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La investigación española identifica en el ADN de las lentejas las secuencias que las hacen más tolerantes a la sequía

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

La crisis climática está poniendo en riesgo la producción de alimentos en España. Las altas temperaturas, las sequías cada vez más frecuentes y la escasez de agua amenazan especialmente a cultivos tradicionales como la lenteja, una legumbre fundamental en la alimentación mediterránea.

Un equipo de investigadores de la Universidad de León ha logrado un avance científico que podría ayudar a garantizar el futuro de este cultivo.

Científicos leoneses descifran las claves genéticas para cultivar legumbres en condiciones de estrés hídrico

El estudio, publicado en la revista especializada Plants, ha identificado las regiones del ADN responsables de la tolerancia de la lenteja al estrés hídrico, un hallazgo que abre la puerta al desarrollo de variedades capaces de producir más con menos agua.

La investigación estuvo liderada por Andrea Fernández-Gutiérrez y se centró en analizar las diferencias genéticas entre una variedad cultivada de lenteja, denominada «Alpo», sensible a la sequía, y una especie silvestre originaria de Siria, Lens odemensis, reconocida por su elevada resistencia a condiciones extremas.

A partir del cruce de ambas, los científicos estudiaron cómo reaccionaban sus descendientes ante la falta de riego. El objetivo era descubrir qué características permitían a algunas plantas sobrevivir mientras otras sufrían graves daños.

Los resultados mostraron que uno de los indicadores más fiables para medir la resistencia a la sequía es la capacidad de mantener el contenido relativo de agua en las hojas, conocido como RWC. Cuanto mejor conserva el agua una planta, mayores son sus posibilidades de superar periodos prolongados sin lluvias.

El ADN de las lentejas revela dónde se esconde la resistencia a la sequía

Para localizar las secuencias genéticas implicadas en esta adaptación, los investigadores utilizaron una técnica avanzada denominada Genotipificación por Secuenciación (GBS). Gracias a esta metodología, analizaron 4.163 marcadores genéticos de tipo SNP y elaboraron un mapa que cubre cerca del 88% del genoma de la lenteja.

El análisis permitió identificar 26 regiones genómicas, conocidas como QTL o locus de rasgos cuantitativos, relacionadas directamente con la tolerancia al estrés hídrico y con características productivas del cultivo.

Estas regiones actúan como una especie de mapa de coordenadas que señala dónde se encuentran los genes responsables de la resistencia a la sequía. El hallazgo supone un importante ahorro de tiempo para los programas de mejora genética, ya que reduce drásticamente el número de genes que deben investigarse dentro de un genoma compuesto por cerca de 40.000 genes.

Según explica el portal especializado Scientias, esta precisión facilitará el desarrollo de nuevas variedades capaces de mantener cosechas estables incluso en zonas afectadas por la falta de agua.

Los genes que ayudan a la lenteja a sobrevivir

El estudio también identificó varios genes con un papel clave en la respuesta frente a la sequía. Entre ellos destacan las proteínas ASR, relacionadas con la respuesta al estrés, y los factores de transcripción GRAS, que participan en la regulación de distintos mecanismos de defensa.

Estas moléculas contribuyen a reducir el daño celular provocado por la falta de agua y refuerzan la capacidad antioxidante de la planta. Además, los investigadores localizaron genes asociados a canales de potasio que regulan el cierre de los estomas, unas pequeñas aberturas presentes en las hojas que controlan la pérdida de agua por transpiración.

La investigación también detectó regiones genéticas vinculadas al rendimiento agrícola, como el peso de las semillas y la cantidad total de granos producidos.

Este descubrimiento representa un paso decisivo hacia la creación de nuevas variedades de lentejas más resistentes al cambio climático. Gracias a estas herramientas genéticas, los programas de mejora vegetal podrán desarrollar cultivos capaces de mantener su productividad en escenarios de sequía cada vez más frecuentes, contribuyendo así a reforzar la seguridad alimentaria en España.