigador principal.», comenta el profesor asociado Peter Irga.
Plantas que ayudan a los paneles solares
La energía solar tiene una aparente contradicción. Los paneles necesitan radiación para producir electricidad, pero las elevadas temperaturas perjudican su rendimiento. Para solucionarlo, los expertos incorporaron 15 especies vegetales autóctonas, seis de ellas comestibles, adaptadas a las condiciones ecológicas de Cumberland Plain.
Las plantas liberan agua mediante la evapotranspiración, un proceso que consume energía térmica y ayuda a reducir la temperatura del entorno. Al mismo tiempo, el sustrato húmedo y la vegetación presentan un comportamiento térmico muy diferente al de materiales como el aluminio, el hormigón o las membranas convencionales expuestas al sol.
En Bradfield, la cubierta biosolar llegó a registrar temperaturas hasta 28 °C inferiores que una cubierta convencional de aluminio durante episodios de calor extremo. Lo más interesante es que ese efecto tuvo consecuencias directas sobre la electricidad generada; durante el periodo de observación, los paneles situados sobre la cubierta vegetal produjeron, de media, un 11,1 % más de energía durante el verano que los módulos utilizados como referencia sobre una cubierta convencional.
Éste no es el primer experimento de UTS que apunta en esta dirección. En investigaciones anteriores realizadas en edificios de Barangaroo, también en Sídney, los científicos compararon una instalación fotovoltaica tradicional con otra integrada en una cubierta vegetal. En aquel caso, la producción de electricidad fue aproximadamente un 4,5 % superior en la instalación biosolar.
Una esponja frente a la lluvia
Por otro lado, la cubierta dispone además de capacidad para almacenar alrededor de 20.000 litros de agua y cuenta con una red de riego de aproximadamente 6,5 kilómetros. Gracias a esto, durante los episodios de lluvia analizados, el sistema consiguió retener, de media, el 73 % del flujo de agua.
Pero la vegetación y las distintas capas de la cubierta no sólo retienen agua, sino que también mejoran su calidad antes de que abandone el edificio. Los análisis realizados en Bradfield detectaron reducciones del 99,9 % del manganeso, 98,7 % del arsénico, 99,8 % del níquel y 91,75 % del zinc presentes en la escorrentía analizada.
Bradfield City
El estudio estadounidense SOM, en colaboración con el australiano Hassell, diseñó el plan maestro de Bradfield City, una nueva ciudad de 114 hectáreas situada al oeste de Sídney. El proyecto contempla alrededor de 10.000 viviendas, un campus universitario, espacios comerciales y un gran parque central. Entre sus principales elementos se encuentran el Green Loop, un corredor verde de 2,2 kilómetros, un parque central de unas dos hectáreas y cuatro grandes centros comunitarios.
«Nuestro objetivo era crear un área donde la naturaleza y la vida urbana se entrelazaran», explicó Kevin Lloyd, socio de Hassell, para conseguir una ciudad acogedora, sostenible y conectada con su entorno. Y es precisamente dentro de este ambicioso proyecto urbano donde se encuentra el First Building, cuya cubierta biosolar permite comprobar a pequeña escala cómo podría funcionar una de las ideas centrales de Bradfield: utilizar los edificios no sólo para albergar actividad urbana, sino también como parte de la infraestructura energética, hídrica y ecológica de la ciudad.
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