Cuánto tiempo puede sobrevivir el ser humano sin dormir: el récord y los efectos
Cuánto tiempo puede sobrevivir el ser humano sin dormir: el récord mundial, qué le pasa al cuerpo y al cerebro con cada hora sin sueño y cuándo se vuelve peligroso.
Olvídate de dormir ocho horas o más
Horas a dormir cada noche
Las fases del sueño

Hay muchas personas que, con orgullo, se creen capaces de hacer turnos enteros en el trabajo, sin descanso y viendo series. Sin duda todos hemos tenido alguna vez alguna noche en vela y sabemos muy bien con qué se responde al día siguiente: la dificultad para concentrarse, todas las tareas parecen que requieren un esfuerzo gigantesco, y el humor tampoco ayuda demasiado.
Pero el hecho es que no es lo mismo una noche de poco sueño que estar una semana en vela. El sueño no es solo una forma de recobrar energía, es un impulso para que el cerebro reorganice la información, para consolidar algunos recuerdos, para hacer derivaciones hormonales o para poner en marcha mecanismos de reparación que, aunque sean sutiles, son imprescindibles.
Cuando esa forma de descansar se pierde en el tiempo, el cuerpo empieza a hacer la cuenta. Primero de forma discreta y, conforme avanzan las horas, con consecuencias cada vez más serias.
Cuánto tiempo puede estar una persona sin dormir
No existe un número mágico que marque el límite absoluto. Cada cuerpo es diferente y diferentes factores influyen, tales como si la persona consume mucha cafeína, estimulantes varios, su estado de salud, etc.
En cualquier ser humano pasadas unas 18 horas despierto, necesariamente la capacidad de atención se va reduciendo. Las reacciones son más lentas, cuesta mantener una conversación compleja y aparecen despistes que normalmente no se cometerían.
Cuando se superan las 24 horas sin dormir, el deterioro ya es considerable. De hecho, algunas investigaciones comparan ese nivel de fatiga con el de una persona que ha consumido alcohol por encima de los límites permitidos para conducir. No significa que ambas situaciones sean idénticas, pero el rendimiento mental puede verse igual de comprometido.
A partir de ahí el problema deja de ser únicamente el cansancio. El cerebro empieza a buscar pequeñas vías de escape mediante episodios conocidos como microsueños. Son desconexiones que duran apenas unos segundos, suficientes para perder completamente la percepción de lo que ocurre alrededor. Muchas personas ni siquiera son conscientes de haber cerrado los ojos durante ese instante. Ese detalle explica por qué la privación de sueño está detrás de tantos accidentes de tráfico y laborales.
El récord mundial de tiempo sin dormir: el caso de Randy Gardner
Cuando se habla de permanecer despierto durante un tiempo extremo, siempre aparece el nombre de Randy Gardner. En 1964 se llevó a cabo un curioso experimento.
Gardner consiguió mantenerse despierto durante 264 horas consecutivas, lo que supone algo más de once días. Los primeros síntomas fueron relativamente previsibles: somnolencia, irritabilidad y cierta dificultad para mantener la concentración.
Lo realmente llamativo comenzó varios días después. Su memoria inmediata empezó a fallar, le costaba encontrar palabras sencillas y perdió buena parte de la coordinación motora. En determinados momentos llegó incluso a sufrir episodios de desorientación y alucinaciones visuales.
Pese a todo, el desenlace fue mejor de lo que muchos imaginan. Tras recuperar el sueño bajo vigilancia médica, Gardner volvió poco a poco a un funcionamiento normal y no se describieron secuelas permanentes relacionadas con aquella experiencia. Eso no significa, ni mucho menos, que repetir un experimento semejante sea seguro.
Precisamente por el riesgo que supone llevar el organismo hasta ese extremo, el Guinness World Records dejó hace años de aceptar nuevos intentos para batir este tipo de marcas. El potencial daño físico y psicológico es demasiado elevado como para convertirlo en un desafío.
Qué le pasa al cuerpo con cada hora sin dormir
El deterioro no aparece de golpe. Es un proceso gradual, casi silencioso al principio. Durante las primeras horas simplemente existe una sensación creciente de fatiga. El cuerpo todavía consigue compensar parcialmente esa falta de descanso gracias a la adrenalina y a otros mecanismos de alerta.
Cuando se cumple aproximadamente un día sin dormir, mantener la atención exige un esfuerzo constante. Leer unas páginas, seguir una reunión o realizar cálculos sencillos empieza a resultar mucho más complicado. También cambia el apetito. Muchas personas sienten más hambre porque se alteran hormonas relacionadas con la saciedad y el metabolismo.
Si la vigilia continúa durante dos días seguidos, el sistema inmunitario empieza a resentirse. Los reflejos siguen disminuyendo, la coordinación empeora y las emociones parecen amplificarse. Hay quien pasa de la irritación a la tristeza o a la apatía en cuestión de minutos.
Poco a poco aparecen con frecuencia los microsueños. Son especialmente peligrosos porque no pueden controlarse de manera voluntaria.
Qué efectos tiene la falta de sueño en el cerebro
Todo poco a poco empieza a fallar en el cerebro. Aprender información nueva resulta más complicado y recordar datos recientes exige un esfuerzo mucho mayor. También disminuye la capacidad para resolver problemas o planificar tareas relativamente sencillas.
Hay otro aspecto que suele pasar desapercibido: el impacto sobre las emociones. Dormir poco vuelve al cerebro mucho más reactivo.
Cuándo la privación de sueño se vuelve mortal
En individuos sanos resulta extremadamente difícil llegar a ese punto de riesgo de muerte porque el propio organismo termina imponiendo el sueño mediante episodios involuntarios de desconexión.
Eso no significa que la situación sea segura. Mucho antes de alcanzar un supuesto límite biológico, el riesgo de sufrir un accidente grave aumenta de forma considerable. Pensemos en conductores, personas que manejan maquinarias, etc.
La realidad es mucho menos espectacular que los récords que suelen aparecer en los medios.
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