Brasil rompe los límites establecidos: construye un puente de 12 km para unir una isla con el continente
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Después de años, el puente Salvador-Itaparica ha iniciado su fase constructiva en 2025 tras completar los estudios de suelo en la bahía de Todos los Santos, en Brasil. Con una extensión de 12,4 kilómetros, esta obra brasilera unirá la isla y el continente de forma directa.
El proyecto está siendo gestionado por las empresas chinas China Civil Engineering Construction Corporation (CCECC) y China Communications Construction Company (CCCC) y promete reducir los trayectos por carretera en 100 kilómetros y dinamizar la región. La planificación oficial estima generar 7.000 empleos y absorber un flujo de 28.000 vehículos diarios.
Sin embargo, la infraestructura enfrenta críticas por el uso de estudios ambientales que quedarían desfasados y la incertidumbre por parte de las comunidades tradicionales de la zona. El diseño técnico incluye un tramo de 85 metros de altura para no interrumpir el tráfico marítimo, aunque los detractores de la obra apuntan al impacto que tendrá la construcción sobre los manglares.
Un puente de 12 km para dinamizar Brasil
La necesidad de esta obra para Brasil se fundamenta en el desgaste del actual sistema de transporte marítimo hacia la isla de Itaparica. Según la información de la web oficial del puente Salvador-Itaparica, el flujo de 28.000 vehículos diarios que se espera al inicio de la operación aliviará las esperas de más de cuatro horas en los ferris actuales.
La infraestructura, además, permitirá que 10 millones de personas se beneficien de una logística más ágil, al conectar la capital con las carreteras BR-101 y la BR-116. El proyecto también incluye túneles y viaductos en Salvador de Bahía, además de una nueva vía rápida de 22 kilómetros en la isla.
Para garantizar que el puerto de Salvador de Bahía no pierda operatividad, el vano central de 85 metros permitirá el paso de los mayores cruceros del mundo, superando incluso las restricciones de altura del Canal de Panamá.
Desde el punto de vista financiero, el modelo de asociación público-privada establece un peaje que rondará los 45 reales (unos 8 euros) para turismos en la plaza de Mar Grande. A pesar de los beneficios en tiempo de viaje, que se reducirá en un 40%, la fiscalía del estado de Bahía ha mostrado su inquietud por la vigencia de los datos ambientales.
En declaraciones recogidas por Dialogue Earth, se advierte que los estudios de impacto podrían tener hasta 16 años de antigüedad cuando la obra finalice, lo que arroja dudas sobre la protección real de la biodiversidad marina ante una intervención de tal calibre.
La protección de los ecosistemas frente al avance de la magaobra de Brasil
La concesionaria asegura que el trazado ha sido diseñado meticulosamente para esquivar zonas críticas. En la documentación oficial, se afirma con rotundidad que no habrá supresión de manglares ni daños a los arrecifes de coral, ya que se emplearán métodos constructivos que evitan explosiones submarinas que dañen los ecosistemas.
No obstante, pescadores y mariscadoras locales, en testimonios para Dialogue Earth, temen que la urbanización y el ruido de los vehículos pesados terminen por degradar los estuarios.
«Si mueven la carretera allí, se acabó», advierte Rita de Cássia, mariscadora que ve cómo la mancha urbana ya dificulta su actividad tradicional.
«Vivimos del mar, porque existe esta selva, estos ríos, que están interconectados con nuestros manglares. Una carretera con vehículos pesados en medio es una tragedia», contó a Dialogue Earth Rafael Carvalho, presidente de la Asociación de Residentes, Pescadores y Mariscadores de Itaparica.
Impacto social para las comunidades locales
El diálogo con los pueblos originarios y comunidades quilombolas es otro de los puntos de fricción para la megaobra de ingeniería. Aunque la fuente oficial destaca la creación de un Mapa Êmico para identificar lugares de valor cultural, los líderes locales denuncian que las consultas apenas comenzaron en junio de 2025.
Se teme que el Quilombo do Tereré sufra desalojos o violaciones de sus espacios sagrados. «Solo sabemos lo que vemos en la televisión», afirma Antônio Salvador dos Santos, un jubilado de 75 años, ante el medio citado.
El gobierno, sin embargo, sostiene que el Plano Básico Ambiental Quilombola protegerá sus derechos territoriales y fomentará el turismo comunitario como una nueva vía de ingresos.
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